Tarde lluviosa, ventanas empañadas y empapadas…

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Un vinito, música y una tarde lluviosa. Unas chelas, música y un día de sol. Una mañana, música, leche fría, tu y yo.
Y volar y volar, y sentir y sentir tocándote sin hablar, oliéndote casi sin respirar, sin perderme un sólo instante, un momento de ti… Cerrar los ojos, viajar hasta el mar y flotar, sentir los rayos del sol calentándome la piel y mi cuerpo suspendido en una fuerza tan grande que me hace descansar de mi mismo. Disfrutar sólo el hecho de existir y fundirnos. No estoy en el mar, ni siquiera te conozco aún, pero te siento y me siento libre y contento, te imagino y todo el cuerpo se me pone alerta, ansioso y sediento.
¿Cuántos momentos de estos nos hemos dado la oportunidad de sentir en la calma de nuestra soledad, en la compañía de nuestros deseos y el delicioso infierno de nuestras bajas pasiones? Si,  tan bajas como alto es el cielo. Porque lo único bajo en todo esto es el lugar a donde llevo la mirada cuando te pienso y te encuentro.
Respiro profundo y me llevo demasiado adentro esta tarde húmeda de lluvia detrás de los cristales empañados, empapados, que se parecen tanto a mi…
¡Qué feliz y completo puedo sentirme sólo imaginándote, anticipando tu llegada! Porque no me engaño, puedo estar contento sin ti,  pero soy animal de pareja, de manías, de rutinas cambiantes con tal de preservar una sonrisa en los dos, en ti y en mi, en la planta de los pies con las que caminamos, en la palma de las manos con las que nos manoseamos y disfrutamos.
Quiero lluvia en mis pies…

¡Empapémonos juntos!

@SalvadorNop

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