Intenso, tenso, reflexivo, entrándole al flojito y cooperando. ¡No a la desilusión!

Creo que después de muchos trancazos, desilusiones, aprendizajes, debemos comprender que lo único que no debe cambiar es nuestra capacidad de sorpresa, de ilusión, de emoción: “la capacidad de creer”. Porque ahí está “nuestra capacidad de vivir”.

No es que me sienta ruco ni mucho menos pero no soy el mismo de hace 10 años, afortunadamente.  Cuando te toca volver a pasar por alguna situación, es imposible no darte cuenta de los cambios que ha habido en ti.

Si no haces pausa y te observas, simplemente te sigues de corridito y es muy probable que lo que hayas acumulado a lo largo de los años haya sido miedo, duda y resistencias.

Entonces empiezas a construir nuevas historias a partir de ahí y eso si se pone de la patada. Muchas veces no nos damos cuenta de esto, van pasando los años, vamos cambiando de amantes, amigos, encuentros y podemos volvernos herméticos, insensibles o simplemente “intolerantes”. Esta es una forma de egoísmo que hace imposible cualquier tipo de relación con otro ser humano. ¡Incluso con nosotros mismos!

El ego (basado siempre en el miedo) petrifica, nos vuelve más rígidos y nuestro verdadero ser, sigue modificándose. Esto produce el terrible resultado de “no soportar ni al espejo”. Ha, ha. Entonces nuestra esencia, nuestro espíritu libre queda atrapado por nuestras rigideces mentales y emocionales.

Creo que cuando crecemos, cuando nos ha tocado enfrentar cosas difíciles, lo único que debemos conservar es el aprendizaje, la fortaleza que desarrollamos para seguir adelante. Lo demás, ¡al caño! ¡Coño!

Si eso fuera lo único que conserváramos, entonces con los años iríamos ganando tan sólo libertad, tranquilidad y un contacto profundo con nosotros mismos.

“Todo empieza y termina dentro de nosotros”.

¿Cómo nos relacionamos con los demás?

¿Cómo nos relacionamos con las cosas, con las situaciones?

¿De qué forma nos entregamos a una nueva relación?

Al final, la gente va y viene pero nosotros siempre nos quedamos con nosotros mismos y es entonces cuando cada quien descubre a qué le sabe la soledad.

La palabra no me encanta por todo el mal manoseo que se le ha dado. Prefiero llamarla “cachondeo personal”. Si, ¿cómo vivimos, cómo nos cachondeamos la vida cuando no tenemos a alguien más a nuestro lado?

Deberían ser etapas de auto-conocimiento, de auto-perversión, de auto-complicidad. Si ya hay auto todo: auto-mac, auto-BurgerKing y hasta auto-Starbucks, ¿Por qué no ha de haber auto-felicidad? ¡Auto-suficiencia emocional! y esto no tiene nada que ver con el aislamiento ni el egoísmo, al contrario. Tiene que ver con la forma en la que vivimos la vida a partir de quienes somos.

Pasan los años y ya no somos los mismos, la demás gente tampoco es la misma, el mundo ya no es el mismo y por lo mismo, nada es igual. El “mismo” desaparece. Nada puede repetirse de igual forma en nuestra vida. ¡El pasado se quedó atrás!

Una nueva puerta que se abre, una nueva sonrisa, una nueva piel, un nuevo sudor, un nuevo aliento, un nuevo brillo en los ojos, una nueva ilusión, un nuevo deseo, incluso una nueva inseguridad, son algo refrescante, son un nuevo canto a la vida.

Quien ha vivido, quien ha sentido por instantes la libertad, en el fondo sabe que no hay  reglas, que no hay formas establecidas, que estas las genera uno y siempre llega el momento en que debemos de romperlas para volver a sentir la “libertad” y crear nuevas. Lograr esto al lado de alguien es el orgasmo más grande que puede llegar a sentirse…

Ayer veía mi serie favorita del momento: “Las Aparicio” y justo hablaban un poco de esto. Toda relación es válida mientras tengas la disposición para descubrirla. Nadamás que si quieres disfrutarla, por favor no le pongas etiqueta, no le metas prejuicio y nunca pretendas contar con la aceptación de los demás. “Cada chango a su mecate” y aunque suene vulgar, “Que cada quien haga de su vida, su corazón  y su culo un papalote”. Ja, ja, ja

@salvadornop

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2 Comentarios

  1. francisco
    23 junio, 2014
  2. David M. Villa
    25 junio, 2014

¿Cómo ves?