Cuando el amor te duele y buscas respuestas en todas partes…

Me urgía acudir a mis letras para sentirme mejor. Quizás para acusarlo, quizás tan sólo para pensarlo y sentirlo, para no extrañarle tanto.

El otro día caminaba por un mercado muy grande lleno de colores, sabores, olores, de tantas cosas que no conocía y que ni siquiera sabía que existían, que me gustó darme cuenta que mi mundo podía ser mucho más grande de lo que yo imaginaba. A lo lejos, un señor tocaba la armónica y cargaba una jaula de bambú con pájaros. De entada, lo segundo no me gustó nada. Eso de privarle la libertad a alguien, me parece una muerte sin salida. Sin embargo, hay de libertades a libertades; todas válidas, sólo que no todas las libertades coinciden. Juntar dos que no son compatibles puede llevarnos a la prisión más grande, a la asfixia del corazón  y a una sensación de adormecimiento por las venas.

Llegué hasta los pies del señor con la jaula y me dijo: ¿quiere que los pájaros le lean su suerte, que le den el mansaje que tiene que escuchar?

Entonces pensé, ¡qué irónica es la vida! ¿será que las rejas de tantas alas puedan ofrecerme un poco de aire? Me dirigí al señor de cabello blanco, piel oscura, mirada penetrante y le respondí: está bien, dejemos que alguien hable por nosotros sin la voz de nuestra cabeza, de nuestros pensamientos cansados y desesperados. Espero tener el oído necesario para poder escuchar lo que es y no lo que yo quisiera escuchar.

Un pajarito amarillo comenzó a cantar, me miraba moviendo su pequeña cabecita de un lado a otro y brincaba, alborotaba a los demás como anunciándoles algo.

Se despertaron mis emociones y la curiosidad aumentó por saber lo que la vida tenía que decirme, porque entonces me hablaría de él.

Aquel pajarillo color de sol se acercó a una caja pequeña con papelitos de muchos colores y sin titubear siquiera, se atrevió a tomar sólo uno para mi.

Entonces, aquel personaje que sostenía la jaula sobre su espalda, puso de lado su armónica. Se creó de pronto un silencio ensordecedor, metió la mano a la jaula, recibió el papel del pico de mi “Nostradamus” alado y me dijo:

¿Quiere que se lo lea yo o lo lee usted?

Lo miré fijamente a los ojos, extendí mi mano y le arrebaté el papel. Le respondí con una pregunta: ¿Cuánto le debo por escuchar mi más profundo silencio?

Mi mirada cristalina y acuosa no pudo esconderse, él me descubrió en un parpadeo y me dijo:

Que la vida te bendiga y que sepas escucharla para recibir su bendición. ¡Que tengas buen camino!

Lo miré con agradecimiento profundo, levanté mi cabeza hacia el cielo, sentí mis alas, miré hacia el suelo y tiré el papelito por una alcantarilla antes de caer yo en ella. Me dije: sea lo que sea, mi corazón puede cambiarlo todo.

¿Para que retar a la debilidad y la fragilidad de mis pensamientos?

Vive, siente, abre tus propias alas y vuela hacia el más profundo de tus deseos.

Siempre podremos alcanzar al sol. Sólo necesitamos reconocerlo y no confundirlo con cualquier estrella.

“We can always be chasing the sun”. All we can do is try…

 

 

P.D

Sin la intensidad con la que vivo, me vivo y le vivo, no podría escribir esto. No podría sentirme feliz en este momento aún teniéndolo lejos.

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3 Comentarios

  1. Vero Munoz
    26 marzo, 2014
  2. Francisco Javier
    3 julio, 2014
  3. David Bochard
    4 julio, 2014

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