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Mis Historias. Valle De Bravo, La Magia Del Colibrí Y La Ayahuasca

El viernes pasado, mi novio me pidió que lo acompañara el fin de semana a Valle de Bravo a ver unas cosas de trabajo”. Obviamente mi respuesta fue “sí”.

Sábado por la mañana, amanecí con espíritu aventurero. Me dispuse a preparar mi maleta pequeña con una muda de ropa y pijama, pero algo faltaba…. los trastes de los perros, las croquetas de cada uno, correas, bolsitas de plástico para recoger caca, camitas y transportadoras (porque ya es multa no llevar a los perros dentro de una transportadora al salir a carretera).
Cuando por primera vez había decidido viajar ligero, no lo logré. Definitivamente no es lo mío. La camioneta se llenó a tope y apenas cupieron todas las cosas, los perros, las maletas y sus dueños, o sea, mi novio y yo. Ahora entiendo perfecto a las familias que viajan con niños y carreolas a todas partes. ¡Qué lata! Nosotros también somos una familia, solo que gay-perroparental, nuestros hijos son nuestros perros.

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La salida a carretera fue tediosa, con tráfico por un camión que se había volteado y esto redujo los carriles a uno solo antes de llegar a la primer caseta.

En fin, dos horas después llegamos a Valle de Bravo cargando hasta con el perico, aquella camioneta parecía una mudanza. Entramos al pueblito y nos estacionamos por fuera de lugar de la cita de trabajo de el Chulo (mi novio). Entonces, mientras él atendía sus asuntos, yo salí a caminar con los perros. La More siempre tranquila, el Aguacate jalándome como si fuera water-ski y Zaha como siempre, escapándose y corriendo en plena plaza del pueblo. ¡Caos! Mis gritos de “llorona loca” se hicieron escuchar hasta la casa en donde estaba el Chulo y casi hasta la Ciudad de México. Al final, Zaha apareció brincando y yo me compré un pan dulce pa bajarme el susto.

La More y el Aguacate

Una hora más tarde, el Chulo salió de su cita también con cara de susto, pero al ver a Zaha a mi lado, se tranquilizó.
De ahí fuimos a comer y ya entrando la noche llegamos a la cabañita que rentamos mediante Air B&B. Resultó un lugar espectacular, rodeado de árboles verdes y naturaleza, con un silencio que yo añoraba y necesitaba desde hace tiempo.

Al entrar a la cabaña nos dimos cuenta que era muy bonita pero tenía la cama matrimonial. Ilusamente pensamos ¡qué bueno que trajimos la camita de los perros! Y digo ilusamente porque los tres perros terminaron arriba de la cama haciéndonos la noche prácticamente imposible. Pero ¿cómo íbamos a ser tan crueles como para bajarlos con el frío que estaba haciendo? Entonces, la noche transcurrió entre patadas, pisotones, pedos, jalones de cobija, gritos, frío, mis tosidos y los estornudos del Chulo. ¡Toda una pesadilla… y sin haber dormido nada! Ja, ja.

Por fin amaneció, el sol que entraba por la ventana, la alegría y besos de los perros nos hicieron levantarnos de la cama súper contentos. Nos avisaron que la host de Air B&B nos había preparado de desayunar, así que el día soleado, los perros y ese maravilloso lugar se sumaron al placer de tomar café fresco, fruta y huevitos por la mañana.

Desayunar en calma, sin prisa, quedarte sentado simplemente observando, sintiendo el aire y los rayos de sol calentando la piel, voltear y ver a tu novio haciendo lo mismo mientras tus hijos perros disfrutan el jardín, no tiene precio. El tiempo es lo más valioso que tenemos y estamos acostumbrados a malgastarlo. Cuando llegamos a la edad de los TONES (30-tones, 40-tones, 50-tones…), entonces valoramos y procuramos momentos como estos.

