¿Cómo se Ligaba Antes y Cómo Se Liga Ahora?

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hombre maduro, las formas de ligar de antes

Creo que hombres y mujeres, heterosexuales o gays se identificarán un poco conmigo. Aquí les va…

Tomo el teléfono de nuevo y entro a la aplicación con mi dedo que ya tiene práctica, deslizo más hacia la izquierda que hacia la derecha. Muy feo… demasiado joven… demasiado hipster para mí… y de repente… wow, parece que empieza una buena racha, uno que merece mandar a la derecha para indicarle al Tinder que sí me gusta.

Deslizo el dedo y me quedo esperando que algo bueno pase, mi corazón casi se detiene esperando a que la aplicación reaccione y haga que en la pantalla mi foto y la foto de ese “derechazo” que acabo de dar, diga: ¡hiciste match!

Sigo esperando, pero no ocurre nada… pierdo la esperanza y sigo en la afanosa tarea de encontrar alguien que a juzgar por una foto mía, quiera darme un “derechazo”. Mientras tanto sigo.

De repente aparece un chico que me encanta, que su descripción lo hace además maravilloso, le doy derecha y mi corazón a tope esperando un “match”, pero nada. Vuelve a no ocurrir nada. Al final, pienso… “seguro que a él no le he aparecido, pero ya que le he dicho a Tinder que me gusta, muy probablemente le apareceré, pero ojalá que haya un ‘match’ “.

Y así pasan los días y al final, no ocurre nada.  De repente unos días más tarde, el teléfono me avisa que alguien ha dado un derechazo a mi foto y me emociona. Miro de quién se trata, no es la persona que esperaba sino uno de los que ya no tuve más remedio porque si no, todo se me iría hacia la izquierda.  Bueno, no importa. Iniciamos una conversación, pero tardamos más o menos entre doce y veinticuatro horas en responder los mensajes…  al final, se pierden.

Pero vamos, que eso no lo es todo en la vida. Salí a desayunar un domingo, de pronto abro Tinder para entretenerme un poco y para ver qué tantos prospectos había en una zona nueva. Encuentro un “match” y como no quiero perder la oportunidad, iniciamos conversación. Esta fluye y resulta que está a 4 colonias de distancia, que en la Ciudad de México se traduce a 15 minutos de distancia, tal vez 20, así que insistí en que el nuevo encuentro me acompañara a desayunar antes de perdernos en días de mensajes interminables que acaban por desvanecerse.

Mis labores de convencimiento dan resultado y acepta el chico en salir de la cama, darse un baño y tomar un taxi para encontrarme. No me preocupaba mucho ese encuentro, ya todos estamos acostumbrados a las citas a ciegas, porque en realidad, aunque en teoría sabemos quién llegará, la realidad es que es una foto que no sabemos de cuándo fue, cuánto retoque tiene o si de verdad será esa persona.

Total, llega el hombre en cuestión y mientras hablamos, trato de encontrar algo que me recuerde la foto que he visto hace en realidad unos minutos, tampoco me atrevo a mirarla para comparar pero pienso que en alguna fantasía extraña, el personaje de la foto y el que tengo frente a mí, son la misma persona. Y lo intento para convencerme y tranquilizarme de que es el “match” enviado por nuestro cupido electrónico. Pero claro, no me parecía que fuera la misma persona o en el mejor de los casos, incluso si se pareciera al chico de la foto, las expectativas formadas en mi cabeza luego de ver sus fotos y leer su biografía, distaban mucho de lo que yo en realidad tenía frente a mí. Pero soy muy cortés, y luego de una buena plática en la que además creí salir un poco raspado porque se expusieron puntos de vista muy opuestos sobre el tema de la fidelidad / infidelidad, recompusimos todo y me ofrecí para llevarlo a donde iba.

Conversamos pero no llegábamos a mucho, y no tocábamos el tema del ligue. Cuando llegamos a su destino, me preguntó si me podía dar un beso, y yo que jamás le he negado un beso a nadie, acepté… aunque me sorprendió que su beso no pasara a más.  Bajó del auto y sabía que no lo volvería a ver.

Tiempo después decidí salir a un bar. Iba solo y casi siempre busco algún rincón en la barra. Observo a la gente y me doy cuenta una vez más de que los chicos de veinte y algunos de treinta, no tienen muy desarrollada la habilidad de ligar, ni tampoco les viene muy bien que alguien se acerque a ellos (a menos que se al chico más guapo del lugar). Me doy cuenta de que a los bares, los chicos van a divertirse con los amigos y en todo caso, si alguien les gusta, el procedimiento es abrir alguna de las múltiples aplicaciones para ver si el guapísimo en cuestión está por ahí, para entonces ligar de forma electrónica y así, supongo que hacer el encuentro más fácil o provocar una casualidad.

Entonces pensé en algunos años atrás, no hace muchos… pero en aquellos tiempos que todos los cuarenTONES vivimos cuando salíamos a algún bar gay, en una época de cierto pudor o de cierta clandestinidad, una época sin móviles o en su defecto, sin teléfonos inteligentes y sin aplicaciones para ligar. Como mucho existían anuncios clasificados y algunos sitios como Gaydar o Manhunt en los años más recientes. Pero, ¿cómo ligábamos entonces?, era casi necesario socializar de verdad, asistir a alguna fiesta, o ponerte lo mejorcito del guardarropa y salir a algún bar, encontrar a algún prospecto guapo, tomar dos o tres tequilas para armarse de valor y acercarse a hacer conversación para no perder al hombre guapísimo… Y si desaparecía de repente, había que buscar con la mirada o dar un paseo por el antro hasta encontrarlo, un juego de miradas tal vez, pero había que acercarse, tomar el toro por los cuernos y bastaba eso para poder en primer lugar, ver a una persona tal cual era (por lo menos físicamente), y decidir si valía la pena para irse con él o para verlo de nuevo a la luz del día, para saber si sus besos eran lo suficientemente encantadores o si mejor era no seguir perdiendo el tiempo.

Tenía su encanto la adrenalina de ver al hombre que en lugar de jugar a ver si en la tómbola electrónica aparecía nuestra foto y salía seleccionada, lo teníamos ahí para acercarnos. Eso era emocionante.

No me quejo de hoy, es divertido. Sólo creo que se valora un poco menos a las personas porque sabemos que siempre habrá alguien más en el catálogo, y claro, además de eso…. ¿No era maravilloso cuando alguien enviaba una copa con el mesero?, o los nervios de enviarle una copa a alguien y esperar alguna o ninguna reacción, o por lo menos acercarse, sonreír, tomar un tema de conversación y hacer o decir algo para captar la atención de forma positiva? Era divertido y, sinceramente, podría seguirlo siendo.

¿Lo han intentado?

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@fpalacioso

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Salí del closet a los 14 años para enfrentar una vida homosexual que no permitía la visibilidad social, desde entonces traté de aportar algo para lograr que hoy podamos sin problema decir “soy gay”. Soy mercadólogo, sociólogo y futuro psicólogo que siempre se ha interesado por las cuestiones de género, de estigma y de identidades. Tengo 45 años y he dedicado mi vida al marketing, a los viajes que iniciaron en la era de los mapas físicos y sin las ventajas de internet. Soy instagramer y blogger de viajes. Mi vida gay la inicié oficialmente a los 14 años en un momento en el que esa palabra ni siquiera estaba reconocida en el mundo.