El Curioso Del Último Vagón Del Metro

Como es costumbre, el Metro tardó en pasar. Poco a poco, las personas comienzan a amontonarse en el andén de la estación Balderas, de la Línea Rosa.

Al fondo del andén, un grupo de hombres espera subir al último vagón. Veinteañeros, treintañeros y uno que otro cuarentón esperan-formados en fila-, la llegada del gusano naranja.

Estudiantes, oficinistas y chavos “sin qué hacer” aguardan atrás de la línea amarilla.

Algunos van en pareja, mientras que la mayoría viajan solos. Hay miradas de reojo, movimientos involuntarios y otros tantos indiscretos. Revisan el celular, miran el reloj, voltean a ver a qué hora pasa el “pinche Metro” que ya se tardó.

Ellos ya saben a lo que van: al ligue y a hacer cruising en la “cajita feliz”. De los 12 hombres que esperan subirse al último vagón, uno “desconoce” lo que pasa cuando el Metro avanza y llega la oscuridad.

Las miradas entre los doce son obvias. Se van conociendo para saber con quién suben al vagón para tener algo de acción.

El hombre que aparenta estar perdido, voltea a verlos como si no supiera lo que está por suceder. Con pantalón de vestir y saco en mano, se acerca disimuladamente a sus próximos compañeros de viaje.

Nerviosamente se forma detrás de un treintón, pero a los pocos segundos se aleja del grupo de hombres. Tal vez es su primera vez.

Se escucha que viene el tren. Los que estaban sentados se paran y los demás se alistan para subir. El último vagón viene lleno, pero qué importa si ya esperaron mucho tiempo.

Entre empujones y arrimones todos lograron subir. Cachete con cachete, ahí va al que le ganó su curiosidad de saber qué es lo que pasa en el último vagón.

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