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Inés, la dueña de la casa que nos rentó la cabañita, una mujer de aproximadamente 70 años, piel blanca, ojos claros y un semblante deliciosamente sereno, salió a darnos los buenos días vistiendo un atuendo blanco con flores y un chal de tela ligera pero abrigadora, sin mayores pretensiones pero con una magia muy especial. Después de un rato de estar platicando, de pronto me percaté de la presencia de un colibrí que había pasado a tomar agua muy cerca del desayunador en donde nos encontrábamos, de inmediato pegué un grito de emoción porque estos pajaritos significan mucho en mi vida, son aves de la quinta dimensión, con una vibración muy especial, ellos traen magia y mensajes. Yo tengo uno tatuado en mi brazo.

La presencia de los colibríes siempre me han llevado a experiencias y lugares maravillosos.

Al poco tiempo, Inés, la host, a quien también llaman “la Nonna”, el Chulo y yo comenzamos a platicar de temas espirituales, del sentido de la vida, de lo que nos emociona, apasiona y lo que extrañamos en nuestro día a día. Yo comenté: “me urge reconectarme, me siento un tanto perdido, añoro mi reconexión”. Entonces ella mencionó otra palabra mágica para mi: “Ayahuasca”. Esa planta de poder que en algún momento me reveló muchas cosas durante una ceremonia en la selva de Perú, en el Amazonas. Los ojos se me pusieron como de plato y volví a pegar mi grito de emoción: ¡Yo quiero! ¿En dónde me formo? Sí, soy intenso y escandaloso. Entonces, después de horas de plática, de sentirnos plenamente identificados, después de darnos cuenta que los 3 somos del signo cáncer, que mi novio y yo nacimos el 8 de julio y ella el 7, la Nonna nos dice que el dos semanas, el 28 de enero para ser exactos, habrá una ceremonia de Ayahuasca ahí en Valle de Bravo, en un lugar llamado “El Canto del Colibrí”. Me puse chinito al escucharlo. Ya eran demasiadas señales de colibríes y yo debía escucharlas y seguirlas.

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Lo que comenzó siendo un paseo de trabajo y luego una noche de pesadilla, terminó siendo un fin de semana mágico de mensajes, señales, de placer de espíritu en un lugar silencioso y sin prisas.

Quedamos en regresar el 28 a la ceremonia de Ayahuasca en “El Canto del Colibrí” , nos abrazamos con un cariño nuevo muy especial y nos despedimos. Volvimos a montar toda la mudanza de los perros en la camioneta y agarramos carretera rumbo una de las Estupas Budistas de Valle. Una Estupa es un templo sagrado para los budistas. Me sentí feliz de volver a uno de estos lugares después de muchísimos años. No mucha gente de la que me sigue en redes sociales sabe esto, pero durante 11 años mi vida giró en torno a la espiritualidad, al budismo, hinduísmo, chamanismo, la metafísica, el yoga y demás filosofías y religiones. Necesito reconectarme con esa parte de mi que le da sentido a mi vida, que me devuelve la magia, la paz , el amor y la confianza en la vida. Y es que es tan fácil perdernos en el ritmo acelerado y sin sentido del mundo…

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Fue todo un regalo estar en ese lugar con mi actual novio y nuestros perros hijos, con la familia completa. Agradecí el haber regresado a ese mundo con quienes más amo hoy en mi vida, me senté a meditar un poco con los ojos cerrados y al abrirlos me di cuenta que La More y el Aguacate habían entrado a la Estupa y estaban echaditos y silenciosos junto a mi.

Me llena de alegría compartirles esta historia, este fin de semana que abrió nuevos caminos y conexiones en mi vida, que hizo evidente la sincronía y que hoy me llena de emoción, ilusión, certeza y fuerza para seguir adelante. Esto es solo un nuevo comienzo… no quiero tener expectativas, pero volver a hacer Ayahuasca me llevará a nuevo lugar en mi existencia y tengo la seguridad absoluta de que será a un destino mejor, que borrará en mi el miedo, la angustia y la incertidumbre de hoy, porque esta medicina sana el alma, y en donde hay un vacío, la Abuela Ayahuasca siembra amor.

Muy pronto podré continuar esta historia….

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Estupa Valle de Bravo

Información sobre las Estupas Budistas

Aquí les dejo algo de información sobre el colibrí

Colibri-verde, animal de poder, totem

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5 Comentarios

  1. Anónimo
    16 enero, 2017
  2. Christian Joel Aguilar
    16 enero, 2017
  3. Alberto Ubaldo
    16 enero, 2017

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