Entre el amor y el dolor. Contrastes… Así somos.

Foto: @absaraya

El día y la noche, mis sueños y mis desilusiones, el café negro en mi taza blanca. ¿Cuantas veces hemos sido la voz del amor y a la vez la proyección del dolor ?
Corazones indomables, almas aparentemente prohibidas, presente sin futuro.
Observo la película de mi vida desde el arte y la sensibilidad plasmada en cada escena, me conmueven los colores, la sutileza de cada emoción debajo de la piel de quien siempre actúa…
¿Cuantos Oscares deberíamos tener todos en nuestros armarios emocionales? Hoy me doy cuenta que nunca le he huido a mis diferencias, a esas dos corbatas que tan seguido encuentro tiradas en el suelo al levantarme a tomar un vaso de Leche Fría de madrugada.

El miedo es el precio que pagamos por no saber amar nuestra fragilidad, nuestra mirada cansada y la pesadez del sueño despierto. En ocasiones llegamos a parecer seres felices de closet. No nos atrevemos a soltarlo todo, a entregarnos hasta vaciarnos por completo, a descubrir en la piel y la mirada del otro una puerta a las estrellas.
¿Somos quienes somos, quienes creemos ser o lo que ven los demás en nosotros?

Estos momentos tan especiales que me encienden la vida con una canción, con un atardecer de luz plateada, con un aire envuelto de magia entrando por la ventana… con la correcta sobredosis de cafeína y fe.
Cuesta no lograr vernos como de verdad somos, duele el ir afinando la vista hasta lograr mirar hacia adentro.
El sonido de un piano fino que existe gracias a la emoción de quien se muestra desnudo. De quien se sienta frente a él sin miedo a ponerle las manos encima aún sabiendo que se enamorarán y se volverán uno sólo: una pieza clásica o una canción quizás más aventurada….

De pronto se me sueltan las alas y me embriago de mi propia esencia tan libre como el viento. Cuando la mente se distrae y deja a la vista las llaves de su prisión, mi corazón y mi piel saltan y me liberan.

Amo, bendigo y valoro esta conexión de las letras con mis anhelos, con los latidos del corazón y los colores del alma. Amo esta “aparente” debilidad que de pronto me asalta y me hace vibrar, me ayuda a sentirme vivo. En instantes como estos, descubro que en realidad estoy hablando de mi mayor fortaleza.

Quiero ser fuerte en su piel, ahogarme en su aliento y fundirme en sus labios. Perderme en el brillo de una mirada y rendirme sudando mientras hago el amor, mientras lloro y río las ansias hasta perderme, perdernos en la luz , la electricidad chispeante del orgasmo, del suspiro, de un arrumaco en su pecho caliente y tibio a la vez.

Porque hay pieles que nos cubren con tan sólo un roce.
Inevitablemente conectamos con la vida, con la liviandad del cielo y las estrellas, y son ellas mismas quienes nos regresan al cuerpo, al corazón, al deseo del amor…
Ya regrese, se terminó el vuelo, agarro mi ropa y mundanamente me voy al gimnasio.

¡Cuánto contraste! Este soy yo.

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Un Comentario

  1. Angel martinez
    10 octubre, 2016

¿Cómo ves?