leche, desayuno, gay, cocina, tostador, hombre tomando leche

Los privilegios del amor en la mañana…

Temprano en la mañana… levantarnos porque hay cosas que hacer. El despertador suena y su brazo se estira para abrazarme, apretarme y darme un beso calientito en la cabeza mientras yo voy estirándome y quitándome las lagañas. Es evidente que vamos despertando por partes…

Hoy las mañanas ya no saben a lo mismo de ayer, a un Playlist melancólico en el iPhone, a noches eternas en la computadora, a un reloj que no entendía mucho el paso del tiempo. Hoy la cama sigue caliente, las cobijas van cayendo poco a poco al suelo y yo pego un brinco, primero en él para darle un beso con mi sonrisa mas sincera y escandalosa, después de un rato de sano entretenimiento… (Jajajaja) vuelvo a tocar el piso con los pies descalzos, abro la ventana y siento el aire fresco, camino a la cocina mientras me doy cuenta que sigo sonriendo y que mi piel ya huele a la suya.

Enciendo la cafetera, me siento unos minutos sobre la lavadora, que por cierto, se siente muy fría. Creo que se me olvidó la ropa en la cama pero el amor es siempre la mejor cobija.

El olor a café comienza a hacerme despertar y el sol comienza a entrar por la ventana. A veces nos pasamos toda la vida deseando momentos como estos, tan simples y sencillos, tan aparentemente cotidianos, pero tan inmensos.

Me sirvo la primer taza de café mientras voy recorriendo lentamente el paisaje: una cama desatendida, mi almohada sin funda, ropa tirada en el piso, la cortina moviéndose al mismo ritmo de mi respiración, un cuerpo desnudo y una voz diciendo: no me quiero levantar. Jajaja.
Esas miradas que dicen tanto y esas sonrisas que reflejan el contento del alma y el cuerpo. El regresar a la cama con una taza de café en la mano y con toda una vida de ilusión y sueño en el pecho, son de esas cosas que uno no quisiera soltar nunca.

El tiempo no nos espera, pero qué nos importa si no hay mejor inversión que un beso, un suspiro, un te amo y un te quiero.
Cuando encuentras con quien intercambiar respiros de madrugada, con quien ver estrellas cuando el cielo se pone más negro y al lado de quien sumar y multiplicar alegrías, te cuestionas: ¿por qué sentí tanto miedo e inseguridad en algún momento? ¿Por qué le corrí al amor y preferí revolcarme por la vida sin darle ningún sentido al cuerpo?
Me voy, que el agua de la regadera no se desperdicia ni tampoco se desobedece a quien te dice: te espero adentro.

¡MANTENTE EN CONTACTO!


Recibe quincenalmente nuestros mejores artículos.
¡Sólo tienes que suscribirte!


Facebook

Youtube

1

2 Comentarios

  1. Uriel
    15 mayo, 2014
  2. Anónimo
    14 diciembre, 2014

¿Cómo ves?