Francis, vedette mexicana trans

Lo que nunca se dice de Francis, la última vedette mexicana

Hoy en día, el oficio de Vedette esta tan manoseado, que ya ni siquiera las que se autonombran como tales conocen realmente su significado.

Pero entonces, ¿Qué es una vedette? Pues bien, según el diccionario, la palabra vedette (de origen francés), significa “la estrella femenina principal de un espectáculo”.  En la historia del teatro, el término se ha utilizado para designar a las estrellas femeninas del cabaret, revista musical, music hall y burlesque. Una vedette tiene que saber cantar, bailar y actuar…sin necesidad de destacarse mucho en estas disciplinas. Tiene que ser bella, o al menos tener la suficiente personalidad y magnetismo escénico para captar la atención del público (sobre todo el masculino) al pararse en el escenario. O sea, si es muy bonita, no necesita destacarse mucho en canto, baile o actuación. Ahora que si además logra ser una consumada estrella multidisciplinaria, entonces estariamos hablando de una Super Vedette o Primera Vedette. Un buen ejemplo de ello sería, sin duda, la gran Liza Minnelli.

Por ello, las grandes vedettes se hacen acompañar en sus espectáculos con importantes cuadros de bailarines, vestuarios extravagantes, luces, cómicos, malabaristas y hasta animales exóticos. Todo sea por entretener eficazmente al respetable público.

Una vedette también puede hacer espectáculos de burlesque, es decir,  shows eróticos o de striptease. De allí el hecho de que a algunas se les acuse injustamente de ser encueratrices.

México puede jactarse de ser uno de los principales países “productores de vedettes” en el mundo. En el país han existido algunas grandes vedettes que han estado a la altura de sus contrapartes  del Lido de París, de Las Vegas o del Teatro Nacional de Argentina. Desde las tiples del teatro frívolo de los años 1920s como María Conesa La Gatita Blanca o Lupe Vélez, hasta las Exóticas y Rumberas de los 1940s y 1950s como Tongolele, Rosa Carmina o Ninón Sevilla. Se dice que el último esplendor de las vedettes en el país llegó en los años 1970s y 1980s con figuras como Olga Breeskin, Zulma Faiad, Thelma Tixou, Lyn May, la Princesa Yamal, Wanda Seux, Rossy Mendoza, la Princesa Lea, Grace Renat…y muchas, pero muchas más. Para todos los gustos y niveles.

Francis, vedette mexicana trans

Pero lo que nunca se reconoce es que la última gran vedette mexicana fue un hombre. Su nombre era José Francisco García Escalante, nacido en Campeche y mejor conocido en el mundo del espectáculo como Francis.

No es ocasión de hablar de la vida de Francis, sino de su obra. De hablar de las razones por las que es considerada como la última “reina de la noche” del país azteca.

Francis creó un espectáculo travesti que triunfó durante más de una década en México y otros países. Fue inspirado precisamente en los shows ofrecidos por las grandes vedettes de los 1970s y 1980s. Cabe decir que Francis no fue la primera, ni es la única celebridad travesti/transgénero/transexual que se ha destacado como gran vedette. La historia nos llevaría hasta los tiempos de La Coccinelle, gran vedette transexual francesa de los años 1950s y 1960s, que ostenta el título de ser la primera de todas.  Mención especial merecen también la argentina Florencia de la V y las españolas Bibiana Fernández y La Veneno.

Francis debutó en el mundo del espectáculo con un pequeño rol en la cinta Bellas de noche (1975), cinta famosa por provocar el boom del llamado Cine de ficheras, que tuvo a muchas vedettes entre sus principales protagonistas. Los shows de plumas y lentejuelas de la Breeskin, la Tixou y las demás, palidecían ante el espectacular vestuario lucido por Francis en sus shows, que según cuentan los que lo vieron, no le pedía nada a los shows travestis de San Francisco o Las Vegas. Y es que la Francis cantaba, bailaba, realizaba sketches cómicos, hacia monólogos, imitaba y tenía una presencia física y carisma lo suficientemente interesantes para captar la atención de su público. O sea, era una auténtica Super Vedette. Su espectáculo era una curiosa fusión:  un show travesti convencional con elementos de la revista teatral mexicana. Y si la Breeskin se jactó de llenar a tope durante ocho años seguidos el Belvedere del desaparecido Hotel Continental de la Ciudad de México, Francis no se quedó atrás. Durante quince años abarrotó con su show la taquilla del Teatro Blanquita de la capital mexicana. Muchas personas, entre ellos el intelectual Carlos Monsiváis o Margo Su, la fundadora del recinto, llegaron a expresar  que El show de Francis fue el espectáculo más concurrido en la historia del Blanquita,  superando a muchos cantantes y artistas consumados y hasta los desnudos de sus otras colegas vedettes.

Pero obviamente esta situación levantó ámpulas entre la conservadora sociedad mexicana. ¿Cómo el show de un travesti podía presentarse en la catedral del teatro popular mexicano? Este tipo de espectáculos se creía que estaban dirigidos  a cierto sector del público. Eran shows nocturnos y estaban relegados a áreas específicas de la ciudad (Roma, Zona Rosa etc.)  Pero Francis rompió esquemas.
Aunque parezca curioso, su espectáculo estaba dirigido a una audiencia mayoritariamente heterosexual. Y como siempre sucede, la polémica no hizo más que despertar la curiosidad.
A pesar de las críticas, Francis  triunfó como pocos y su fama traspasó fronteras. Hasta sus mismos detractores reconocieron y aplaudieron su éxito. Al cabo de unos años fue acogida con los brazos abiertos por el público como una figura familiar del espectáculo nacional, algo que hasta ese momento ningún artista trans había conseguido en el país.

Otro aspecto digno a destacar de Francis fue el enorme valor que demostró en una sociedad mexicana ochentera y noventera todavía en pañales en temas de respeto y tolerancia a la diversidad sexual. Aunque algunas personas del colectivo LGBT la acusaron de su falta de apoyo a la comunidad, la labor  que Francis realizó fue gigantesca. Fue la primera figura masiva del espectáculo nacional en aceptar abiertamente ante el público y sin tapujos su condición sexual. Fue lo que quiso sin pedirle permiso a nadie.

Francis muere de manera súbita en el año 2007 de una trombosis pulmonar fulminante, dejando un hueco enorme que nadie ha podido ocupar en el espectáculo mexicano. Y no me refiero a otra actriz travesti/transgénero/transexual, sino a aquellas que se autonombran vedettes en la actualidad. Ninguna de ellas ha demostrado tener el talento, carisma ni la personalidad suficiente para llenar sus zapatos, ni mucho menos de representar ni dignificar el tan menospreciado oficio de la vedette.

Así es que ya lo saben. Cuando vuelvan a escuchar la palabra vedette, no piensen en encueratrices y cabareteras ni crean que Niurka Marcos es el mejor o el único ejemplo que tenemos en México. Piensen mejor en la trayectoria de Francis, quién tiene un lugar seguro en el Panteón de las Grandes Diosas del espectáculo nocturno a nivel mundial.

Nos leemos la próxima semana con más historias, relatos y curiosidades del mundo LGBT. No olviden suscribirse al blog.

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5 Comentarios

  1. Brittany Rodvil
    6 febrero, 2017
  2. Miguel David Rebolledo López
    1 mayo, 2017
    • Cynthia Franco
      26 agosto, 2017
  3. Gerardo manjarrez
    9 agosto, 2017
  4. Cynthia Franco
    26 agosto, 2017

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