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Esos ricos momentos a solas… ¿Qué haces cuando nadie te ve?

Hace algunos años…

Diciembre 01… Se pasó una vez más otro año pero esta vez no me estresa en lo absoluto. Este año no lo medí en meses, días, semanas ni horas. Se me fue en momentos, recuerdos, planes, sentimientos, emociones, hormonas y casi apenas hace un poco más de un mes, en suspiros, ilusiones y amor.

¡Qué rico levantarme tarde una mañana de domingo! Ya extrañaba esta sensación de tranquilidad, de calma, de silencio, de olor a café, de mi perra More echadita a mi lado jugando mientras yo escribo con la ventana abierta y esta luz plateada del sol de diciembre que siempre me ha puesto sensible y nostálgico. Sólo que esta vez, aunque con frío en los pies, me cobija algo distinto y nuevo que hace años no tenía: el amor de alguien.
Me gusta mi espacio, mis momentos de soledad, de estar conmigo mismo y sentirme. Hoy me despertó un mensaje de mi novio que decía: ¿Vamos a desayunar con mi hermana? Al que respondí: Ahora sí se me complica un poco porque tengo algunas cosillas que hacer. Pero en cuanto me desocupe, les mando mensaje.
La libertad de seguir teniendo los momentos que necesitamos para nosotros, por simples y bobos que puedan resultar, siempre nos alimenta nuestra propia y necesaria locura. Dedicarle un rato a nuestros gustos y manías siempre es delicioso. Rasurarte con calma, aplastar un aguacate y ponerte una mascarilla en la cara si se te da la gana, sacar fotos del cajón, visitar algunos blogs que nos gustan, hojear una revista o simplemente andar en bolas por la casa y decidir salir por un jugo con sólo una camiseta, unos tenis y unos jeans a pelo. Ja, ja El quedarnos un ratito en silencio para escucharnos, sentirnos, encontrarnos, para darnos cuenta del suelo que estamos pisando el día de hoy y hacia dónde queremos dar nuestro siguiente paso.
Se me llenan los ojos de agua porque me pongo sensible, chipil y feliz de poder pensar en caminar con alguien, en tomarlo de la mano (textual) y caminar por la calle haciendo planes, diciendo tonterías y soñando en voz alta mientras nos vemos a los ojos y en un descuido nos damos un beso y hasta hacemos alguna diablura a escondidas.
A mis casi 40 años me reconozco siendo “aparentemente” el mismo de siempre pero no, hoy vivo con mucho más libertad y felicidad que antes.

Con nosotros, la gente gay, sucede algo muy chistoso. Por lo menos a mi me pasa:
El de pronto darle un beso a nuestra pareja en la calle delante del mundo, resulta algo delicioso y atrevido. Quizás porque mucho tiempo fuimos señalados o simplemente porque nos importaba mucho la opinión de los demás, de esos ignorantes que aún creen que el amor y la felicidad sólo les corresponde a su limitado costal de ideas.
Aunque no lo parezca, detrás del semblante de rebeldía, de la actitud retadora y un poco a la defensiva de muchos Gays, hay un corazón lastimado y muchos sueños fracturados. Hay una sensación de “prisión” de “esclavitud” del dolor y el coraje que se siente cuando algo nos ha sido robado. En este caso: La libertad de ser, sentir y expresar libremente quienes somos.
Todavía hay muchos países en los que la sociedad sigue mutilada. En México creo que ya vamos de gane, que ya hemos ganado todos la posibilidad de recibir “respeto” cuando sabemos trabajar por él y ganárnoslo.
Por lo menos a mi me tiene sin cuidado el que alguien me observe raro en la calle cuando voy sonriendo y abrazando a mi pareja, cuando lo dejo en su casa y le doy tremendo beso después de desearle que duerma rico, que descanse, que tenga la mejor semana, que siga trabajando por sus sueños y que nunca olvide que estamos juntos para poder conseguirlo todo y para sentirnos felices con lo que venga.
Me emociona de pronto caer en los “clichés” que tanto criticaba tiempo atrás. Quizás no era que me parecieran tan estúpidos, sino que en el fondo sentía que no podía ser yo parte de ellos.

“No nos damos cuenta de las heridas que nos dejan tantas cosas y momentos a lo largo de nuestra vida hasta que logramos trascender el dolor convirtiéndolo en libertad”.

Es increíble que “un simple comentario” que recibimos cuando éramos niños o en uno de esos fuertes momentos de vulnerabilidad, nos haya afectado tanto hasta hoy. Al grado de, sin darnos cuenta, haber diseñado nuestro mundo a partir de él.

En mi caso, creo que hoy todo eso ha quedado atrás. Vivo en libertad. La única prisión que conservo es la de mis pensamientos limitantes, temerosos, ignorantes e inseguros de vez en cuando. Pero de esos sólo yo puede hacerme responsable. Creo que esa es la Verdadera y Gran Libertad que todos tenemos que conquistar a lo largo de nuestra vida.
Pero basta, en este momento, sin más intensidades, lo que más disfruto es el poder estar escribiendo este post en calzones, con una cobija encima, con un café y un licuado de fresa al lado, con una sensación de tranquilidad que hace que mi esencia aflore, se exprese. Entonces me siento contento, me pongo cachondo, siento cómo se me acelera el corazón y el cuerpo se me pone caliente, travieso y un tanto perverso. ¿Será que le mandaré mensaje al novio o me las arreglaré yo sólo? Ja, ja.
¡Qué rico sentirnos y disfrutarnos! ¡Qué rica la calma, el espíritu en paz, el sexo!
Sí, me encantaría tener ahorita a mi pareja aquí al lado, recostado sobre mi cama adormilado, encuerado y entusiasmado, pero también me encanta este momento a solas.
Este momento en el que estoy solo y sin embargo, he decidido compartir con mucha gente sintiendo, respirando profundo y escribiendo.

“La gente que pierde el contacto consigo misma, la fe y la confianza, invariablemente termina por dejar de creer en el amor”.

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3 Comentarios

  1. Elvis Villalobos
    7 abril, 2014
  2. Anónimo
    5 diciembre, 2015
  3. Anónimo
    14 diciembre, 2016

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