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¿Por qué no atrevernos a jugar a lo prohibido?

 

Hay tantos hombres con toda la pinta de desinhibidos, seguros y cabrones con caras y cuerpos sexosos, sin embargo, muy en el fondo, se sienten culpables de ser así. No miento. “Caras vemos, corazones no sabemos”. Hace poco, un chavo con estas características me escribió y le agradezco toda su confianza, pero textual con estas palabras me dijo: “En el fondo yo se que está mal ser como soy y me voy a ir al infierno”.

¡No se sorprendan! En ningún momento quiero burlarme de su pensar y sentir, simplemente, desearía que toda esta gente se diera cuenta que lo único malo en esta vida es no quererse uno mismo tal y como es. Y por una sola razón: eso no nos puede hacer felices. La infelicidad es la cuota a pagar por no aceptarnos tal y como somos. De la aceptación surgen las más grandes transformaciones.

Les comparto esto:

No sabía ni por donde empezar, la idea me daba vueltas por la cabeza pero me estaba costando trabajo escribir. Me desvestí y decidí meterme a bañar para estar más cómodo porque estaba sudado del gym. Le abrí a la llave del agua caliente y me metí a la regadera sintiendo el vapor y el calor en la piel… Una buena manera de empezar a escribir era empezar a sentir y a recordar… Uuuuffff  Vaya que salió vapor de ese baño. Ja, ja. Me puse a hacer memoria de todos los “juegos prohibidos” que me he regalado y me dí cuenta de una cosa: de los 17 a los 23 años me los permití y me divertí como loco. De ahí en adelante, hasta los 35, los seguí jugando pero sin divertirme tanto. Sentía culpa, remordimiento o simplemente había algo en mi que le había quitado la diversión a lo que antes era una fiesta de carne y piel. Luchaba por ser quien no era. ¿En qué momento nos llegamos a comprar  todos esos  absurdos conceptos limitantes, todas esas ideas de “falso pudor”,  de “acomplejada moral” de “supuesto pecado”? Sin darnos cuenta, nos dejamos arrastrar por todo eso y lo volvemos nuestra carcel.

En lo personal, sin darme cuenta le tomé coraje a tantas cosas hasta que fue casi imposible poder llegar a estar contento con algo. Se había vuelto casi imposible sentirme tranquilo. Y obviamente, me volví criticón, todo lo juzgaba.

  • ¿Por qué tanta gente llegamos a creer que el pacer es malo, un escándalo?
  • ¿Por qué condenamos a todos los que se atreven a hacer cosas que nosotros no hacemos?
  • ¿Por qué no nos atrevemos a hacerlas?
  • ¿Cuánta gente disfruta plenamente su sexualidad?

De verdad que a estas alturas del partido, absolutamente nada lo veo mal. Simplemente tengo la capacidad de fluir y decidir con lo que me siento cómodo y con lo que no. Eso es todo.

Llegué a odiar la publicidad, a los modelos, las marcas, el sistema. ¿Les suena familiar esto? pero un día me cayó el veinte de que “la vida es un juego”. Y depende de cada quien lo aburrido o divertido que decida volverlo. Nada está bien ni mal, simplemente son diferentes caminos de aprendizaje, cada uno con sus propias consecuencias.

Creo que primero hay que perdernos para después encontrarnos, que hay que caernos para aprender a levantarnos. Pero después de tantos chingadazos de los que logras levantarte casi por puritito instinto de supervivencia, resulta que te queda una sensación de libertad y felicidad. Entonces empiezas a atreverte a vivir tu propia vida sin tener que rendirle cuentas a nadie, sin preocuparte lo que piensen los demás de ti.

Y viene lo más interesante: a lo que más te resistías es a lo que más gusto le agarras… ja, ja, ja. Lo que más te molestaba, empiezas a verlo de una manera completamente diferente y le tomas tanto gusto que quieres experimentarlo y sentirte parte de eso.

Démosle una pensadita y seguimos después con la segunda parte del post.

¿Qué vamos a hacer hoy para sentirnos vivos y contentos siendo quienes somos y como somos?

La culpa y el miedo son cosa de ignorantes. Sólo no hagas lo que no te gusta que te hagan.

 

¡Sígueme y arriba el ánimo!

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2 Comentarios

  1. Emilio Ferrando
    1 febrero, 2014
  2. Morrisey Valencia
    1 febrero, 2014

¿Cómo ves?