Hombre barbon con tatuajes

Fuerza en la sonrisa y tranquilidad en las arrugas…

Vanidad… constante tema que a todos nos importa aunque unos digan que no es así. Hasta cierto punto, me parece parte del amor por nosotros mismos, por nuestra autoestima, porque no podemos negar que aunque el alma es lo que no muere, el cuerpo, la piel, si se ven, se sienten y vivimos cachonda y deliciosamente atrapados un poco en ella. Y digo deliciosamente porque también es parte de nosotros, de lo que somos. “Todo depende del cristal con que se mira”.

La cosa es que resulta inevitable sentir el paso del tiempo, pero incluso eso tiene una maravillosa razón de ser: ayudarnos a ir poniendo nuestras prioridades en otras cosas para volvernos más libres, más libres de nuestras propias obsesiones.

De pronto nos descubrimos caminando sobre un camellón a las 12:00pm y volteamos al rededor. Gente andando en bicicleta, mercaditos de esos que entorpecen el tráfico y suelen sacarnos de quicio, pero si decidimos ser de los que quizás estorban un poco entrando a comprar algo, descubrimos toda una fiesta de colores, sabores, olores, texturas, gestos y expresiones distintas en toda la gente. Si tenemos la calma para disfrutarlo, resulta ser todo un espectáculo. ¡Es vida y nos llena de vida!

Ayer me sucedió esto cuando salí caminando del gimnasio. No crean que ya me desvié del tema y del título de esta publicación… todo tiene siempre que ver con todo.

No mucha gente camina a las 12:00pm sobre un camellón ni se da el tiempo para entrar de metiche a un mercado. Mucha gente entra directamente a comprar algo pero sin la disposición de descubrir lo que verdaderamente hay ahí dentro.

¿Por qué será? Por que más allá de vivir un poco atrapados por la piel, también viven atrapados por la idea de que nunca hay tiempo que alcance. La pregunta es: ¿para qué queremos que nos alcance el tiempo? ¿Para amar? ¿Para trabajar? ¿Para ser felices?

Cuando el amor invade nuestros sentidos, cuando sentimos que explotamos por dentro de felicidad, entonces empezamos a fijarnos en todos estos detalles… entonces quisiéramos compartir toda esta “aparente” simpleza con la persona que amamos. Pero mientras llega a nosotros el amor, mientras decidimos darle entrada y soltar el miedo, puede pasar mucho tiempo y en ese tiempo, todo cambia demasiado y nos hemos perdido bastante.

¿Qué sucede cuando vas caminando por la vida, sacas el celular para tomarte una foto y se la mandas a esa persona especial que no está contigo en ese momento?

Lo más probable es que la luz no ayude mucho y que salgas hasta medio feo, (no somos feos, estamos mal iluminados… ja, ja) pero de pronto eso ya no te importa. Te observas y ves una fuerza y una energía muy especial en tu sonrisa y surge una enorme tranquilidad, alegría al ver tus arrugas. ¿Por qué? Porque de pronto te das cuenta que toda tu vida ha transcurrido preparándote para vivir justo ese momento.

Cuando tenemos enfrente la foto de la persona que “amamos”, lo último en lo que nos fijamos es en lo que vemos, nos estremece lo que sentimos al verla. Entonces te das cuenta que las arrugas pueden tomar un significado distinto en tu vida.

Claro, por un lado seguimos queriendo que se nos quiten para vernos más frescos, pero por el otro, amamos ya no estarlo tanto porque bien dijo García Márquez: “La juventud es la única enfermedad que se cura con los años”. Pero no lo dijo en un sentido trágico, sino en un tono de celebración.

“A veces llegan cosas maravillosas a nuestra vida pero no estamos listos para ellas, no sabemos cómo cuidarlas, cómo protegerlas, cómo conservarlas y eso llega a doler demasiado”. Pero un día, después de muchos tropiezos, te das cuenta que te sientes firme, que caminas tranquilo, seguro y disfrutando del paisaje… Lo más importante: sin miedo a perderlo porque sabes que siempre existirá uno nuevo frente a tus ojos.

Eso es lo que de pronto ves cuando te observas en una foto o en un espejo y le das gracias a tus arrugas porque son un recordatorio de que has aprendido a cuidar y conservar lo que más amas.

Y claro, por amor todos queremos vernos y sentirnos mejor. El amor nos motiva. Pero que también nos motive el amor por nosotros mismos, porque si nos dejamos panzones y descuidados se pone más difícil conseguir pielecita. Ja, ja. Y se pone más fácil perderla…

¿Para qué voy a mentir? En mi si aplica eso de que “de la vista nace el amor”. Ya después, todo va volviéndose mucho más interesante. “Todo es cuestión de química, de electricidad en la mirada”.

Me da un poco de risa. Según yo quería escribir este post muy en tono “Sex & the City”, pero terminé hablando de mercados, frutas, verduras y arrugas. Ja, ja, ja. Total, los #TONES siempre damos sorpresas.

 

@SalvadorNop

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