speedo negro en la playa, salvador nunez

El inquietante speedo negro en la playa…

Cervezas, mojitos, sol, mar, arena y hombres mostrando libremente su morbo, su risa, su vida alegre . ¿Quién llegó algún día a pensar que no existía una felicidad distinta diseñada para cada quien?
Aquí en la isla de Saint Maarten, en el Caribe, disfruto sentado en un camastro el clima caliente, la piel canela embarrada de aceite de coco y obviamente, las hormonas juguetonas. A lo lejos se ven los cruceros aparcados albergando a tanta gente distinta disfrutando, descansando y algunos teniendo más sexo que en los 12 meses del año juntos. Junto a mi las olas de un mar cristalino me ayudan a celebrar ser quien soy, como consecuencia de quien fui. Cuando uno está tranquilo abre la puerta a los recuerdos y entonces el viaje comienza. Me da gusto darme cuenta de todo lo que he vivido, lo que me he permitido y todo lo que he recibido.

¿Cuántas veces has sido lo suficientemente irresponsable como para dejarte llevar por el ritmo de la vida, por el fuerte deseo de tu corazón y tu cuerpo? Vaciar la mente de prejuicios, llenarte de calor y brindar con un poco de ron nunca viene mal. Sólo hay una vida en nuestros recuerdos, sólo hay un mar haciendo burbujas por nuestras venas. Somos como una copa de champagne con la que deberíamos brindar y celebrar cada noche y cada mañana sin sentir ningún tipo de cruda.

Saint Maarten Island

Semanas, meses de preocupación constante logran borrarse con un cuerpo masculino bien formado usando un speedo negro frente a mi. ¿O detrás? Ja, ja. La vida siempre merece celebrarse por todos lados y a todas horas. En momentos como este me doy cuenta de todo el tiempo que he perdido creyendo que la felicidad se encuentra lejos. De pronto, sin haberlo tenido planeado, aparecí en una de estas playas con un vaso helado en la mano y en la boca el sabor a hierbabuena, ron y azúcar. ¡La vida siempre tiene buenas sorpresas preparadas para nosotros!
A veces veo a la felicidd como la bendita epidemia de este mundo. Ojalá todos bajáramos más seguido nuestras defensas lo suficiente para poder contagiarnos. Creer, querer, desear, amar. Qué rica la libertad de dejarnos sentir.
Un hombre camina frente a mi provocándome la fantasía sexual más deliciosa. Avanza, me mira, se mueve sabiendo lo que provoca, voltea y sudo en un segundo más que en las dos horas que llevo debajo del sol. Speedo negro, lentes de espejo, músculos y cabeza rasurada. ¡Salud por nuestros instintos! ¡Salud por la capacidad de amar! ¡Salud por la vida que corre dentro de nosotros y que cada uno hace explotar a su manera!
Cambiando un poco de tema: En la mañana desayunaba al lado de una pareja que en francés cuchicheaba su historia, su amor. No hablo francés pero perfectamente pude entender lo que decían. Cuando bajé la mirada comprendí por qué me fue tan fácil entender. Él calzaba como del 9 y ella como del 11…. Él le hablaba a ella dulcemente y ella respondía con su voz ronca. ¡Qué delicia la vida cuando cada uno nos atrevemos a descubrirla desde lo que verdaderamente sentimos y somos!
Sudo, río, descansan mis ideas y resistencias sobre esta toalla a la orilla del mar, mi mente revolotea, mi corazón late rápido, respiro profundo, veo al pelón del speedo negro y el traje de baño se me alborota. ¡Qué rico momento! Qué estúpido soy cuando permito que el estrés se apodere de mi y dejo de creer en lo inevitable: en esa felicidad distinta que existe para cada uno de nosotros.
Definitivamente tengo que irme a un lugar en donde no siga inquietándome el hombre del speedo negro.
Siguiente destino: la playa nudista! ¡Azúcar!

El soundtrack del post: Pasos de cero. De Pablo Alborán.
La música despierta la vida en nosotros.

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3 Comentarios

  1. Evandro Núñez
    16 noviembre, 2014
  2. Rafael Villaseñor
    17 noviembre, 2014

¿Cómo ves?