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Lo que siempre sentí de niño por jugar a las muñecas

Hace ya algún tiempo leí un artículo en internet que se titulaba algo así como: Un niño protagoniza un comercial de Barbie. Leer aquel artículo hizo que recordara inmediatamente al niño que, en compañía de sus primas, jugaba a las muñecas; incluso aquel texto estaba acompañado de un link en youtube con el comercial y en él aparecía un niño de aproximadamente unos siete años jugando y mencionando lo fabulosa que era su Barbie.

Envidié a aquel niño con su despampanante Barbie, envidié no tener esa edad otra vez para poder mostrarle el comercial a mis papás y hacerles saber que los niños también pueden jugar con muñecas y que hacerlo no tiene nada de malo.

El mes pasado, mientras hacía algunas compras por la navidad, específicamente los regalos para mis dos sobrinas (Sara y Celeste), mientras miraba juguetes en un almacén, no pude evitar recordar que de niño en varias navidades anhelaba que mi regalo el 25 de diciembre al despertar fuese una muñeca.

Mi infancia transcurrió rodeado de los cuidados y el cariño que puede recibir el primogénito en cualquier familia y debo admitirlo, rodeado también de una poderosa influencia femenina. Casi siempre jugaba con niñas, me refiero a mis primas, y aunque también tenía a mi hermano a quien le llevaba un año de diferencia, nuestros gustos, a la hora de los juegos, siempre fueron completamente opuestos. Los primeros recuerdos que guardo de niño son de cuando visitábamos la casa de mis abuelos maternos en una pequeña finca al norte de Colombia, donde en las vacaciones y fechas especiales nos hacían coincidir con nuestras primas,  y mientras mi hermano prefería andar en el corral, en medio de vacas y caballos; yo prefería los juegos tranquilos en casa, en compañía de mis primas.

Vengo de una familia tradicional (como la de casi todos, me imagino) donde los roles tanto de hombres como mujeres han sido siempre muy marcados. Los hombres cumpliendo funciones con trabajos fuertes de proveedores y las mujeres haciéndose cargo de las obligaciones que están relacionadas con el hogar. Así que el poco interés por las actividades que mi hermano menor disfrutaba  en  el campo generaron algunas fricciones con mis papás. Por un lado les preocupaba mi constante cercanía con mis primas  y mi interés de compartir sus juegos (por aquello de que los niños, no juegan a los juegos de las niñas) y por otra parte, notaban lo feliz que esto me hacía, así que decidieron hacerse los de la vista gorda cada vez que visitábamos a los abuelos y pasar por alto los comentarios que  pudiese generar esta situación, sobre todo los hechos por mis tíos varones que siempre decían <<los hombrecitos no juegan con muñecas>> (esa frase siempre la recuerdo) y en aquel entonces, yo no alcanzaba a entender por qué el ser niño, es decir, de sexo masculino, me eximia de jugar a las muñecas, a aquel fascinante juego que se convertía en un mágico mundo donde los límites los ponían la creatividad y la imaginación.

Si mal no recuerdo, de los cinco a los diez años de edad jugué en cada oportunidad que tuve a las muñecas y menciono reiterativamente a mis primas porque sólo con ellas me podía dar ese gusto; porque una vez que regresaba a mi casa con mis papás y mi hermano, los juegos con las muñecas pasaban al olvido hasta la próxima vez que visitáramos a los abuelos y me encontrara de nuevo con mis primas y sus muñecas. Debo decir también que a medida que iba creciendo, trataba de hacerlo con menor frecuencia, cada vez iba siendo más consciente de la frase de mis tíos <<los hombrecitos no juegan con muñecas>>, de que socialmente no era aceptable que un niño prefiriera una muñeca a un carro de juguete, que prefiriera estar en casa mientras mi hermano estaba en el corral de ordeño, consciente de que ser y sentir diferente no era lo políticamente correcto. Con el tiempo comenzó a crecer en mí un sentimiento de vergüenza por jugar a algo que disfrutaba tanto y aparentemente estaba tan mal visto. Hasta que dejé de hacerlo.

El miedo a que los niños jueguen con muñecas viene de creer que hacerlo los hará gays, pero lo digo desde la experiencia, así no hubiese jugado nunca a las muñecas, sería tan homosexual como lo soy ahora, pero con una gran diferencia, haber podido jugar con muñecas libremente, sin tantas prevenciones, hubiese hecho de mí, un niño completamente feliz.

¡Nos leemos en la próxima!

¿Ustedes vivieron algo similar? Déjenme sus comentarios.

Fotografía de: BB and HH

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Un Comentario

  1. Samuel Ch.
    18 enero, 2017

¿Cómo ves?