Encuentros casuales en los baños…. ¿Realidad o cuento erótico?

Uno finge que se lava las manos, el otro hace como que se las seca; ambos observan “el movimiento” a través del espejo, pero ninguno se atreve a iniciar.

Uno más aparenta hablar por teléfono, mientras otro orina en uno de los mingitorios.

De la puerta entreabierta del último cubículo se asoma una mirada joven que- con el miembro erecto- invita a entrar donde únicamente debería haber una persona. A veces son cautelosos pero en otras ocasiones la desfachatez los convierte en insolentes.

Un trajeado con barba de candado parecer ser el más maduro; aparenta unos 45 años de edad, mientras que el joven con mochila—de aproximadamente 20 años—luce tierno ante la situación.

Ya es de noche y en la tienda de los tecolotes todavía no aparece el que hace la limpieza, tampoco ningún guardia de seguridad privada, de esos que te siguen por toda la tienda.

La publicidad de un rastrillo y los descuentos de una tienda departamental son testigos de lo que ellos llaman “encuentros casuales”. No importa la edad, todos participan.

Por un momento el secador de manos se deja de escuchar. Sólo se oyen tosidos y como corre el agua del lavabo, donde el chavo de jeans de mezclilla y sudadera azul lleva cinco minutos “lavándose” las manos.

De pronto la puerta se abre y entra un adulto mayor, nadie que los sorprenda. Pudo ser un padre con su hijo pequeño, un “buga” o alguien más que no participa en sus “encuentros”. A ellos no les importa, son los dueños del lugar.

Miradas, gestos y cuchicheos dan pauta al verdadero encuentro. Ya son dos encerrados en el último cubículo y tres en un mingitorio; uno de rodillas.

Vigilan la puerta. Entre ellos se cuidan de lo que llaman “encuentros causales”.

¿Te suena la historia?

¡MANTENTE EN CONTACTO!


Recibe quincenalmente nuestros mejores artículos.
¡Sólo tienes que suscribirte!

 

12

Sin Comentarios

¿Cómo ves?