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Un Poco De Historia Del VIH

El inicio del VIH

Aún recuerdo el estremecimiento que a mis 15 años de edad provocaba mirar las noticias que mostraban un mundo impactado y aterrorizado por una enfermedad que estaba acabando con mucha gente en el mundo, ya no podía ocultarse más porque la tasa de mortandad estaba siendo muy elevada, también empezó a revelarse que una mayoría aplastante de personas con esa enfermedad que no tenía un nombre, era homosexual. Luego de la muerte de personajes famosos como Rock Hudson en 1985, vinieron muchos más que ya estaban infectados, todos ellos homosexuales. A partir de ese momento fue imposible ocultarla.

Para mí, era un verdadero shock, y tal vez para mucha gente de mi edad también lo fue. Los cuarenTONES de ese momento estaban aterrorizados por temor a estar contagiados, nuestra generación joven aún podía evitarlo. En aquel tiempo, yo tenía un año de haber “salido del closet”, aunque ese término ni siquiera se utilizaba todavía y de alguna manera me preguntaba si ese era el destino que me esperaba, lo curioso es que no sólo yo lo pensaba, en ese momento, también pasaba por la cabeza de cualquier heterosexual porque todos ellos estaban convencidos que sólo era cuestión de tiempo para que los homosexuales murieran de SIDA, que fue el nombre que se le dio a la nueva enfermedad.

Pero ante una sociedad que incluso en países desarrollados no deseaba considerar la homosexualidad como un estilo de vida o una identidad, la idea de una enfermedad que atacara específicamente a ese grupo, reforzaba el estigma que ya teníamos y que  se nos adjudicó en el mundo entero, un rechazo más que que había que enfrentar y un miedo más que nos tocaba superar.

Así empezó en el mundo  una epidemia que parecía un exterminio de homosexuales. México no era la excepción, nadie quería hablar de ello, ni afectados ni familiares. La idea del rechazo y el prejuicio del contagio era latente. Pero los reflectores estaban en realidad en los Estados Unidos, especialmente en la ciudad de San Francisco que por su situación geográfica se convirtió desde la segunda guerra mundial en un refugio de personas diferentes y en donde los homosexuales encontraron un acomodo para hacer de ellos “su” ciudad. La holgura sexual que adoptó San Francisco fue un polvorín que explotó en su comunidad gay  ocurriendo lo mismo también en la  ciudad de Nueva York.

La reacción homosexual

El temor a morir y la resistencia a ser rechazados, provocó en los homosexuales la conciencia casi de inmediato  de la necesidad de  precaución. Ocurrió en Estados Unidos pero también en el resto del mundo. Cualquier persona podría estar contagiada y no había una cura ni tampoco nada que garantizara seguir viviendo. La comunidad homosexual se convirtió en pocos años en el grupo con menor incidencia de contagio de VIH y logró demostrar que no era una enfermedad inherente a la homosexualidad. Pero aunque bajó la tasa de contagio, nunca hemos dejado de ser el grupo con mayor riesgo.

Pasaron los años y en la lucha contra el sida, más allá de la prevención, se lograron avances para detener la baja de defensas o dicho de otra forma, retrasar el momento de la presencia de SIDA. Al principio se tenía que tomar un cocktail de pastillas que no eran del todo efectivas y que resultaba complicado de tomar por las cantidades y la precisión con la que debían administrarse. Con el tiempo, hemos mejorado, hoy con mayor precisión se puede controlar el VIH con una sola pastilla, siguen los cambios y estudios constantes pero hoy se puede controlar con una sola medicina como el “Atripla”, entre otros.

El regreso del VIH

Pero después de décadas, luego de ayudar a las personas infectadas y que lograron sobrevivir a lo que hoy es una enfermedad crónica. ¿Qué ha pasado?. Llegaron las nuevas generaciones, hay 30 años de por medio que han llenado la población nuevos jóvenes homosexuales que alguna vez escucharon hablar del SIDA, pero en realidad están más familiarizados quizás con el término VIH sin haber tenido la oportunidad de ver los efectos y sin saber el largo y difícil camino por el que se tuvo que pasar para llegar a donde estamos hoy.

Las nuevas generaciones sólo saben que existe el VIH y que se puede vivir perfectamente bien tomando una pastilla y por si fuera poco, existe otra pastilla que se puede tomar para evitar el contagio y una más para después de un contacto de riesgo. Lo que no saben es que en los tres casos, es un tratamiento crónico para cada día del resto de la vida.

El resultado de todo esto, es una generación que no está preocupada de evitar un contagio o de prevenir una infección. Una generación que ha abierto la puerta al regreso del VIH, de tal manera que cada vez hay más personas positivas en el rango de 20 a 35 años de edad, porque no se está dando la importancia adecuada a un virus que aún existe y están pasando por alto lo que implica ser infectado.

La mayoría de los jóvenes, no se entera de que están infectados hasta que su sistema inmunológico ha sido comprometido y se haya revelado porque ya existe alguna enfermedad oportunista en su sistema. Una vez detectado el VIH necesitará un seguro médico público o privado porque tendrá que tomar un medicamento que oscila en los 16 mil pesos (mensuales) y que aunque el gobierno lo ofrece en sus clínicas especializadas, en el ISSTE y en el IMSS, estará sujeto a un proceso y a un tratamiento que bajo ninguna circunstancia deberá interrumpir, un tratamiento que por los componentes activos causa severos mareos, fuerte somnolencia, depresión y dependencia a un medicamento que servirá para detener el deterioro de defensas. ¿Por qué un joven de 20 años tendría que pasar por esto el resto de su vida?.

Parece fácil pero si calculamos que un joven tiene que adecuar su vida a la toma de una pastilla a una hora específica que no se debe cambiar ni olvidar bajo ninguna circunstancia a riesgo de comprometer su sistema inmune y con un costo físico y financiero, ya no es tran trivial. Tampoco es trivial en términos sociales, porque a pesar de que parece no importar, sí importa.

El estigma no ha acabado. El peligro no ha pasado. Los efectos de tener que vivir con VIH siguen presentes y los efectos del tener que tomar el medicamento o la pastilla preventiva son duros. El temor de la llegada de una enfermedad oportunista que aprovecha la ventana que da el VIH está latente el resto de la vida.

¿No es mejor que los jóvenes sean concientes y tengan cuidado?

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Instagram: @fernandopalaciosoaxaca

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4 Comentarios

  1. Adán
    21 junio, 2017
  2. Juan Pablo Zavala
    23 junio, 2017
  3. Ximena Desiree
    23 junio, 2017

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