problemas de pareja

¿Decir adiós a una relación o darse un respiro?

Han sido días realmente difíciles para su servidora. Días de sube y baja, de desplomarme en la cama y llorar hasta quedarme dormida. Es parte del proceso, me lo repito a diario. Enfrentar el sufrimiento es más sencillo que actuar como si nada pasara.

Me dicen que no haga una tormenta en un vaso de agua que ella solo me ha pedido tiempo, sin embargo, los diablos viejos como yo, sabemos lo que implica cuando alguien lo pide.

Decidí enfrentar el dolor y aprovechar el sufrimiento. ¿Cómo? Aceptándolo. No puedo cambiar lo que está pasando, porque no está en mis manos, no puedo decidir por otra persona. Leer, escribir, escuchar música, canalizar los pensamientos malos y dejar de castigarme han sido mis actividades para mantenerme a flote. Aunque suene trillado las cosas tenían que pasar, era un suceso inevitable en mi relación, todo lo que inicia tiene que terminar. Quizá, la relación va a perdurar, pero este ciclo debía cerrarse, porque estábamos cayendo en la monotonía, en el desencanto, en el desinterés, la indiferencia. Ahora con la cabeza despejada de dudas, en mi espacio y en mi silencio, confirmo lo mucho que la amo y todo lo que debo cambiar para estar bien conmigo y poderle brindar lo que ella necesita.

Por años, había sido rejega para aceptar cuando mi pareja me pedía tiempo. Hoy, aunque las circunstancias no están a mi favor, reconozco que los tiempos individuales son indispensables para la supervivencia de una relación. Que estar en su espacio, lejos de mí, no la hace amarme menos. Entender esto me llevo años, pero hoy vivo el sufrimiento no para hacerme la víctima o digan “pobrecita”, lo vivo para crecer y entender que en la vida no todo es rosa y momentos dulces, que en la obscuridad y la tristeza también se aprende. Sé que después de esta tormenta me sentaré más tranquila a ver el atardecer, con su mano entrelazada a la mía o en su defecto, sola disfrutando de los últimos rayos del sol.

Al final de este proceso, estaré lista para darle nuevamente la mejor versión de mí, una renovada, todo el amor que aquí he guardado, y si no, también estoy lista para dejarle ir, para soltar y bendecir a quien más amo. A eso vinimos a esta vida, a ser feliz ¿que no? Solos o acompañados debemos disfrutar de lo que la vida nos da. Irónicamente, todos los días que he llorado, el cielo ha estado azul, despejado sin una nube que lo cubra, en la ventana una pareja de pajaritos, de esos que les llaman chillones ha venido hacer su nido, es así como la naturaleza es sabia y con esos “pequeños” detalles nos muestra que hay una sola razón para romperse y mil razones para levantarse.

Pasamos tanto tiempo sumergidos en nuestras relaciones, que nos olvidamos que somos seres individuales, que respiramos, comemos por cuenta propia. Que nuestra pareja es otro individuo dispuesto a compartir su tiempo, sus experiencias y a darnos amor incondicional, pero olvidamos que antes de nosotros, tenía amigos, trabajo, una familia. Además, decimos que no queremos perderlos y más allá de lograrlo los alejamos, nos volvemos obsesivos, posesivos y lo único que conseguimos es que se harten.

Toda relación necesita un respiro. Respiro de la costumbre, de la monotonía, de los reclamos, de las manías del uno del otro.

A ti, que te han pedido tiempo, no es el fin del mundo, es una oportunidad para mejorar, de encontrarte contigo mismo. Si regresan, bienaventurados, dense lo mejor de sí y si no, mantente listo y firme de continuar tu camino.

Les seguiré platicando mi proceso…

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8 Comentarios

  1. MaRtUChiS
    31 julio, 2015
  2. Alberto m
    2 agosto, 2015
  3. Juan Jo Enríquez
    2 agosto, 2015
  4. Ismael
    3 agosto, 2015
  5. Anónimo
    7 agosto, 2015
  6. Anónimo
    26 octubre, 2015
  7. Juan
    27 octubre, 2015
  8. Víctor Orozco
    27 octubre, 2015

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