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Miedos, ilusiones y confesiones de un recién enamorado… ¿Te ha pasado lo mismo?

Semanas después, se me vuelve a soltar la lengua. Ja, ja. Como siempre, de alegría y con las ganas de compartir y reflexionar con todos. Porque nuestras historias nunca son tan diferentes… ¿O sí?

Y de pronto no se por que empiezo a guardarme todo en secreto. Antes lo twitteaba, publicaba mis estados de ánimo y reflexiones en todas las redes sociales y ahora, cada vez que voy a hacerlo por costumbre, me detengo y ya no lo hago. ¿Por qué será? Después de los últimos meses de intensas emociones y descalabros sentimentales, que espero que no me dejen estúpidas cicatrices, milagrosamente aparece alguien con quien compartí uno de los momentos con más magia que puedo recordar en mi vida.

La segunda vez que nos vimos resultó lo que uno siempre sueña, fue el reflejo de eso que muchas veces nos detenemos a imaginar y a construir en nuestra mente deseando que de verdad pudiera existir. Y sucedió. Entré a su recámara y lo primero que vi sobre el buroe fue una lámpara de Aladino. Después de todo lo que sucedió esa noche, después de todo lo que se dijo en palabras, miradas y caricias, después de todo el silencio que también compartimos,  volví a ver aquella extraña lámpara como extraída del cuento y la miré fijamente diciéndole: ¡no sabía que ya las hacían digitales! Ja, ja.  Porque ni siquiera te froté y me concedió más deseos de los que hubiera podido imaginar y pedirte en un tiempo record.
Me fui de su casa y después de besarnos, el cuento de Aladino contunió porque yo sentía que regresaba a la mía sobre una alfombra mágica. Pero entonces empiezan esa voces de adentro que nos torturan cuando todavía no aprendemos a callarlas.

Hoy, despues de casi 40 años siento que no he aprendido nada . Y entonces, por eso mismo es que empiezo a callar. Mis inseguridades salen a flote aún cuando acabo de compartir con una persona un momento de esos que unen dos corazones, de esos que no se pueden fingir. Pero ahora no se qué hacer con lo que siento. Me encanta pero no se cómo lidiar con esto. Perfectamente se que la respuesta la tiene el tiempo, el ir conociendo más a la otra persona. Pero soy un idiota desesperado. Quisiera saber de él cada 5 minutos, escuchar su voz, encontrarme mensajes suyos.

No me quedó de otra que ponerme a escribir para desahogarme, para tranquilizarme un poco. Escribo y no se si me hablo a mí mismo o si busco complicidad con la gente que pueda llegar a leerme y sentir lo mismo. Pero ya no lo twitteo, ya no le cuento a mis amigos ni a mi familia lo que siento en este momento porque unos están cansados de escucharme y yo por otro lado, siento miedo de decirlo. Quisiera que fuera real, que fuera cierto, que no fuera un espejismo más. Dudo, se me tambalea la fe aún cuando lo que viví la otra noche no puede siquiera compararse con mis últimos intentos sentimentales.

Bendito sea Dios que me dio la posibilidad de poderme desahogar escribiendo y cantando, porque a veces no se qué hacer con tanta intensidad, con la fuerza y el volumen de mi corazón.
Quiero, deseo, se que algo hay, pero también hay duda y miedo. Quizás “miedo” no sea la palabra correcta. Lo que no quisiera sería otra desilusión, tener que tomar la decisión de volver a darle vuelta a la página y continuar mi libro de historias incompletas.

Hoy por hoy no quiero pensar en la diferencia de edades que también es algo que existe. Sin embargo, resulta que nacimos el mismo día del año. Ja, ja.
Ya me siento más tranquilo. Necesito empezar a usar la experiencia que hayan podido dejarme los años y los tropiezos, necesito soltar mis miedos y confiar en el viento, en sus ojos y los míos, en lo que milagrosamente hemos compartido hasta el día de hoy, porque quiero paz, quiero poder mantener una sonrisa constante para dársela, para poder propiciar más noches iguales a la que tuvimos y para poder al fin mirarme al espejo, voltear la vista al cielo y decir: no sé si yo encontré al amor o si él me haya encontrado, pero al fin me siento felizmente enamorado.

No podemos poner nuestra calma ni toda nuestra mente y felicidad en nadie más. Necesitamos aprender a estar bien estando solos para poder tener algo que dar y que valga la pena. Algo que los haga querer estar con nosotros y regresar una y otra vez…

El tiempo pasó y sí… el milagrito sucedió. ¡Me siento felizmente agradecido y enamorado!

En realidad el amor es quien nos encuentra a nosotros cuando el corazón deja de esconderse.

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Un Comentario

  1. Pedro
    2 abril, 2016

¿Cómo ves?