dos hombres tomados de la mano

¿Qué tanto prometes y qué tanto cumples? ¿Es bueno prometer?

En muchos puntos de la vida, nos encontramos con situaciones en las que queremos asegurarnos de que algo se cumplirá, esto puede acarrear a un propósito en cuestiones individuales, pero cuando involucramos a terceros inmediatamente esto es una ‘promesa’. ¿Quién no ha prometido algo en su vida por menos que quiera hacerlo?. Cuando éramos niños, frases simples a mamá como ‘prometo portarme bien’ eran el comienzo de la validez en nuestras palabras porque, es verdad, las promesas implican una cuestión de honor que marcan directamente la personalidad de cada uno; todos conocemos a alguien (sí, esa persona que pasa por tu mente) que constantemente queda como un mentiroso o incumplido cada que asegura que hará algo y no lo hace.

Este tema, llevado a las relaciones de pareja, tiene diferentes pros y contras que quiero abordar. Cuando se tiene una relación estable, todas las promesas que hacen el uno por el otro son dulces a los oídos en un comienzo; la mente idealiza la felicidad que se tendrá cuando las expectativas se cumplan, porque realmente se está creyendo en la palabra del otro, resulta emocionante puesto que la ilusión no puede frenarse en ese momento, todo va bien, todo parece perfecto y solo hay que esperar a que llegue el momento de ver esa promesa realizada.

Como lo he descrito, parece que remataré con el pesimismo, y pues… ¡así es! las promesas muchas veces se quedan como palabras en el viento sin nada que las respalde más que la memoria, con esto no aseguro que nadie cumple sus promesas, porque lo sé y lo he visto, hay gente que respalda su palabra, son leales, pero en ocasiones las circunstancias pueden volverse enemigas sin planearlo.

Hay infinidad de promesas, el faltar a cada una producirá una mala sensación dependiendo de qué tan importante fuese el asunto; por ejemplo, al prometer llegar puntual a una cita, no es lo mismo llegar 10 minutos tarde que llegar una hora tarde. Durante el noviazgo es demasiado común hacer muchas promesas en diferentes momentos: ‘prometo que te compraré tu disco favorito para tu cumpleaños’, ‘prometo no alterarme otra vez así contigo’, ‘prometo que nunca te haré daño’… y la lista de promesas sigue.

Dejando un momento de lado la negatividad, esa sensación cuando ves que todo fue como te habían afirmado que sería, alimenta esa confianza y ese amor por la otra persona, y con cada promesa cumplida la seguridad aumenta. Es verdad que somos humanos y que podemos cometer errores, pero siempre se tratara de que sean los más mínimos, cuando (pienso yo) se quiere realmente a esa persona; prometer cosas nunca es malo, pero siempre hay que tener cuidado con lo que sale de la boca de cada uno. Recuerdo una plática con mi mejor amiga, ella tuvo una relación bastante larga, cuando yo le pregunte qué fue lo que más le dolió al terminar con su ahora exnovio, su respuesta fue diferente a lo que pensé: esperando a que me respondiera ‘los recuerdos’ ella dijo que su dolor más grande fue pensar en ‘las promesas que ya nunca se cumplirían’.

En lo personal, soy de aquellos chicos que no suelen prometer mucho, y no es porque no confié en mi propia palabra, sino porque prefiero ser prudente ante algo que sé que puede ser tanto dañino como beneficioso; he aprendido que las palabras a veces se convierten en cicatrices. Soy, como dicen ‘más de hechos de que palabras’ y considero que en una relación esto es lo que realmente funciona, un compromiso libre que se sustenta de acciones y que dejan huella por sus recuerdos. Sé que algunos se identificaran conmigo y otros no, hay quienes les gustan prometer y está bien, todos somos diferentes, lo único que sostengo es: Si vas a prometer algo, haz tu mayor esfuerzo por cumplirlo.

¿Qué opinas sobre este tema?

¡Nos vemos la próxima semana!

@Blackroeger

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