Para curar tu dolor… ¡disfruta tu locura!

 

Pasa la vida y lo único que no debe cambiar son nuestras ganas de reír, la capacidad que tengamos para sorprendernos de las cosas. No importa cuánto tengamos, el momento por el que estemos atravezando, ¡siempre hay algo por lo que podemos alegrarnos! Y si nos cuesta trabajo verlo, sin duda, la mejor medicina es reírnos de nosotros mismos. La vida, el mundo está hecho de tantas cosas y nosotros somos tan pequeños en él… ¿qué tan grande puede ser entonces nuestro problema? Que las cosas duelen y afligen, si, es verdad. Pero siempre es nuestra decisión quedarnos en la sombra o echar un pasito pa delante y volver a sentir la luz y el calorcito. ¿Qué es lo que más te gusta de ti? ¡No lo pierdas nunca de vista!

Todos respondemos de manera diferente a cada situación, a cada problema e incluso, a cada alegría. Conozco gente que tiene tan poquita capacidad de sorpresa…  Esa actitúd apática, esa cara de fuchi que a veces nos cargamos, no está nada padre. Es como cuando a alguien le hacen un gran regalo, se lo envuelven super chingón, se lo entregan con muchísima ilusión y quien lo recibe sólo da las gracias pero pone su cara de palo. Hasta da coraje, ¿verdad? A veces así somos todos.

La vida tiene que ordenar toda una existencia para que algo suceda y habría que hacer toda una fiesta cada que nos pone una sorpresa por delante ¡o por dentrás…! Ja, ja. ¡Por donde quieran! Sí, somos nosotros los que vamos creando nuestra realidad con la mente, con cada pensamiento y la emoción que le inyectamos a las cosas, pero también creo que hay un algo, una Energía, una Fuerza que es la que hace que podamos conseguir lo que queremos incluso cuando no sabemos pedirlo o generarlo. Creo en el poder que cada uno tenemos,  creo en el factor “destino” y también en los “milagros”.

Y cuando digo “milagros”, me refiero a esa conexión que a veces logramos tener entre nuestros deseos y algo mucho más grande que nosotros en lo que creemos. La gente deja de sonreír cuando deja de sorprenderse y de emocionarse con las cosas. Hay personas que dicen: ni te emociones porque todavía no es un hecho… ¡Mtah! mejor hay que emocionarnos y pegar de brincos para que esa energía le de el último empujoncito a las cosas y puedan suceder. Y si por algo no sucedieran, ¡la alegría que te regalaste no te la quita nadie! Entonces, te construyes una nueva ilusión y volvemos a rechinar sonrisa. Siempre he dicho que “la felicidad es una decisión constante”.

La vida da mil vueltas y nos pone de cabeza, nos enamoramos y entregamos todo por amor, pero hay algo que no debemos permitir que nadie nos quite bajo ningún circunstancia: “nuestra sonrisa”. Ahora, buenas noticias: eso es algo que nadie te puede robar, arrebatar o copiar, pero sí es algo que voluntariamente uno puede entregar. ¡Que tu sonrisa sea siempre tu mayor fuerza!
Recuerda una cosa:
Por más pinche que se ponga… ¡todo pasa!

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