sexo, amor-cafe y monogamia

¿Sexo, amor, café y monogamia?

Sexo…
Ese instinto, esa conexión humana-animal que llega a mover los hilos de la marioneta, que controla y rige nuestra vida en la etapa en las que con todos nuestros bríos nos lanzamos a vivir sin miedo, con pasión y nos adentramos en la emoción de cada momento para después, en el mar de las consecuencias o la nube de la culpa, hundirnos en el infierno.
Somos jóvenes con la pila del juguete favorito entre las piernas, susceptibles a estímulos que dejan la piel marcada, sudada, los calzones tiesos y el alma tatuada.

Recuerdo la prisión en la que viví provocando la mayor cantidad de encuentros posibles, probando la mayor cantidad de pieles, de sexos, de tamaños y grosores. Ese morbo y esa adrenalina insaciable que me llevaba al vacío pero me hacía sentir vivo; vivo con mi juventud, con mis pocos años, con mis muchas ganas. Una agridulce prisión disfrazada de libertad.

Nunca pude comprender por qué los hombres heterosexuales perdían el sentido por un par de tetas, sin darme cuenta que yo lo hacía por un buen paquete.

Como todo en la vida, el sexo, la lujuria pueden tener doble enfoque, doble moral, doble juego y sin embargo, todos lo jugamos. Y lo seguimos jugando toda la vida de manera distinta porque es algo nuestro, es una necesidad, una liberación, un encuentro.

Sigo pensando que es la pila entre las piernas que enciende nuestra parte animal, que nos conecta con el lado primitivo de nuestra libertad. Y digo primitivo porque la libertad real está en otro lado menos oscuro, menos blando o menos duro, está en el Espíritu, en la conciencia, en esa parte más allá del cuerpo pero también nuestra.

El juego de los instintos es un va y ven entre la paz y el cielo, entre el deseo y el infierno, pero todo es vida, todo tiene un delicioso sabor cuando se aprende a probar la cantidad exacta para cada quien. Porque haya que reconocer que todos tenemos diferente estómago.

El sexo mueve al mundo …. sí.

Cuando tanto sexo y desenfreno me dejaron vacío, odiaba escuchar esta frase. Cuando renuncié al placer de la piel por hacer de la Paz y el Espíritu mi droga, mi calmante, mi pretexto, la extrañé.

No se puede abandonar el placer del cuerpo, del morbo y el sexo ni el del Espíritu, la Paz y el Silencio. Son dos placeres que aparentemente no se mezclan y siempre están presentes en nosotros, así como el agua y el aceite. Sin uno nos deshidratamos y sin el otro nos oxidamos.

Aprender a lidiar con nuestras dos partes es el reto de la vida, es aprender el significado de Armonía y aplicarlo. Porque “equilibrio” es otra cosa, ese es relativamente fácil de conseguir. Reprimir una parte de nosotros para poder nivelar la otra y ver la balanza quieta en el horizonte, me parece algo vulgar. El equilibrio es estático y solo puede durar un instante, la vida es movimiento constante.

Aprender a ser libre y feliz con el sube y baja de la balanza es a lo que yo llamo Armonía, alegría, es esa sonrisa callada que brilla dentro de nosotros cuando nadie nos mira.

Amor…
Esa Fuerza, ese mar alebrestado, esa inmensidad que todos llevamos dentro y que siempre busca ser liberada, sentida, reconocida. Porque de amor estamos hechos, porque el Amor es la fuerza de cohesión que une a las moléculas, porque es la sustancia con la que se crea la vida. El Amor no es equilibrio, es Armonía y amar es abrazar la vida, toda ella, es entrar a mar abierto con los brazos abiertos, reconocer nuestra esencia y vivirla en paz sin arrepentimientos.

El Amor y el sexo son como el café con leche: van bien juntos, pero también pueden tomarse por separado.

A veces quieres un café negro por la mañana para despertar y a veces un vaso de leche fría por la noche para descansar. Café con leche…. suena tan fácil, tan sencillo, tan de todos y de todos los días, pero no.

Pareja…
Sin fricción no hay acción. Sin el roce de dos piedras no se enciende el fuego. Sin otro ser a nuestro lado, el reflejo en el espejo pierde brillo y nitidez, porque en la soledad uno solo ve lo que quiere ver y el espejo se empaña hasta borrarnos de él.

Solo otro animal alado igual a nosotros puede reflejarnos, puede ayudarnos a reconocernos, a vernos, a sentirnos, a experimentarnos, a no perdernos. Así como la creación que necesitó verse reflejada en sí misma para poder comenzar a existir y a crear más vida.

Una pareja puede ser algo tan inmenso y a la vez convertirse en algo tan limitado.

Sexo + Amor + Pareja deberían ser = Libertad.

Café + Leche + Azúcar = Buenos días, ¿cómo amaneciste?

De pronto me gustó hacer la analogía de la pareja con el azúcar porque le venía bien al café, pero no es una buena idea ya que habemos muchos que lo tomamos sin endulzar. Y si efectivamente el azúcar fuera el equivalente a la pareja, no habría un cubano solo en este mundo.

Qué complicado se está volviendo esto del café, el sexo, el amor y la pareja.

En esta vida hay muchas opciones para tomar café:

Negro sin azúcar
Con leche sin azúcar
Negro con azúcar
Con leche y con azúcar
La leche sola no cuenta porque si no ya no sería café.

Y si la felicidad dependiera de la variedad de café, Starbucks ya hubiera hecho feliz al mundo. Aunque creo que existen más formas de felicidad que recetas para preparar café.

¡Basta! ¡Cuánta estupidez! Me estoy saliendo del tema.

Pero los que tomamos café sabemos lo delicioso que puede ser despertarnos con uno cada mañana: con un sexo, con un amor, con una pareja, con los tres a la vez.

Pero aquí viene el problema…

Monogamia…
El ser humano, ese animal alado es el único que desea la libertad privando y privándose de ella. Se le olvida que existen demasiadas recetas para preparar libertad. 

Pareciera que solo estamos programados para tomar o café o leche o azúcar, pero nunca los tres juntos.

Y así se nos va la vida desde la morbosa y desenfrenada juventud hasta la etapa más adulta en la que ya no cualquiera puede tomar azúcar.

La vida se nos va a chorritos y cucharadas, siempre limitada, siempre de a poquito. No es mucha la gente que conozco que en pareja se beben la vida a tragos sin sufrir estragos.

Y es que no es fácil soltarlo todo, lanzarse al vacío de lo inexplorado para conocer la Armonía sin morir en el intento. La mayoría prefiere luchar por encontrar su equilibrio aún sabiendo que este puede durar tan solo un instante.

No estoy diciendo que la monogamia no exista, solo me cuestiono si tendrá fecha de caducidad.

Tenemos tanto que aprender, tanto que soltar… porque hay un punto en la vida en el que la gente decide volverse sensible a la cafeína, diabética e intolerante a la lactosa.

¿Tú qué opinas?

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