valorar el amor en estos tiempos. pareja gay en la playa

¿Será Que Valoramos Menos El Amor De Pareja En Estos Tiempos?

Aunque ya se han escrito artículos sobre el tema de las relaciones (o la falta de ellas) en estos tiempos de saturación de redes sociales, me gustaría darle un enfoque distinto para compararlo con lo que hasta hace por lo menos dos o tres décadas vivíamos en México y en muchos lugares del mundo. Hoy no sólo tenemos un exceso de oferta de hombres a un “click” de distancia, también vivimos un momento de “aparente” tolerancia que sobre todo aprovechan las nuevas generaciones para expresar su preferencia sexual, haciendo que estar en “el closet” sea algo anecdótico.

Todo esto es muy bueno, es apertura y libertad que, en ocasiones (muchas tal vez), nos lleva al exceso y se traduce principalmente en dos cosas:

  • La primera es la poca intención de tener una pareja estable o entregarse realmente a una persona. Es el factor “compromiso” el que no se encuentra mucho en nuestros días. El compromiso que sea. Podemos salir con alguien meses y aún así no considerarnos una pareja. ¿Pero no es eso un tanto absurdo? Si durante meses salimos, convivimos, tenemos sexo, nos llamamos, nos buscamos… ¿no somos realmente una pareja? O tal vez que preferimos decir que no lo somos para tener la escapatoria fácil en el momento en el que algo no nos guste, o en el momento en que se nos antoje un poco de variedad y estemos con alguien más (en el caso de que no se haya acordado eso con la persona). Como no hemos aceptado el título de “novios”, no hay reclamo que valga.

ilustracion pareja gay osos

  • El segundo exceso entonces es el deseo de seguir conocer a todos los hombres que Tinder y Grinder nos permitan.

La realidad es que no hay una persona perfecta y definitivamente hay millones de hombres guapos en el mundo pero ¿no será tal vez que en el proceso de la búsqueda incesante de un hombre guapo tras otro, podamos perder la posibilidad de encontrar a la persona indicada para una relación trascendente que valga la pena? ¿Será realmente el miedo al compromiso? Creo que en realidad es el miedo a la monotonía o una monogamia mal entendida.

Pensemos en por lo menos dos décadas hacia atrás. No hace tanto tiempo de eso, sin internet, sin redes sociales para conseguir ligues instantáneos y con una apertura todavía incipiente en la sociedad, como consecuencia de lo anterior, pocos estaban fuera del clóset, y “vivir en el clóset” no era algo anecdótico, era algo común, una etapa por la que todos pasábamos por un corto o largo periodo.

En aquel tiempo, las formas de conocer a alguien o de ligar, eran mucho más rústicas, por llamarlo de alguna manera. Nos teníamos que valer de anuncios clasificados en alguna revista gay (“boy toys” o su predecesor “macho tips”), también nos valíamos de observar con atención, tratando de detectar miradas de reojo o de mirar coquetamente esperando una respuesta corporal, teníamos que prestar atención para detectar comentarios sutiles de otros hombres, buscar indicios discretos y ocultos que transmitíamos como señales invisibles que atravesaban el mundo heteronormado. A veces nos tomaba tiempo estar seguros de que la otra persona entendería y que no haríamos el ridículo, y la otra forma de conocer gente era por en los bares gay. Esos bares que hoy ya no existen de la misma forma y que han pasado de tener el aspecto clandestino y de un lugar para ligar, a un tema de diversión en el que poco se liga.

Los millones de hombres guapos y gay también existían hace tres décadas, pero no teníamos los medios para conocer ni el 10 % de lo que hoy podemos conocer en el mundo entero, y tal vez eso es lo que en automático nos obligaba un poco a valorar mucho más a alguien con quien lograbamos cierto entendimiento, alguien que nos gustara o con quien hubiera quimica sexual, porque eramos concientes de que tardaríamos en encontrar a alguien que valiera la pena.

Ninguna de los dos momentos era malo o aburrido, de hecho era muy divertido salir a un bar, vivir esa vida clandestina que a pesar de todo tenía su encanto, buscar a un hombre guapo e intentar conectar, recibir una copa de algún pretendiente pasajero y por lo menos pasar momentos intensos. También es divertido hoy desechar o coleccionar fotos de hombres que nos gustan o no, según sea el caso, uno tras de otro y a manera de un catalogo de hombres, literal; ligar sin tener que salir de casa y si tus ánimos son muchos, tener sexo sin siquiera haber tenido que platicar más allá de media hora, y así, hasta el día siguiente que volvamos a usar el catálogo de hombres para conocer a alguien nuevo, o ¿por qué no?, a varios al mismo tiempo.

Todo está bien, pero ¿no sería interesante poder encontrar un equilibrio? ¿Estaremos destinados a ser generaciones de solteros? ¿O tal vez a partir de los 40 o 50 años es cuando buscaremos estar en una relación formal?

Son sólo ideas, pero valdría la pena pensar… ¿no estaremos menospreciando el amor en estos tiempos?

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