Alameda CDMX; de Maximiliano y Carlota a los encuentros gay

Pocos saben que por su antigüedad—creada en 1592—la Alameda Central de la Ciudad de México es considerada como el jardín público más antiguo de México y de América, donde se paseaba la “gente de alcurnia” de aquella época.

La Alameda era—y sigue siendo—el sitio perfecto para enamorarse, aunque sea por solo un rato. Ahí, Maximiliano y Carlota refrendaban su amor. De aquella relación quedaron las rosas que la emperatriz mandó plantar y la fuente de Venus que quedó en el lugar.

Desde hace 425 años, la Alameda ha sido testigo del crecimiento urbano en el primer cuadro de la capital del país. Pero también este parque ha visto cómo hombres de todas las edades y clases sociales dan la vuelta debajo de los árboles y alrededor de las fuentes en busca de “acción”.

Rodeada de avenidas importantes, de edificios, de hoteles, de tiendas departamentales, de cafeterías, de restaurantes, de teatros, de museos, de iglesias y del Palacio de Bellas Artes, la Alameda se ha convertido en un lugar de encuentros homosexuales, en la Alameda del Amor.

Sentado en una banca frente a la Avenida Juárez, un  “hombre maduro”- de unos 60 años de edad- disimula leer un periódico de nota roja mientras espera que alguien llegue a su lado. Su pantalón de vestir negro, su saco café, su camisa azul cielo y sus zapatos están desgastados. Pareciera que busca una oferta de empleo en el periódico.

Sus ojos se vuelven un escáner. Mira de arriba abajo a todo aquel solitario que pasa frente a él. De pronto cruza una mirada, se levanta y camina detrás del joven con playera, jeans ajustados y una mochila al hombro.

Seguro de sí mismo, el joven confía en su cuerpo, en cada paso que da con cadencia. Ambos se encuentran en el kiosco de la Alameda; donde los sexagenarios se reúnen por las tardes para tomar clases de baile.

Sólo tres minutos les bastó para caminar el uno al lado del otro. Otros minutos más para conocerse más y reír mientras llegan a la cafetería “Trevi”- de la calle Doctor Mora– para platicar y tomar un café mientras la noche empieza a caer y el alumbrado de la Alameda comienza a encender.

Incluso, desde hace 100 años rondan amores. De ahí que Salvador Novo dejó “El Retorno”: Vieja alameda triste que en el árbol medita, en que la nube azul contagia su quebranto y en que el rosal se inclina al viento  que dormita: te traigo mi dolor y te ofrezco mi llanto.

Testigo de las aventuras de Novo, se dice que en 1924, Manuel Rodríguez Lozano pintó la obra “Salvador Novo en taxi”, cuando el poeta- en bata- se dirigía a la Alameda central a uno de esos encuentros.

Para nadie es un secreto que entre las penumbras de la Alameda se practica el sexo clandestino y la prostitución masculina, pero tras la remodelación que hizo el Gobierno de la Ciudad de México- en noviembre de 2012-y en la que invirtió millones de pesos en luminaria y cámaras de seguridad, esto se ha vuelto más difícil pero no imposible.

La Alameda del Amor, la de Maximiliano y Carlota, pasó a ser la del ligue homosexual.

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