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Lo que nos da morbo y nos excita… (Primera parte)

Seguido me quedo pensando en las cosas tan diferentes que a cada persona le pueden dar morbo. Y me refiero al que va ligado al rollo sexual, a lo que nos excita, nos acelera la respiración y nos va encendiendo cada poro de la piel hasta que, de alguna forma, buscamos desahogarnos conectándonos con nuestros instintos, con esa deliciosa parte animal que nos recuerda que somos humanos de carne, hueso y hormonas. En muchas ocasiones la gente lo oculta o hay quien hasta reprime esta sensación, esta herramienta de placer, este estado de ebullición interna que nos acelera los sentidos y nos pone a fantasear, que nos calienta hasta sudar. ¡Qué rico! Sin embargo, para cada persona existe un “morbo” distinto.

¡El sexo siempre debe ser libre, divertido, fresco y responsable!

Siempre he sido demasiado sexual, jocoso y hasta sucio, podrían pensar algunos. Pero es aquí en donde entra lo “relativo” , lo que responde a la educación, las creencias e incluso la religión de cada quién. “Nuestros propios límites”.

Me gustan los cuerpos desnudos, todo lo que  la piel puede llegar a comunicar como resultado de una emoción, de una idea en la cabeza, en nuestra mente. Muy frecuentemente llego a ver la desnudez como arte. El cerebro siempre será el órgano sexual más grande que podamos tener, por más bien dotados que podamos llegar a estar o no los hombres. Ja, ja.  En el cerebro sucede la capacidad de imaginar, de retorcer nuestros pensamientos para ir tejiendo historias, imágenes, sensaciones, recuerdos, deseos y obsesiones personales que nos lleven a estallar de placer.

Al ser Gay, obviamente el cuerpo masculino es el que más me gusta y me prende. Hay quien dice que los hombres somos más sexuales, más “calientes” que las mujeres. Aunque mis amigas lo niegan rotundamente. ¿Qué opinan? Sin embargo, el machismo ha “maquillado” ,“ocultado”, “escondido” la capacidad de “sentir placer” de las mujeres.

¿Qué tanto placer somos capaces de sentir, de experimentar?

Esto es directamente proporcional a la libertad de cada quien, a los prejuicios y tabúes que existan dentro de nosotros.

La pornografía, las imágenes eróticas nos estimulan, nos divierten, nos entretienen. Muchos sabemos que no tienen nada de malo porque “todo depende del cristal con que se mira”. Sin embargo, cuando nos disponemos a jugar con todo nuestro “potencial sexual”, ya sea solos o acompañados, tendemos a utilizar términos como “me puse de puerco”, “anduve de pervertido”, “me porté pésimo”.

Por alguna razón, nos gusta darle una connotación negativa a todo lo que nos genera placer. Quizás sea parte del juego, de una rebeldía inconsciente que algunos cargan todavía al tener que mantener en secreto o negar ante la sociedad una cualidad tan importante, deliciosa y cachonda de sí mismos.

 

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¿Qué es vulgar y cuándo algo se convierte en una obsesión?

(Segunda parte del post)

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