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Esos enamoramientos fugaces. Cuentos de Hadas Express (CHE)

Los “Cuentos de Hadas Express ”(CHE) son un lujo que muy pocos nos podemos dar. Son exclusivos para los que no nos limitamos a la forma convencional y milenaria de enamorarse con la clásica historia de:

“Nos conocimos en los pasillos de la universidad. Después, un día coincidimos en la “cafe” y me invitó un helado. Luego fuimos al cine y me tomó de la mano. Cuando me fue a dejar a mi casa nos besamos. Después de varias salidas me pidió ser su novio (o novia, según sea el caso) y se lo presenté a mis papás. Unos meses después me pidió matrimonio y ahora vivimos felices en nuestra casita de cerca blanca.

¡No! Definitivamente los CHE no son para ellos. Son más para nosotros los que nos arriesgamos, los que nos enamoramos perdidamente a primera vista en un antro, o para los que nos gustan las citas a ciegas que huelen a desconocido, o para los “tuiteros” que solo se leen y se citan para tomar una cerveza, o para los que se “stalkean” en Instagram y se desean en silencio meses y meses por foto.

Los CHE son fabulosos, porque corretean al tiempo y al espacio, y el vértigo que provoca ese correteo es lo que hace que sea fascinante vivirlos, aunque al final en la mayoría de los casos, terminen en lágrimas, bloqueo, spam, etc.

Cassilda mi hermana (que es muy arriesgada por cierto) tuvo su propio “Cuento de Hadas Express”: Conoció a Jaime por una amiga en común en un antro. No podemos decir que le gustó, pero algo le vio. Comenzaron a salir desde el siguiente día. A los 5 meses ya vivían juntos y se veían felices planeando un gran futuro muy prometedor. Al año, Jaime pidió a Eugenia en una cena con las dos familias en la cual se hizo ver que la relación tenía todos los rasgos de un CHE. No podría definirlas pero se respira una atmósfera como de suspenso, en la que se siente que en cualquier momento algo va a pasar y todos tienen cara como si fueran a estornudar. Total que el anillo terminó en la mano de Cassilda y la relación terminó a los 3 meses.

Hoy, después de varios años de haber terminado con Jaime, Cassilda está felizmente soltera y consciente de que la boda fallida fue lo mejor que le pudo haber pasado (yo difiero, porque lo mejor hubiera sido que se arrepintiera en el altar y corriera por el atrio con el velo en una mano y los tacones en la otra, ese hubiera sido un gran final) pero aun así de repente la veo asomarse por la ventana y añorar. ¡Ah! Porque esa es otra característica de los CHE, te dejan una sensación de nostalgia y añoranza.

Por mi parte mi CHE comenzó con un “Me gusta tu foto” en Instagram. Yo ya veía las fotos de Santiago desde hace un tiempo, me llamaban la atención sus ojos, su boca como de puchero y su foto en la que aparece con un arnés de piel, pero nunca le había comentado nada hasta que él tomó la iniciativa. A los dos días se fue un tiempo de la ciudad pero seguíamos en contacto. Total que nos gustamos y nos “picábamos el ombligo” a distancia hasta que le dije “o vienes, o voy”, y pues fui.

Llegué después de un viaje de miles de horas. Me bajé del camión y al pisar no pude más que hacerme 3 preguntas: Primera ¿Sentiré lo mismo al verlo físicamente? Segunda ¿Será tan bueno en la vida y en la cama como parece? Y tercera ¿¡Qué estoy haciendo aquí!? Total que llegó por mí y en cuanto se bajó del carro y caminó hacia mí sonriendo y seguramente con las mismas preguntas que yo me hacía, nos abrazamos y clarito sentí como una paloma se me quería salir del pecho. Pues 2 semanas duró mi CHE, en el que hubo de todo, desde el mejor sexo “ever” lleno de cosas nuevas, malos entendidos, lágrimas, carcajadas, hasta un viaje. Fue una historia como tipo película en la que todo se resume en 2 horas. Regresé a la Ciudad de México algo desconcertado. Ciertos detalles me hicieron pensar en que, a pesar de haberme vuelto loco en cuanto lo vi y en que me enamoró con miles de detalles, hubo un par que no me gustaron y que son muy importantes para mí, entonces decidí llamarle y decirle “no quiero verte de nuevo”. En realidad no sé si fue por miedo o por tedio, o si simplemente me había vuelto un exigente, pero ¿exigente de qué? Ni yo sé.

A veces me caigo gordo. Me había pasado años corriendo por toda la ciudad de México como un loco creyendo en el amor y en sentir, en gritarle a todo el mundo que estaba abierto al amor y que sabía perfectamente lo que quería en mi vida y en un hombre, y cuando lo encontré entonces le vi los detalles malos para encerrarme de nuevo en mi iglú. La verdad es que ni siquiera lo conocía. Y francamente me hubiera encantado haberlo conocido con la clásica “Nos conocimos en un café. Yo estaba con amigos, él entró y no pude despegar mi mirada de sus tatuajes y de sus manos. Se dio cuenta y me sonrió…”

Habían pasado 2 semanas de la última vez que hablé con él. Esa noche le había pensado mucho. Podría decir que hasta lo extrañaba. Ojalá lo hubiera conocido mejor y así tal vez tendríamos una historia no tan “Express”.

FIN.

*A las 11:49 pm de esa noche sonó el teléfono: Hola ¿Quién habla?-Hola, soy Santiago, regresé a Ciudad de México ¿me aceptas una cena? ¿Me das la oportunidad de conocerte y que me conozcas? Sin rollos, ni historias, ni cuentos de hadas…
– Si claro, me encantaría.

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Un Comentario

  1. Anónimo
    20 enero, 2017

¿Cómo ves?