reflexiones de vida

La Pregunta Que Te Dejará Sin Aliento

Ayer escuchaba en el radio a Martha Debayle en su programa de radio y comentaba haber compartido en su cuenta de instagram una imagen con el siguiente texto:

“Cuando éramos niños queríamos ser grandes para poder hacer lo que nos diera la gana”. Después hizo esta pregunta:

¿Y tú cómo vas?

Quisiera ver en este momento la cara de muchos, seguro se parece un poco a la mía. Y es que los adultos somos muy incoherentes y en ocasiones hasta absurdos.

Muchos dirán que es imposible hacer lo que nos da la gana puesto que tenemos obligaciones que cumplir. Pero aquí la pregunta es:

¿Qué obligaciones nos hemos echado encima? ¿Por qué? Y ¿Para qué?

Cuando escuché la frase tuve sentimientos encontrados. Por un lado me sentí satisfecho de haber tomado varias decisiones a lo largo de mi vida, casi nunca he hecho algo que no he querido, pero la verdad es que pocas veces he disfrutado al 100% el resultado mis decisiones. No porque no hayan sido las correctas, sino porque siempre he tenido la mala costumbre de compararme con los demás, porque en lugar de ver, valorar y disfrutar los beneficios que mis decisiones me han brindado, en la mayoría de los casos he pensado en lo que no he obtenido por haber tomado esas decisiones. Suena estúpido, ¿verdad? Pero sucede.

Es lamentable darnos cuenta la cantidad de necesidades tontas que nos creamos día con día. Es sorprendente que olvidemos esos momentos de paz que todos hemos llegado a disfrutar al menos en una ocasión, esos momentos sin prisa, sin presiones, sin nada que hacer, esos momentos en los que hemos experimentado tanta tranquilidad que hasta hemos sentido haber despegado los pies del suelo. Yo he llegado a experimentar momentos de tanta calma que hasta he sentido haberme desaparecido en el paisaje.

Esos han sido los instantes más felices de mi vida. Los he vivido solo y los he vivido también acompañado por alguien que de pronto tuvo el mismo chispazo de lucidez que yo.

Martha Debayle comentaba tener una amiga que meditaba mucho y decidió sacar cuentas de cuánto dinero necesitaba al mes para vivir tranquila (obviamente sin tantas cosas innecesarias y sin tantas presiones por conseguirlas).

Una vez que hizo números, decidió trabajar únicamente lo necesario para conseguir esa cantidad de dinero. Al haber reunido la suma, todo el demás tiempo lo dedicaría para disfrutar la vida, para hacer lo que le diera la gana.

Y sí, dirás que a ti te da la gana irte de viaje a Asia, comprarte coche del año, traer puesta la última colección de tu diseñador favorito o por lo menos comprarte ropa nueva y comer en los mejores restaurantes, y que nadie te lo va a regalar.

Ok, es bonito, pero…

¿Cuánto tiempo y esfuerzo de tu vida te está costando darte estos gustos? ¿Realmente te están haciendo feliz?

¿Podrías reducir un poco tus necesidades y aumentar tu tiempo libre?

¿Te gustaría tener menos obligaciones, menos presiones y vivir más tranquil@?

Define cuáles son tus prioridades en la vida y empieza a actuar de forma congruente con ello.

Se puede vivir de forma más sencilla y ser más feliz.

Si tienes un trabajo “freelance”, no te quejes porque no sabes cómo vas a cerrar tus ingresos del mes, mejor disfruta el tiempo libre que tienes, salte a la calle a caminar, a tomar el sol, a sentir el aire fresco, conoce un rincón de la ciudad todo los días. Sal a caminar sin rumbo y cómprate un helado en el camino, haz ejercicio, tírate en el pasto a ver las nubes, tómate un café con tus amigos, los otros “freelance” que acostumbran también quejarse de no tener un sueldo fijo. Después regresa a tu casa, trabaja otro rato con mucho más gusto y permite que la vida trabaje un poco por ti. ¡De verdad es posible! Lo único que tenemos que hacer es disfrutar más todo lo que hacemos, conseguir una mejor actitud y una mentalidad positiva que nos permita vibrar más alto y atraer puras cosas, personas y situaciones buenas a nuestra vida.

De niños deseábamos tener mayor libertad y de adultos le vamos poniendo barrotes a nuestra existencia año tras año.

A muchos nos educaron muy mal, nos hicieron creer algunas cosas:

– Que mientras más ocupados y atareados estemos, más cosas logramos. ¡Mentira! Vivir siempre ocupado no significa ser más productivo.

– Nos hicieron creer que si disfrutábamos demasiado, entonces no estábamos tomándonos las cosas en serio y no estábamos siendo responsables.

– Nos dijeron que si nos levantábamos tarde éramos unos huevones, que si nos regalábamos de pronto un día entre semana para irnos de pinta con alguien, éramos unos irresponsables.

– Nos hicieron creer que no somos dueños de nuestra vida cuando sí lo somos.

A veces me quedo pensando: ¿En realidad nos educaron o nos mal-educaron?

Pero aquí me despido con una buena noticia:

 “Siempre se puede volver a empezar y reeducarnos de manera distinta”.

“La felicidad es una decisión”.

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