chavo, gay, pareja gay

Esas personas que llegan a tu vida cuando no estás preparado. Relaciones Puente.

Los últimos meses fueron todo un viaje, una tormenta de emociones y sentimientos que no encontraban destino. La piel no dejó de sudar y después, de extrañar. Se sentía como vivir metido en una maleta extraviada en cualquier aeropuerto.
Después de haber tenido una relación muy larga y de haber vivido un proceso interno bastante extraño que casi me dejó asexual… ¡Casi! De pronto conocí a alguien y sentí como si prácticamente me hubieran congelado y regresado al mundo en el año 3500. ¡No entendía nada! Esto de descubrirme enamorado me parecía algo nuevo, curioso y adictivo. Me desconocí por completo al volver a experimentar sensaciones que no sentía desde hacía muchísimos años. De pronto me volví demandante, celoso, berrinchudo, ansioso… No en un grado de dar miedo, pero si en el suficiente para darme cuenta que me sentía más vivo que nunca. Cuando te enamoras todo cambia, todo se ve diferente, el cerebro empieza a generar diferentes químicos y el cuerpo vive borracho. 
Intenso que soy, amante del amor y sexoso en potencia… tenía que recibir mi maravillosa consecuencia.

Total,  habiendo aprendido demasiado después del trancazo anterior, después de un enamoramiento mareador y madreador, creo que pude tomarme las cosas con más calma, pero en ningún momento sintiendo con menor intensidad. Toparte a alguien y quedarte helado, sentir que te pierdes en sus ojos y empezar casi a recordar vidas y vidas en el silencio. No es un recuerdo de imagenes sino de emociones, de una sensación imposible de explicar pero que hace que no exista más separación entre la otra persona y tú. Sentir cómo al abrazarse los cuerpos tiemblan al grado de casi romperse; tocar su piel y verídicamente sentir el cielo sin conocerlo.

En esta ocasión yo sabía que prácticamente era imposible que aquello trascendiera por las circunstancias del momento. Él había terminado su relación apenas hacía unos días. Sin embargo, el instante que duró se quedará en mi para siempre. Justo esta idea es la que me hizo sentarme a escribir una tarde-noche de viernes.

Todos sabemos que cuando una persona acaba de terminar una relación larga, es casi imposible que pueda empezar una nueva y sana con alguien más. Me refiero a una relación fresca, libre, que pueda crecer en una mente y un corazón fuertes y dispuestos. No una relación enferma desde el principio que surja como la consecuencia a no saber estar solos, de salir huyendo de los recuerdos y todo aquello que no pudo ser.  A estas relaciones inmediatas o de transición, les llaman “relaciones puente”, porque hacen precísamente de “eso” nos ayudan a cruzar al otro lado del río dejando atrás el dolor y empezando a fortalecernos con un poquito de esperanza y una nueva ilusión. A estas personas que nos ayudan a cruzar la desilución, yo les llamo “ángeles con piel”, ángeles con cuerpo, sexo, alma y corazón capaces de entregarse, de despertar en nosotros un enamoramiento sin malicia que nos deja fuera de control. Siempre he dicho que la mejor receta para ser feliz es aprendiendo a aceptar y disfrutar lo inevitable.

¿Quién de nosotros no ha sido “Angel con piel” aunque sea una vez en su vida? o ¿quién no se ha topado con uno?

Para poder salir triunfantes de este tipo de historias es indispensable vivir conscientes de las circunstancias y no esperar más de lo que pueden ofrecernos.  Pero ese aprendizaje sólo nos lo da la vida a través del tiempo, la experiencia, el conocimiento del mapa del corazón y de los infiernos del abandono.
En esta ocasión me tocó jugar de “angel con piel y encuerado”, me tocó tomarlo de la mano y cruzarlo hacia su futuro sin lodo en los zapatos. Guardaré grandes recuerdos por siempre, pero afortunadamente todo pasa, el cielo no deja de respirar y el viento nunca amanece en el mismo lugar.
Después de vivir algo tan profundo y tan intenso, comienza a desvanecerse, a evaporarse para permitirnos volver a volar ligeros y sin dolor, pero conservando en el recuerdo la esperanza de poder volver a vivirlo y hacer que dure para siempre.

Nos leemos en la próxima…

¡MANTENTE EN CONTACTO!


Recibe quincenalmente nuestros mejores artículos.
¡Sólo tienes que suscribirte!

10 Comentarios

  1. Vero Munoz
    23 abril, 2014
  2. Diana
    27 junio, 2014
  3. Omar
    20 febrero, 2016
  4. Anónimo
    20 febrero, 2016
  5. Anónimo
    20 febrero, 2016
  6. Jx Wong
    20 mayo, 2016
  7. Alberto León
    16 agosto, 2016
  8. Armando
    6 abril, 2017

¿Cómo ves?