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¿Cuándo dar el brazo a torcer? El arte de conquistar o ser conquistado.

¡La misma gata revolcada mil veces y seguimos sin entender nada! Aparece quien nos mueve el tapete y pareciera que es la primera vez. ¡No sabe uno qué hacer! Sin embargo, cuando ya pasaron décadas después de haber sido puberto, resulta que, o perdiste la fe y ya no crees en nada ni nadie o el miedo y la inevitable inseguridad hacen que no te atrevas a dar el siguiente paso.

Y es que a veces ya no sabe uno si se está imaginando cosas (desesperadas proyecciones del subconsciente) o si de plano sí nos están dando entrada. Y me refiero al sentimiento, porque para ponernos calientes nunca hay problema. ¡Esa es la verdad! Sobre todo si ya tuviste alguna vez tus “queveres” con esa persona y resultó una buena cama.

La realidad es que todo cambia, pasan los años y obviamente ya no somos los mismos. ¿Qué pasa si vuelves a toparte con “esa” persona y sientes cierta química, yo creo que siempre vale la pena averiguar de qué lado masca la iguana.

Cuando la esencia de dos personas es compatible, siempre hay un “clic”  de por medio.

La cosa es que algunos somos poco pacientes y luego por intensos nos andan mandando por un tubo. Entonces podríamos pensar que la persona no era para nosotros. ¡Aunque quizás sí!  A lo mejor lo que sucede es que el “susodicho” resultan más miedosos que uno.

¡Qué complicaditos somos los seres humanos!  A veces queremos todo rápido para no andar mordiéndonos las uñas y con la cosquillita en la panza, pero también, si cuaja a la primera,  nos aburrimos y somos nosotros los que mandamos a la goma.

La mejor opción es siempre mostrar interés por la persona si es que existe, disfrutar las mariposas en el estómago, sacar nuestras mejores monerías y darnos la oportunidad de conquistar, de averiguar qué es lo que le gusta al otro, descubrir de qué forma podemos sorprender a quien nos mueve el tapete. ¿Conquistar o ser conquistado? No importa quien tome la iniciativa ni cómo se de la dinámica. Si entre las dos personas existe interés, quizás tan sólo un juego de ver quién tiene menos resistencias y decide abandonar el miedo para regalarse una nueva historia de vida.

Quizás “el arte de conquistar” sea más un juego para nosotros mismos. ¡Nuestra propia diversión!

Yo creo que en esto radica el “sabor de la vida”. En qué tan dispuestos estamos a seguir “sintiendo” y “creyendo”.

Por ahí dicen que: “Más vale sufrir por amor que por no haber amado nunca”. Y que “El amor lleva en sí su propia recompensa”.

La cosa es aventarnos con todo sin miedo al resultado. Porque “Lo bailado nadie nos lo quita” y sin baile no hay fiesta.

Muchas veces lo que más se extraña no es tanto el “estar en pareja” sino el sentir una ilusión. Habemos algunos especímenes “enamoradizos” a quienes nos gusta cuidar y querer a otra persona, vernos reflejados en sus ojos. No se si esto tenga más que ver con lo que nos tocó vivir de niños en nuestra casa o con la esencia de cada uno de nosotros.

Al amor le damos vueltas y vueltas, tantas como revolcones le hemos dado a la cama… Lo importante es estar abiertos a darlo y recibirlo, a abandonar un poco de nosotros mismos, de nuestro egoísmo para entregárselo a otra persona. Misteriosamente, esa es la única forma de duplicarlo.

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