Ilustracion de Bran Solo

¿Estaré haciendo drama o será la crisis de los treinta?

A estas alturas no sé si tengo el existencialismo a flor de piel o si mi irremediable manía de volver todo un drama se arraiga con mayor fuerza al pasar los años; drama o no, los treinta son el momento indicado para uno planteárselos como la mitad de una vida, hacer un alto, mirar por el retrovisor y evaluar qué hemos hecho y para dónde vamos.

Hace diez años, salir con un tipo que se encontrara en el primer escalón de los TONES, en el tercer piso; es decir, entre los 30 y 39 años de edad y que viviera con sus padres, lo convertía ante mí, casi que de forma inmediata en un fracasado. Hoy, diez años más tarde y entre las realidades más absolutas de mi vida, debo admitir que me he convertido en uno de esos “perdedores” que tanto decepcionaban a  mi yo primaveral.

Estoy a pocos días de cumplir mi trigésimo aniversario de vida y ni siquiera puedo decir que mis papás viven conmigo, porque yo vivo con mis papás, en su casa y con sus rutinas. A mi favor puedo decir que hago un trabajo que sé y me gusta hacer, que me pagan por él, que no pido permiso para salir de juerga, que puedo llegar a casa incluso después de la media noche y que ahora de adulto no consumo las comidas que no me gusta sin ser ajusticiado por ello.

Cumplir treinta es toparse de frente con verdades que la inexorable juventud no considera ni por casualidad. Antes solía soñar, dejar o cambiar mi trabajo, iniciar una nueva carrera o hacer un alto y tomarme un año sabático o irme a mochilear por el mundo; en la actualidad, dejar mi trabajo sería un doble suicidio social, por un lado mis acreedores embargarían hasta lo que no tengo y por el otro, la idea de ser un treinTÓN que vive con sus papás y que no trabaja, no suena para nada seductor y en vez de un audaz mochilero, sería algo así como un vagabundo que en vez de mochila usaría una maleta de rueditas (todo un maricón) sin rumbo alguno que iría de pueblo en pueblo tratando de subsistir.

El amor o los amoríos antes de los treinta también son completamente diferentes, más flexibles, más libres, sin tantas condiciones. Uno antes de los treinta es como un marinero que fácilmente puede ir de puerto en puerto entregando su corazón como si se tratara de una gigantesca pizza que se fracciona en menos de treinta minutos ante una lista interminable de comensales y claro que se experimenta tristeza y decepción amorosa, pero el enamoramiento suele ser tan recurrente como la cantidad de peces que se dejen atrapar y su duración tan extensa en algunas ocasiones como una eyaculación. Los treinta, por el contrario, son el decenio más exigente para hombres homosexuales, y no me refiero al mero hecho que biológicamente el cambio es una constante (cosa que a los heteros no les importa) que el aspecto de la piel y el cabello se tornan diferentes, que la barriga se pronuncia con más y más fuerza, que todo se vuelve flácido y muchos otros detalles que indican que te estás haciendo VIEJO…

Ahora que prácticamente tengo treinta y hablo desde una óptica cimentada en una semántica muy personal, no estoy seguro si cumplir treinta sea indicio de cambiar o transformar mi vida radicalmente; pero de lo que sí estoy completamente seguro es que la crisis de los treinta es la excusa perfecta para reflexionar sobre situaciones que generalmente uno no se plantea, y me refiero a autocuestionarse francamente con preguntas tan directas para sí mismo como:

¿Profesionalmente estoy dónde quería estar cuando tuviese 30?
¿Creo en el amor?
¿Puedo amar y dar todo de mí a alguien que no sea yo mismo?
¿Qué pienso de la soledad, es una opción en mi vida?, ¿tengo sueños o ya me di por vencido?
¿Soy feliz con la forma en la que pinta mi vida?

Y la lista puede seguir y ser tan larga como tu intención de hablar seriamente contigo mismo, y no se trata de atormentarse, darse golpes de pecho y llorar sobre la leche derramada; se trata de examinarte de tú a tú contigo mismo, de conectarte con tus ideales y hacer una retroalimentación de lo que ha sido tu proyecto de vida, si vas dónde esperabas estar a los  treinta, si tienes lo que siempre soñaste o si has hecho las cosas bien hasta ahora.

Con lo anterior no digo que todo va cambiar radicalmente o que luego de ello va a nacer una nueva persona (tal vez sí, tal vez no, dice una amiga) sin embargo, de entrada puede ser la oportunidad para reencontrar anhelos olvidados,  metas postergadas y nuevos sueños por cumplir. Convierte los treinta en los nuevos veinte y vívelos como siempre quisiste. ¡Bienvenido a los privilegios de los TONES!

¡Nos leemos en la próxima!

*Ilustración de: Bran Sólo

¡MANTENTE EN CONTACTO!


Recibe quincenalmente nuestros mejores artículos.
¡Sólo tienes que suscribirte!

11

4 Comentarios

  1. Crsitian C
    14 enero, 2017
    • Leyton Agudelo
      31 enero, 2017
  2. vic
    26 enero, 2017
    • Leyton Agudelo
      31 enero, 2017

¿Cómo ves?