miedo

Si no hubieras tenido miedo, ¿qué habrías conseguido en tu vida?

 

¿Has llegado a sentir que tus silencios te queman, que la vida se siente como el fondo del mar y te has quedado sin oxígeno, que tu cuerpo se paraliza por completo, se te seca la garganta y sientes un hoyo inmenso en el centro del pecho? Entonces has estado dominado por el miedo. Creo que todos hemos vivido algo así en algún momento de nuestra vida y quisiéramos no repetirlo jamás. Sin embargo, sabemos que tarde o temprano, en mayor o menor grado, volveremos a experimentar una emoción así y sin embargo, “luchamos por que esto no suceda”. Para empezar, creo que sería buena idea dejar de luchar contra lo inevitable.

El miedo es un guerrero fuerte y llega cuando no aprendemos a vivir en el presente y a confiar en la perfección de la vida, cuando acostumbramos mirar hacia atrás y conectamos con el sufrimiento que hemos experimentado en el pasado. Al hacerlo, creemos que ese sufrimiento puede llegar a repetirse en el futuro y ¡Zaz! ¡Miedo otra vez!

Nada tiene por qué repetirse de igual manera puesto que todo cambia instante tras instante y nosotros estamos incluídos en eso. 

La realidad es que esta emoción surge como producto de nuestra ignorancia.

Ignorante es “pretender” que nada cambie, es querer tener el control de cada situación en nuestra vida y la de los demás.  “Lo único seguro en esta vida es el cambio”.

De alguna forma, podríamos decir que el “miedo” es algo natural que tenemos que aprender a utilizar correctamente.

Cada civilización cambia sus miedos dependiendo de las circunstancias en las que se desenvuelve y a lo que le toca enfrentarse. Los cazadores en la antigüedad temían a las bestias de las que tenían que defenderse. Ahora le tememos a ser bestias y mandar por cel.  una foto o  mensaje al contacto equivocado. Ja, ja.  O lo de siempre: nos da miedo que la pareja o cualquier persona muy querida, nos abandone.

El miedo nos habla de nuestra necesidad de seguir existiendo.

En los animales funciona como instinto de supervivencia. En nosotros como estúpida costumbre… ¡Broma! ¿O no?
Cuando somos niños, el miedo “racional” es un “freno” pequeño que nos ayuda a evitar trancazos más grandes.
Ahora, lo importante es reconocer que estamos hablando de una enorme energía, una gran fuerza que entra en nosotros cuando le abrimos la puerta. Lo alimentamos y engordamos al darle un enfoque negativo a las cosas o situaciones, hasta llegar a convertirlo en el más grande de los monstruos.  Pero ¿qué sucedería si viéramos esta fuerza como algo positivo, como algo que nos puede impulsar hacia adelante, que puede ayudarnos a romper límites y arrojarnos a nuevos caminos, nuevas soluciones, que nos fuerza a movernos de lugar para no quedarnos estancados?  Porque lo que se estanca, se pudre. 

Transformar todo lo negativo en positivo, ¡ese es nuestro poder!
También es nuestro poder asumir los riesgos y consecuencias de las cosas sin tanto drama.
Hay cosas que nos preocupan tanto… Nos da miedo  a veces nuestra sexualidad, la edad, que se nos caigan las nalgas o las chichis, que nos quedemos calvos, que terminemos con cuerpo de boiler… Ja, ja. Seamos honestos, no creo que a nadie le emocione y entusiasme la idea de que la “ley de gravedad” nos tumbe los atributos, pero ante lo inevitable hay que rendirnos y encontrar nuevos enfoques, nuevas prioridades. Cuando se nos caiga todo esto y si es que nos ensanchamos… esperemos que nuestras alegrías y realizaciones ya estén en otra parte y que hayamos ganado la libertad necesaria para aceptarnos tal y como somos y para al fin, relajarnos de tantas exigencias. Ojalá lleguemos de regreso al lugar en el que vivíamos cuando éramos niños: a simplemente lograr pasarla bien y estar contentos sin tantas complicaciones, aunque con otra talla de calzones. Ja, ja.

Si utilizamos eso que llamamos “miedo”; toda esa fuerza, esa adrenalina, todo el poder y la lágrima para superar los obstáculos, ¡ya chingamos!

Tan sólo concéntrate en tu objetivo. El chiste es agarrar, abrazar esa emoción y convertirla en pasión,  reto, ilusión y con ella llegar más lejos de lo que nuestra cabeza cree que puede permitirnos.

Te dejo unas preguntas:

¿A qué cosas has renunciado en tu vida por miedo?

¿Llevas la cuenta de tus errores o de tus aciertos?

¿A qué le tienes miedo, a ser tú mismo o a dejar de ser tú?

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No puedo con la sensación que me da este video… ¡siento pelos! Ja, ja.

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2 Comentarios

  1. Daniel
    12 enero, 2016
  2. Alejandro
    15 enero, 2016

¿Cómo ves?