Mujeres y hombres. Lo que necesitamos para cambiar nuestra realidad.

Hay cosas que son inevitables en la vida como lo que llamamos “problemas”. Tratamos de darles la vuelta, de correrles y muchas veces de negarlos, sin darnos cuenta que es eso lo que hace que sigan ahí. Y seguirán estando hasta que los aceptemos y empecemos a hacer algo por no provocarlos. Ahora, lo peor que podemos hacer es odiarlos porque son parte de nuestra vida.

Desgraciadamente solemos ser muy negativos, le damos mayor importancia al malestar, a lo que duele, a lo que molesta es a lo que más cabeza, corazón y más peso le damos en nuestra vida. ¿Qué significa esto? Vivir enojados, frustrados, inconformes y eso no es vivir. Se nos olvida ver lo positivo, lo que tenemos, lo que somos capaces de lograr cuando hacemos las cosas bien y cuando nos sentimos bien.

Es así de fácil: “quien no aprende, debe repetir la lección”. Uno cambia cuando el madrazo que recibe es insoportable y lleva casi a la muerte. No se si sea esto lo que necesitamos como país. Creo que sí.
Después de la segunda guerra mundial, los países destrozados no volvieron a ser los mismos. Se reconstruyeron, se reinventaron, evolucionaron y cambiaron.

No estoy incitando a la violencia ni mucho menos, por el contrario. Escribo, me veo en el espejo y me repito a mi mismo millones de veces: “Quieres cambiar tu condición, cambia tu acción, tu mentalidad, cambia tus hábitos”.

Espero que no se me tome a mal lo que voy a decir, he llegado al punto en el que no me interesa quien gobierne a mi país, estoy ya demasiado ocupado en aprender a gobernarme bien a mi mismo.

No me importa lo que se digan en las noticias, me importa lo que digan mis papás acerca de mi actitud, lo que digan mis amigos, mi gente querida y sobre todo, me importa ir descubriendo cómo va cambiando mi humor, mi ánimo conforme voy logrando pequeños cambios en mi forma de vivir y de relacionarme con todo y con todos.

Me queda claro que a mi ningún presidente, gobernador, diputado ni cenador me va a hacer feliz, pero yo sí puedo construir mi propia felicidad, mis propios logros, mi propio mérito. Puedo recuperar la fe en mi mientras vaya sobrepasando mis resistencias, mis obstáculos, mientras vaya fortaleciendo mi fuerza de voluntad, mientras se me vaya quitando lo decidioso y no siga dejando para mañana lo que puedo hacer hoy, mientras aprenda a darle a las cosas su justa importancia, mientras haga algo por mi, por aprender a manejar mi estrés y mi neurosis.

La vida siempre nos manda mensajes para avisarnos cuando estamos haciendo algo mal.

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