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¿Qué sientes cuando vas a cumplir años y por qué?

 

Me acabo de topar con lo que escribí justo hace un año y se me ocurrió publicarlo par ver la comparación con lo que escribiré en este. Así que léanlo ustedes. Je, je

Veamos qué tanto cumplí, qué tanto se cumplió y qué tanto no. Y en unos días más…, ¡Qué tanto se gozó!

¿Qué sienten cuando van a cumplir años y por qué?

Código 38

A dos semanas de llegar a los 38 años de vivir intensamente, me siento en remodelación, en reinvención, en etapa de liberación total. Cada año, cada día que ha pasado, me he dado una buena trompada, pero creo que también he tenido mis aciertos al superarlas. Espero ir más o menos a la par. Ja, ja.

Lo que si es una realidad, es que este año siento que mi esencia vuelve después de tomar conciencia de ella, después de conocerla, de renegar, de ocultarla de cierta forma por no saber interpretarla o más bien,  cómo lidiar con ella, por pretender observarme a través de los ojos de los demás y no de los míos.

Ahora quiero creer que eso es a lo que la gente llama “madurez”. Lo que hoy entiendo por esa palabra es el grado de “libertad” que somos capaces de experimentar en nosotros. Y creo que esa libertad es directamente proporcional al amor que somos capaces de sentir y compartir.

Cada uno tenemos una esencia distinta y extraordinaria que complementa a las demás. Absurdo es pretender que todos seamos iguales, que pensemos igual, que tengamos los mismos gustos, los mismos sueños, las mismas preferencias sexuales, los mismos miedos.

No hay un pasto igual a otro ni una fruta idéntica a otra.

Tampoco hay una mente y un cuerpo iguales. Cada uno está hecho de experiencias distintas, de emociones y sensaciones que nos hacen vibrar de manera única, respirar y sudar con una pasión diferente, expresar nuestra sexualidad y satisfacer el deseo, nuestra deliciosa parte animal, como mejor sabemos hacerlo, como le vamos agarramos más gusto y sabor.

Esa energía “incontenible” y gratificante es la nos permite seguir creando vida. Y no me refiero al hecho de “reproducir chamacos”. Me refiero a crear experiencias, situaciones, sensaciones y sentimientos que le hacen posible a la existencia seguir tejiendo las redes que nos conectan a todos de formas infinitas, extrañas y siempre perfectas (aunque a veces sintamos que nos carga la fregada).

Pensando a tan grande escala, ya casi saliendo de mi cabeza, empiezo a reírme de mis conflictos, berrinches, caprichos, miedos, angustias y me doy cuenta que la edad es tan sólo un molde, un código, es como la talla de un zapato.

Porque aunque muchos calcemos del mismo número… (¿será?), Cada pie que entra en uno de ellos, siempre será distinto. Así que lo más importante es que se sienta cómodo para no ir caminando todos chuecos y desgarbados. ¡Estilo ante todo! Pero estilo propio.

En mi caso, podría decir que son 38 años de vivencias que se han esforzado por hacerme comprender mi propia libertad. Mi capacidad para crear, para expresar, para sacar lo que traigo dentro, para hacer de mi vida mi más personal forma de arte.

A esto es a lo que yo veo como el verdadero arte; al puente que une a la tierra con el cielo. Al puente que debemos construir todos los días uniendo al deseo con el consuelo y a la pasión con la emoción a través del cuerpo que, sin duda, es nuestro vehículo para llegar al alma.

Locos…., sólo quienes han sido llamados locos, quienes fueron señalados y juzgados a lo largo de la historia, se han atrevido a crear estos puentes, a vaciarse por dentro a través de la pintura, la escultura, la música, la escritura, la danza, el cine y todas las ventanas que nos permiten viajar más allá de la mente, de los límites de la “supuesta” razón.

Hay quienes están listos para observar, reconocer las creaciones hechas, perderse en ellas y empezar a volar.

Hay quienes han encontrado ya su propia ventana y su propio vuelo. Pero también hay quienes son parte de la creación de los que no han despegado todavía los pies del suelo.

Ellos son quienes no han conocido su verdadera libertad. Sin embargo, poco a poco vamos todos dejando atrás nuestras creencias limitadas para experimentar la grandeza de la vida. Esta vida que nos permite estar aquí, pero que también necesita la expresión de cada uno de nosotros para poder seguirse creando a si misma.

Nunca nada ha estado separado de nada… sólo los años nos van enseñando a terminar con esa confusión.

En pocas palabras, estoy listo para mis salvajes, intensos, atrevidos y desmesurados 38 años. ¡A darle vuelo a la hilacha! ¡Voy con todo!

Ojalá aparezca con quien pueda compartirlos para rechinar doble sonrisa a cada momento.

No tengo nada que perder y si mucho que ganar. ¡Síganme los buenos, aunque probablemente para muchos, seremos los malos! Ja, ja, ja. Pero nos la pasaremos ¡de huevos!

¡Felicidades a todos los que cumplen años de libertad!

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