#MisHistorias. El desfile de la primavera

Estamos llenos de contradicciones y es por eso que nos cuesta trabajo vivir libre y plenamente. Sin embargo, tenemos nuestros momentos, esos que nos muestran quienes somos, nuestra esencia y el lugar del sentimiento y la emoción al que pertenecemos y desde el cual, brillamos por dentro y por fuera.
Fui el primer hijo de una pareja aparentemente un poco dispareja. Ella, hija de una familia unida, acomodada y de ciudad, conservadora, alegre y simpática. Él, hijo de familia desunida, sin recursos y de provincia, con espíritu libre y rebelde, sensible, nostálgico, amigo de su guitarra y su voz, artista. Recuerdo la ilusión con la que los dos me veían crecer cuando niño, todavía existe en mi el registro de esos momentos en los que sentía cómo me disfrutaban, cómo era yo su juguete favorito de carne y hueso.
Cada uno ponía su corazón y sueños en mi, proyectando sus adentros y descubriendo lo que enes e niño existía de cada uno de ellos. Sin duda soy una mezcla única de los dos. Por eso los quiero y los siento tanto, aunque a veces en silencio.

Un domingo en mi recuerdo
El lunes sería el desfile de la primavera en el kinder “Burbujitas”, ese que quedaba a la vuelta de la casa y al que cada mañana mi mamá me llevaba muy peinado, limpio y arreglado. Todos teníamos que ir vestidos de blanco y con nuestra bicicleta adornada con flores para celebrar la llegada de la primavera. Un día antes, el domingo, todos en familia trabajábamos en los preparativos. Mientras mi mamá adornaba con flores mi bicicleta, que más bien era un triciclo, mi papá me sacaba de la regadera y me envolvía en una toalla color azul rey que recuerdo tenía dibujos de flores. La idea era que me secara y después me probara los shorts y mi playerita blanca para ver cómo lucía montado en esa “calandria” que con tanto cariño adornaba mi mamá. Yo, travieso y juguetón salía corriendo del baño sin toalla y encuerado comenzaba a correr por todo el departamento. Mi mamá gritaba: ¡Chavo, vete a vestir, que te vas a enfermar! la ropa nueva está sobre tu cama. ¡O tráela y yo te ayudo a vestirte! Mi papá sólo me observaba y sonreía. Disfrutaba verme tan libre y en bolas. Entonces, desnudo salí corriendo de mi recámara con la ropa en las manos, la escondí en la cocina y me monté en la “calandria primaveral” que ya estaba lista y muy acomodada en la terracita del departamento. El sol calentaba muy rico y yo no sentía frío. Por lo que decidí empezar a pedalear y a dar un recorrido por el pequeñito departamento. Chocaba con todo, con las sillas del comedor, con los sillones de la sala, pero yo sonreía y cantaba. Mientras tanto, mi mamá desesperada buscaba la ropa en la cocina y mi papá emocionado corría a buscar su cámara de fotos para retratarme. Obviamente, mi papá llegó primero y los flashazos no se hicieron esperar. A mi me gustaba andar desnudo y a mi papá le gustaba retratar su espíritu libre en mi. ¡Qué recuerdos! Y al día de hoy, hay cosas que no han cambiado tanto…
La esencia siempre es la misma, pero la mente se ensucia de miedos y prejuicios, opocando el brillo en nuestro interior.
Una mañana como la de hoy, soleada y de domingo, recordé mi pequeña historia del desfile de la primavera mientras caminaba en bolas por el patio de la casa de mi novio. Pasaron ya 35 años, toda una historia por contar, pero afortunadamente aún hay quien me celebra mi poquito pudor tomándome fotos y haciéndome sentir libre y feliz. ¡Bendita vida! Momentos como estos me hacen recapacitar, fortalecer mi espíritu y darme cuenta que lo más importante en la vida es lo que nos permitimos, esas alegrías que nos regalamos y conservamos en el recuerdo. La vida es muy corta como para no disfrutarla. ¡A la mierda tanta preocupación por el trabajo, por satisfacer las expectativas de los demás, incluso las nuestras! Conectémonos con nuestro espíritu, con nuestro niño interno y permitámosle que juegue y se  ría como sólo él sabe hacerlo.
Casi se me salen las lágrimas de imaginar en este instante la cara de mi papá y su emoción leyendo esto.
Mamá: gracias por llenarme siempre de ti, por tus cuidados y rezos constantes. Papá: gracias por vivir en y a través de mi. Siempre seremos una misma pinche cosa.
Aquí les dejo a su niño, hoy con 40 años y con muchas historias que recordar y mucho más aún por vivir.
Gracias por quererme y respetarme siempre, por permitirme ser quien soy y por vivir cuidando constantemente de mis aciertos y desaciertos.

foto chavito triciclo flores

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21 Comentarios

  1. Cesar
    27 octubre, 2014
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