aviones, vuelos

El poco glamour de viajar en avión. ¿O no?

Viajar es una de las cosas que más me gustan. Conocer nuevos lugares, diferentes culturas, gente distinta. La globalización tristemente comienza a uniformarnos a todos pero todavía queda un poco de la maravillosa esencia de cada país, de sus raíces.
Mientras más nos alejamos de nuestro charco, más nos damos cuenta de lo ignorantes y parecidos que somos todos.

Solemos creer que lo correcto es sólo lo que se ve en nuestro propio charco. Por eso digo que nos parecemos. En realidad todos  estamos muy equivocados. No hay correcto ni incorrecto, simplemente hay diferente.
Recuerdo las fotos de mis abuelos en sus viajes, siempre muy arreglados y mi abuela con unos modelazos que destacaban por lo peculiar de sus sombreros. ¡A leguas se ve que antes no les limitaban el equipaje!
Y así comenzamos con las incomodidades de viajar en avión.

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Mi abuela cuenta que antes, cuando la gente viajaba, se arreglaba muchísimo, que los aeropuertos estaban repletos de gente elegante y bien vestida. Y sí, en las fotos se ven todas las mujeres con sus inconscientes y crueles abrigos de pieles bien puestos o cubriéndoles los hombros y a los hombres con gabardinas, chalecos y zapatos bostonianos.
Las cosas ahora han cambiado y los aeropuertos se ven invadidos de chanclas, shorts y pants. He de confesar que, en particular el look de pants ochentero me parece altamente desagradable. Pero bueno, vestimos más cómodos para intentar viajar más cómodos, aunque los vuelos de más de 6 horas siempre son una masacre. Por ejemplo, este de casi 20 horas en el que estoy montado. No traje pastillita de dormir y no quiero ni pensar en qué haré las próximas 6 horas que faltan. Ya vi dos películas, me dormí varios ratos y se me acabó la pila del celular dos veces de tanto escribir.
Pero bueno, regresemos a la incomodidad y a lo que muchos no reflexionan sobre las cosa naturales que suceden en los viajes largos dentro de los aviones.
La gente se cansa, se harta, se hincha….
La gente estornuda, bosteza, tose y comparte todos sus microbios.
Los pasajeros todos, así viajen en primera clase o en económica, eructan, sudan y se tiran pedos. ¡Yodas estas exquisiteces se comparten, inhalan y exhalan ente los alegres viajeros del avión!
Imagínense nadamás: a veces se puede llegar a desayunar, comer y cenar en un mismo vuelo. Ahí les dejo de tarea la cantidad de olores y la cantidad de kilos de caca que se acumulan. ¡Empiezo a entender por que limitan el equipaje! Perdón por lo escatológico pero estoy aburrido.
La gente se levanta mil veces, camina lo poquito que puede y se pellizca mil veces cada que, de estar sentados por tantas hora, se les entumen las piernas o los pies. A veces se te llega a dormir todo por partes pero no logras dormirte completo y eso es desesperante.
Se me olvidaba también mencionar la cantidad de gente que se quita los zapatos durante los vuelos y el porcentaje al que le apestan las patas. Y no es que el avión sea guajolotero pero la humanidad huele.
Muchos viajeros le echamos ganas al trayecto pero después de varias horas ya no lucimos ninguna sonrisa colgate. Y con esto me refiero más al aliento que a la sonrisa.
En fin, no es que sea demasiado negativo y quejumbroso, pero después de varias horas de sentir las nalgas dormidas al punto de la yaga, de casi perder la raya, ¿qué esperaban que les platicara? Ja, ja, ja.

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¡Ahí se ven!
La próxima vez que viajen en avión, no se vayan a acordar de lo que acabo de contar para que no se me mal-viajen.

Les seguiré compartiendo sobre este viaje a Tel Aviv. =)

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