el anuncio de ser vih positivo

La Primer Reacción De Felipe Cuando Supo Que Era VIH Positivo

Agradezco infinitamente a Felipe Casillas por habernos compartido este texto sobre su condición de VIH positivo. Espero que lo disfruten tanto como yo…

***La foto fue tomada de Tumblr. El personaje no tienen nada que ver con el tema de este texto.

Yo y el VIH
Mi Primer reacción

Suspiro… Alguien alguna vez me dijo que un suspiro es un beso que no se dio y pues al sentarme a escribir, me doy cuenta que espero que este sea el primero de miles de besos que pueda dar a muchos que se encuentren en mi situación.

¿Cómo compartir mi experiencia con el VIH?

¿Lo sabía?

¿Lo busqué de manera inconsciente?

¿Me extrañó cuando recibí los resultados?

¿Me dio miedo?

¿Qué fue lo que pasó por mi mente?

Varias son las preguntas y quizá la respuesta a todas ellas es que en el momento de saberme infectado decidí no llenarme de miedo y mejor informarme realmente de mi estado y hacer lo que se tuviera que hacer. Hoy a 10 meses de haber empezado mi tratamiento, el virus ya es indetectable.

Lo primero que quiero es reconocer todo el apoyo que recibí de mi familia de sangre y de esa familia que uno escoge como propia y que se suma a la que la naturaleza nos da. Recibí apoyo absoluto de la gente que quiero y ese fue mi mayor motor, mi sostén, me dio la fuerza que necesitaba para saber que ahí estaban para apoyarme y “acompañarme” en lo que fuera necesario.

Suspiro… porque tengo muy claro el momento en que escuche la voz del Dr. Luis Espinosa, infectólogo del Hospital ABC cuando me dijo al ver mis estudios y resultados: ¿Ya sabes lo que tienes, verdad?

Y sí, en ese momento, más que miedo hubo claridad, una certeza de que eso que quizá no hubiera querido que sucediera, estaba sucediendo y más aún, yo de alguna forma lo sabía.

Mi cuerpo estaba “como siempre”, pero por dentro el virus estaba al máximo, estamos hablando de más de 30,000 copias y mis CD4 en 84, sin embargo, no había una manifestación real, todo estaba como si nada.

En ese momento no tenía estos resultados y fue entonces cuando me mandó a hacerme los estudios necesarios para primero saber perfectamente cómo estaba y así poder actuar médicamente.

Suspiro… salí del consultorio y la primer persona a quien se lo dije fue a mi hermano Federico, quien en ese momento asumió también el hecho y decidió acompañarme a cada momento, guardó el silencio por momentos y luego una pregunta tan común: ¿vamos a comer? Y claro, la vida seguía, y aún cuando en mi cabeza había una pregunta siempre presente: ¿quién quiero que sepa que tengo VIH?

Así fue como decidí empezar a compartirlo con las personas, familiares, con mi gente.

Esa noche estuve solo por propia decisión, me habían ofrecido compañía, sin embargo, quería estar conmigo mismo y eso hice.

Durante los siguientes días me practiqué los análisis correspondientes para saber exactamente cuál era mi condición y empezar a revisar las opciones de dónde me podía tratar y en qué consistía el tratamiento.

Desde el primer momento, Luis, el Dr. Espinosa, porque así me pidió que lo llamara, me explicó del medicamento y del costo, así como de las instituciones que lo podían proveer: la Clínica Condesa y el Hospital de Nutrición, ya que yo no contaba con ningún tipo de seguro.

Lo primero siempre fue saber cómo estaba el virus y mis defensas. Pasaron aproximadamente quince días y con los resultados en la mano y la ayuda de Luis, logré ingresar al Hospital de Nutrición en donde de manera inmediata recibí todo el apoyo para poder tener ahí el tratamiento, todo fue caminando como la vida misma, ya que nada se detuvo en sí, aún cuando en mi mente seguía la intención de empezar el tratamiento lo antes posible.

Cabe mencionar que todo se detonó por la presencia en mi organismo del Citomegalovirus encontrado al hacerme una cirugía de hemorroides, pues bien, ese virus sólo esta presente en gente con las defensas muy bajas y así era, mis CD4 estaban en 84, en el piso.

Por la misma presencia del Citomegalovirus era necesario saber si no había sido afectada mi vista antes de empezar el tratamiento retroviral, ya que podría ser contraproducente. Una vez revisado y visto que no había habido efecto, inicié mi tratamiento con Atripla el 7 de Diciembre del 2016.

Suspiro… esa fecha es el inicio de mi nueva vida, una vida a la que se le sumó el tomar mi pastilla todas las noche antes de dormir.

Ese ha sido el único cambio en mi vida de forma tangible, por otro lado, mi adaptación a un medicamento, la “adherencia”, como lo dijo el Dr. Carlos Madrigal de Nutrición, (quien fue otro de mis “acompañantes”) y la revisión de mis prioridades, pero sobre todo, la decisión de seguir viviendo bien y con la mejor calidad de vida.

En una segunda publicación les seguiré compartiendo mi historia.

Gracias por leerme.

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2 Comentarios

  1. Martín balandran
    17 octubre, 2017
    • Anónimo
      18 octubre, 2017

¿Cómo ves?