Leche fria, barba

¿Cómo neutralizar las acedías del amor?

Uy, cuando se trata de amor, todo puede suceder…
Cuando te vuelves a enamorar, empiezas a redescubrirte. Creías que ya sabías como era el amor y cómo reaccionabas ante eso, pero ¿que creen?… “el amor muta”.
Sin duda es el virus más maravilloso en la exitencia y más misterioso también, porque va transformándose con cada risa y con cada sueño, con cada anhelo y con cada miedo.
Volverse a aventar al precipicio, correr sabiendo que llegarás a un callejón sin salida, es de valientes. O más bien, de inteligentes que se han dado cuenta que el juego de la vida es ese… Perderse para encontrarse, cerse para levantarse, enojarse para contentarse.

Lo que uno va descubriendo entre este aprente par de opuestos es esa chispa, esa electricidad, esa fuerza que hace que nuestro corazón siga latiendo y sobre todo, eso que hace que cobre sentido. Lo que uno va encontrando después de conocer y tocar los dos extremos, es ese vasito de leche fría esperándonos en el refrigerador cuando más lo necesitamos… Je, je.

Pero hay algo que no debemos hacer por ningun motivo: comparar, porque es absolútamente ilógico. Todos somos únicos, irrepetibles y caer en comparaciones de una relación con otra es casi casi como comparar un plátano con una mariposa… Simplemente, no tiene sentido.

Tendemos a comparar los amores del pasado, pero siempre se nos olvida que nosotros también vamos cambiando y que por lo mismo, vamos creando diferentes formas de amor. Nunca vuelve a ser posible encontrar una misma fórmula, una combinación ideal, pefecta.

Lo que sí se puede conseguir es la “la Llave Mestra”. Y creo que es el amor a la vida, el amor al amor en sí. Así nadamás, de manera incondicional, porque  “El amor lleva en si su propia recompensa”.
Cada amor es distinto, pero nosotros vamos decidiendo cuál es el que queremos vivir.

Yo aspiro a un amor 100% leche fría. Claro, la idea que yo tengo de leche fría puede ser diferente a la que tengas tú, pero para mi significa  libertad, cachondería, fluidéz, liviandad, frescura, espontaneidad, emoción, confianza y sobre todo, tranquilidad. Algo alcalino, neutro. Esa base en la cual poder siempre descansar, esa seguridad que te da saber, por sobre todas las cosas, que existe amor y disposición para el amor entre las dos partes.

Porque eso de vivir con miedo a regarla, a ser juzgado y condenado… ¡No! ¡Yo de eso ya no quiero! ¡Así ya no juego!
Cada que se calientan los ánimos, cada que se hinchan los egos y los berrinches se encienden, no hay nada mejor que darse un buen baño de leche fría, y si se puede acompañado, mejor… ja, ja, ja.

Es maravilloso sumergirse en esa sensación de calma y confianza para neutralizar la raíz de todo malestar…. el miedo.

Tener siempre a la mano un buen trago de leche fría,  nos sacará de apuros.  Ya sea tomado, derramado por el cuerpo o salipicado por todas partes. El beneficio sule ser el mismo.

Así que ya saben, siempre hay que tratar con cariño al lechero…
Y cuando digo “lechero”…, ¡me refiero al corazón! Permitirle respirar tranquilo, apapacharlo, distraerlo un poco en lo que más le gusta para mantenerlo contento y que desde ese estado siga conectándose con la otra persona.

Regalarnos espacio, tiempo para nosotros mismos, recordar que por más que amemos nunca debemos perder identidad, es la clave perfecta para poder entregar calidad, frescura y  libertad.

Y si lo hacemos, mágicamente nos daremos cuenta que nuestra identidad ha cambiado y se ha vuelto, en mucho, el latido del corazón del otro.

Sin embargo, debe ser esta la forma de descubrirlo. Esta es la puerta indicada para entrar en estos terrenos.  Porque hay muchas otras puertas falsas que aparentemente te llevan al mismo lugar, pero cuando crees que las estás cruzando…, se te cierran en la cara.

El amor, la paz, la disposición, la inspiración y el respeto, siempre serán un vaso de leche fría refrescando al corazón.

Por lo menos, yo así funciono….

@salvadornop

Facebook

Youtube

 Moovz

Un Comentario

  1. Vero Munoz
    22 abril, 2014

¿Cómo ves?