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¿Eres de los intensos, reflexivos, sexuales y enamoradizos?

Tanto tiempo, tantos minutos y experiencias y seguimos andando, volando, riendo, llorando y siempre añorando amar. A veces sentimos cierto aire de amor, de emoción, de absurda locura. Quizás esta última nos la inventamos porque necesitamos seguir creyendo en ella. ¿Qué sería de la vida, qué sería la vida sin eso?

Somos el aire que nos permitimos volar, tan grandes como lo más lejano de nuestros propios límites.

Nadie quiere nunca llorar, pero no volver a saborear una lágrima, sería perder el paraíso.

Me maravilla la mente que puede, una y otra vez, crear castillos en el viento y mantenerlos de pie conectándose con su espíritu, sacando fuerza del anhelo. De pronto volteas, ves una piel, la piel de él y quisieras impregnarla de amor, quisieras besarla, chuparla, olerla y beberla hasta sentirla tuya.

¡Qué caray! Siempre proyectamos en las cosas la contraparte de nuestras carencias. Y entonces, cuando entre tus manos, entre tus brazos y tus piernas tienes su piel y te sientes seguro, te atreves a mirarlo a los ojos y a entrar tan adentro como él lo permita, a tocarle lo más íntimo de sus ilusiones y secretos.

Cuando te topas con quien ya se ha concedido la libertad, puedes desaparecer en sus brazos. Y una vez libres de todo, descubres una sensación tan lejana y cercana a la vez, tan nueva y tan de toda la vida.

Primero viene el orgasmo de la nada en ti y después el orgasmo del cuerpo, de la piel, del calor y el sudor, de toda tu gloriosa animalidad. Porque si somos capaces de sentir tanto deseo es porque nos hemos permitido vivirlo antes,  entonces nos volcamos encima y descubrimos la fiesta de la existencia, la magia de ser quienes somos con cada plegaria y cada perversión.

¡Qué rico ser uno mismo y celebrarlo en la piel de otro! Del otro que percibe tu aroma a larga distancia y se acelara y desespera por llegar a respirarte de cerca.

Escuchas el zuzurro del viento con la palabra “siempre” y de alguna manera te regresa el alma al cuerpo. Porque no nos enseñaron a estar solos o a no poseer nada. Pero al crear esta ilusión creamos el camino exacto a nuestra propia felicidad… entonces es válido.

La piel que no está, el amor que no existe, me sirven para escribir, para desear. Porque sin deseos ¿qué somos? Y sin letras, ¿cómo nos desahogamos?

Ah, cuidado con lo imposible, porque puede gustarte demasiado… Así somos.

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