fear, love, perdonar, miedo, amor

Cuando te sientes atorado porque no puedes perdonar…

Cuando alguien nos lastima, nos hiere profundamente, sentimos que ese dolor se va comiendo poco a poco algo en nosotros, por más que queremos olvidar, no podemos. Quizás ese sea nuesro mayor error. No se trata de olvidar, se trata de comprender. Se nos olvida que nosotros tambien somos seres humanos y en la búsqueda de nosotros mismos, también nos equivocamos. Quizás incluso hayamos lastimado con anterioridad a alguien de la misma forma en la que hemos sido heridos. Todo este drama, este sufrimiento se debe a que vivimos programados en la dualidad, en que etiquetarmos todo como “bueno” o “malo”. De esta forma, siempre habrá una “supuesta” víctima y un “supuesto” culpable. De seguir pensando de esta forma, estaremos condenados al sufrimiento.

Las cosas simplemente son y cada uno vamos experimentando lo que necesitamos a cada momento.

Se nos olvida que somos una conciencia dentro de un cuerpo que nos permite obtener comprensiones. Vivimos a trapados en el exterior, en lo que se ve, en nuestra ignorancia, en nuestra limitada e incluso equivocada interpretación de la realidad. Si comenzáramos a vivir más desde adentro, más desde el amor hacia nosotros mismos y no desde el miedo a ser lastimados, nuestra vida transcurriría de manera completamente distinta. Seríamos mucho más libres, mucho más plenos. Viviríamos sin temor a equivocarnos. Cuando somos conscientes de esto, empezamos a ser conscientes también de la forma de proceder de los otros. Se nos olvida que el tiempo es una ilusión, se nos olvida que en el fondo seguimos funcionando como niños de 4 años y deberíamos vivir con la misma alegría, con la misma ingenuidad. Ingenuidad en el buen sentido. Ingenuidad como ese don que tienen los niños para mantenerse en el presente sin viajar hacia el dolor del pasado ni el miedo del futuro. Un niño es inocente porque vivie el momento, porque cuando alguien lo lastima, al poco tiempo lo olvida y sigue siendo feliz. La única diferencia de un niño pequeño y un niño grande como nosotros es la conciencia que vamos adquiriendo y la libertad que deberíamos ganar con ella. Lo que tenemos que hacer para ir comprendiendo, para ir disolviendo el dolor es darnos cuenta que la mayoría vivimos desde el ego, nos tomamos todo personal, nos lastimamos más nosotros mismos que la persona que actuó de manera inesperada, quizás inadecuada para con nosotros.

Lo que tenemos que hacer es ver a través de cada situación y encontrar la verdad. Cada uno vamos creando justo lo que necesitamos a cada momento, pero obviamente el ego no nos deja verlo de esta manera y mucho menos aceptarlo.

Todos hacemos siempre nuestro mayor esfuerzo, todos actuamos siempre de la mejor manera que podemos y sabemos. El problema no son los “desaciertos” que cometemos, el verdadero problema es la interpretación que le damos a los hechos, eso es lo que nos genera el mayor sufrimiento. El ego es sólo miedo y esa es la bestia a la que tenemos que dominar. Pero eso está en nosotros, no en los demás. El ego se enmascara en falso orgullo y en pretenciones de amor propio que no tienen ninguna base.

Si queremos dejar de sufrir por lo que los demás lleguen a hacernos, tenemos que, de entrada, aprender a perdonarnos todo lo que nosotros hayamos hecho, comprender que en esta vida estamos aprendiendo. Después, esa sabiduría usarla para comprender el proceder de los otros. “Todo está siempre en nosotros”.

El remedio para dejar de sufrir es llenarnos de amor, sentirnos completos, querernos y aceptarnos tal y como somos, sentirnos tan en paz y felices con nosotros mismos estando solos que cualquier situación que venga del exterior deje de tener tanta importancia. Repito, sufrimos por ego, el ego es miedo a la pérdida, a quedarnos solos. Se siente sólo quien no ha aprendido a sentirse feliz consigo mismo.

Para perdonar, (que en realidad, nunca hay nada que perdonar, sólo que comprender) no tenemos que olvidar, porque quien olvida vuelve a cometer los mismos desaciertos.

Llenémonos de amor, tanto, que cualquier dificultad siempre pueda soltarse, irse pronto sin dejar un mal sabor de boca.

Ojalá los padres de familia enseñaran a los hijos a quererse, a amarse y aceptarse tal y como son. Sólo de esta forma ellos podrán evitarse la bola de tonterías por las que nosotros nos vemos atrapados.

¡Tómate la vida a gusto!

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3 Comentarios

  1. Vero
    6 enero, 2015
  2. Anónimo
    28 octubre, 2015
  3. Anónimo
    28 octubre, 2015

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