Proactivo y reactivo

Proactividad y conformismo. ¡Este texto puede cambiarte la vida!

La primera vez que tuve contacto con la palabra proactividad fue hace muchos años, leyendo ese famoso libro de Stephen Covey llamado Los 7 Hábitos de la Gente Altamente Efectiva, sin embargo, no sólo la palabra sino su esencia se quedó en mi desde entonces, de hecho me atrevo a decir que es un concepto que marcó definitivamente mi vida haciéndome reflexionar sobre muchos errores y vicios que cometemos a la hora de hacernos responsables no sólo de nuestros actos sino de nuestra vida en general.

La proactividad no significa ser movido, ágil, subir y bajar, ir y regresar, no sólo es tomar la iniciativa. Se es proactivo cada vez que en lugar de permanecer sentado esperando, haces que las cosas pasen, es anticiparse, es provocar que las cosas sucedan. Cada que tomas la decisión de responder de una manera inteligente a determinado acontecimiento sin dejarte llevar por una emoción arrebatada eres proactivo, el proactivo responde ante los estímulos, el no proactivo reacciona, su emoción lo supera. El proactivo se concentra en las cosas de sí mismo y de su entorno que puede cambiar, no se desgasta ni pierde energías en aquellas cosas que no están en sus manos modificar, identifica las cosas en las cosas que puede influir para hacerse de una vida más sana emocionalmente hablando y más productiva en general. La proactividad va de la mano de la responsabilidad, tomado en cuenta que responsabilidad significa: habilidad para responder. Convirtiéndose entonces en una invitación para que montemos nuestro caballo personal llamado vida, tomemos con carácter y decisión las riendas y lo dirijamos hacia donde nosotros queremos que vaya, para de esta manera hacernos responsables de lo que nos sucede, dejemos de echar culpas a los demás y asumamos que nada absolutamente nada es culpa de otros, los únicos responsables somos nosotros, el día que aceptemos el reto de tomar nuestra vida en nuestras manos seremos completamente libres, con todo y tropiezos y aciertos.

¿No te gusta lo que hay dentro y fuera de ti?, ¿no te gusta lo que ves en tu entorno? levántate, estírate, ponte a trabajar y haz que ese panorama se transforme en la vida que quieres y por derecho te corresponde.

Al propósito de este tema, encontré esta reflexión que ejemplifica a la perfección lo que es la proactividad relacionada al inconformismo.

“Un sabio maestro paseaba por un bosque con su discípulo, cuando vio a lo lejos un lugar de apariencia pobre y decidió hacer una breve visita al lugar. Durante la caminata le platicó al aprendiz sobre la importancia de las visitas, también de conocer personas y de la gran oportunidad de aprendizaje que tenemos de estas experiencias. Llegando al lugar constató la pobreza del sitio, los habitantes, un matrimonio y tres hijos, la casa de madera, vestidos con ropas sucias y rasgadas, sin calzado. Entonces se acercó al señor, presuntamente el padre de familia y le preguntó: En este lugar no existen posibilidades de trabajo ni puntos de comercio, cómo hacen usted y su familia para sobrevivir?

El señor calmadamente respondió: Amigo mío, nosotros tenemos una vaquita que nos da varios litros de leche al día, una parte de la leche la vendemos y otra parte la intercambiamos por productos alimenticios en la ciudad vecina, producimos quesos para nuestro consumo y así es como vamos sobreviviendo. El sabio agradeció la información, observó el lugar un momento, se despidió y partió. En el medio del camino, volteó a ver a su discípulo y le ordenó: Busque la vaquita, llévela al precipicio de allí enfrente y empújela al barranco.

El joven espantado vio al maestro y le cuestionó sobre ese hecho, la vaquita era el medio de subsistencia de esa familia. Más como vio el absoluto silencio del maestro fue y cumplió la orden. Así que aventó a la vaquita por el precipicio y la vio morir.

Aquella escena quedó grabada en la mente de ese joven por varios años.

Un día el joven decidió abandonar todo lo que había aprendido y fue a visitar a la familia para contarle todo lo que había ocurrido, pedir perdón y ayudarlos. Así lo hizo y a medida que llegaba al lugar, lo encontró todo muy bonito, con árboles floridos, todo habitado y un hermoso auto en el enorme garaje de una hermosa casa y algunos niños jugando en el jardín. El joven se sintió triste y apesadumbrado pensando que quizá la familia tuviera que vender todo para sobrevivir, aceleró el paso y llegando allá, fue recibido por un señor muy simpático, el joven le preguntó por la familia que vivía ahí hace algunos cuatro años, el señor le respondió que seguían viviendo ahí. Espantado, el joven entró corriendo a la casa descubriendo que era la misma familia que había visitado años atrás con el maestro. Elogió el lugar y le preguntó al señor que cómo era posible todo ese cambio.

El señor entusiasmado le respondió: Nosotros teníamos una vaquita que cayó al precipicio y murió, de ahí en adelante nos vimos en la necesidad de aprender otras cosas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que teníamos, así alcanzamos el éxito que sus ojos vislumbran ahora.

Todos nosotros tenemos una vaquita que nos proporciona algunas cosas básicas para nuestra supervivencia, la cual es una convivencia con la rutina, nos hace dependientes, el mundo se convierte en lo que la vaquita nos produce.

Escudríñate a ti mismo, si descubres que tienes una vaquita aprovecha para tirarla al precipicio.

Seguimos motivándonos en este blog.

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4 Comentarios

  1. PATY
    3 marzo, 2015
  2. Luis
    4 marzo, 2015
  3. Anónimo
    4 marzo, 2015
  4. Anónimo
    8 mayo, 2015

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