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¿Estás buscando el amor? (parte 1 de 2)

 

Somos muchos que siempre estamos en la espera de toparnos con el amor. Algo tan electrizante, complementario, tierno, morboso y cambiante. Ese concepto que se va transformando con los años, de la misma forma que vamos cambiando nosotros.

Sin embargo, el amor siempre es el estado perfecto de todos en cualquier momento de nuestra vida. Usamos la palabra “amor” quizás demasiado y de forma muy general. Ahorita no se me antoja entrar en ese tipo de detalles, a lo que me refiero en este momento es a “estar enamorados”. A esa química que nos recorre el cuerpo y la mente, que nos enciende los ojos y nos aviva los sentidos, a esas alas que, incluso cuando nos sentimos devastados, logran salir de nosotros sin requerir de ningún esfuerzo y nos elevan al cielo con sólo un pensamiento, que nos funden en la temperatura del sol con el roce de su piel, con un beso, con el sabor de su boca y su aliento y nos hacen explotar cuerpo con cuerpo para dejarnos tan tranquilos y brillantes como las estrellas.

Ese enamoramiento que todos buscamos constantemente es la mezcla perfecta entre cielo e infierno, entre lo sutil del sentimiento y la animalidad del deseo. Cuando nos topamos con una mirada fulminante nos cae un balde de leche fría en la cabeza y nos empapa, nos refresca el corazón y la ilusión hasta borrarnos cualquier marca de dolor, razón, lógica, edad o tiempo.

Van pasando los años, vamos volviéndonos más libres, aunque sea en algunos aspectos y entonces parece volverse más difícil el encuentro. Y digo “parece” porque soy de la idea de que cuando el amor te tiene que encontrar, no hay forma de esconderte ni de salir corriendo. Sin embargo, nuestra disposición al amor, a la entrega, siempre hará más fácil su llegada.

Quizás no llegue tan fácil la persona que se quedará a nuestro lado por mucho tiempo, pero pueden llegar maravillosos cometas que nos hagan sentir vivos constantemente. Me encantó el concepto de “cometas”, creo que queda muy bien, ya que tienen la cola encendida, pasan rapidísimo y casi no llegamos a conocerlos ni a entenderlos cuando ya se fueron. Ja, ja.

Pero ¿qué más da? En la vida no tiene caso pedir garantías porque todo funciona siempre a la perfección. Poco a poco vamos aprendiendo a desmenuzar el sentimiento, a volvernos más prácticos para reconocer cuando se trata sólo de sexo. Me encanta, ¡qué rico encontrar a alguien con quien sacar chispas en la cama! Cosa que tampoco se da tan fácil porque también para eso debe existir cierta química de por medio.

Ahora, si la historia no pasa de ahí es porque tenían diferente dirección los sueños. ¡Qué rico es disfrutar las cosas por lo que son sin pretender que sean otra cosa! Este afán de querer controlar la vida nos hace perder hasta la lívido, este afán de querer encontrar el amor en cualquier piel que se siente bien, acaba haciéndonos perder hasta la erección. Ja, ja. ¿Apoco no?

Estás el plena pasión, sudor y revolcón a gusto y de pronto la mente te traiciona empezando a imaginar: ¿Será esta la persona de mi vida? ¿Tendremos perro, camioneta y viajaremos juntos por el mundo? Afortunadamente con la edad aprendes a darle carpetazo a ese tipo de pensamientos para mejor echarle más leña al fuego. Y es que si se siente bien, hay que soltarse y aflojarse para que se sienta mejor. ¿O no? Je, je.

Este post tiene segunda parte…

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3 Comentarios

  1. Anónimo
    2 enero, 2014
  2. Vero Munoz
    22 abril, 2014
  3. jorge
    9 marzo, 2016

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