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Esos retos que nos cuesta trabajo conseguir

Foto: http://travelingcolors.net/

Hace unos minutos terminé de leer en Facebook el post de una persona que admiro mucho y a quien a lo largo de los años le he conservado mucho cariño y agradecimiento. El post era sobre su cumpleaños. En él mi amigo gradecía a la vida, a su gente y se agradecía a sí mismo por todo lo que ha caminado, por todos los retos a los que se ha enfrentado y los logros que ha conseguido. El más reciente, la voz de su niño de 4 años preguntándole: Daddy: ¿Do you love yourself? (¿Te quieres a ti mismo)

La vida es un reto constante. Nacemos, crecemos, nos vamos reconociendo y descubriendo lo que cada uno llevamos en el corazón. La fuerza con la que empezamos a luchar por ello depende de la cantidad de amor y seguridad que cada uno hemos recibido en el hogar. Sin embargo, hay guerreros que, a pesar de la adversidad y la soledad, han conseguido lo que se han propuesto.

¿Recuerdas cuáles fueron tus primeros sueños, tus primeras ilusiones?

¿Recuerdas cuál fue tu primer desilusión? ¿Qué hiciste con ella?

¿Qué diferencia hay entre el niño pequeño que sintió dolor por primera vez en su suave corazón y quien eres al día de hoy?

¿Cuántas veces nos raspamos las rodillas aprendiendo a andar en bicicleta? ¿Cuántas veces nos caímos y sin embargo nos volvimos a levantar hasta aprender a mantener el equilibrio y darnos cuenta que para no caernos de nuevo, teníamos que avanzar sin importar que hubiera baches, piedritas o tierra en el camino?

Somos el resultado de lo que hemos hecho con cada reto en nuestra vida, no creo que seamos un aparador en donde tengamos que exhibir todos nuestras éxitos.

Quienes creen que deberían ser ese “aparador” del que hablo, siempre se sienten inconformes, frustrados, guardan resentimiento y cierta envidia en su interior, nunca están conformes con la cantidad de éxitos que han obtenido a lo largo de su vida.

Me atrevería a asegurar, sin pretender ser duro ni juzgar, que una persona que vive así, por más triunfos que exhiba en su aparador, no puede ser alguien exitoso en el fondo de su corazón. Y lo aseguro porque muchas veces he vivido en ese aparador.

A cada uno nos toca vivir una historia distinta, lo que hacemos con cada reto al que nos enfrentamos se traduce en fuerza, confianza, serenidad, paciencia, sabiduría conciencia y paz. Quizás eso no pueda mostrarse en ningún lujoso aparador, pero sí sea el verdadero sabor del éxito.

Cada diferencia en nosotros es un reto pero también la semilla de un triunfo personal. Sin diferencias no puede haber semillas de éxito.

Yo, como todos, tengo retos a diario en mi vida, confieso que soy inseguro y seguido siento mucho miedo, pero el suelo nunca me ha gustado y por eso siempre evito caerme por completo. Pero sigo trabajando por lo que creo y eso me da satisfacción. Cuando nuestras ideas son tan diferentes a las de los demás, somos señalados, la mayoría no confía en nosotros. Sin embargo, no podemos dejar de ser nosotros mismos. Vivir nuestra propia vida es la única forma de encontrar nuestra propia felicidad.

Termino este post agradeciendo a la persona de quien comencé escribiendo por haber creído más de una vez en mi.

Algunos retos no terminan como quisiéramos, pero lo importante es saber soltarlos cuando empiezan a hacernos daño y atrevernos a creer otra vez en nosotros mismos, en una nueva locura.

Si hubiera tenido hijos, quizás hubiera vivido un momento como el de mi amigo en el que su pulguita de 4 años le preguntó: Daddy, do you love yourself? (¿Te quieres a ti mismo?

No tengo hijos, pero si tengo un espejo de piso a techo que constantemente me hace la misma pregunta. Y aunque en él veo reflejadas todas mis inseguridades, miedos y frustraciones, la respuesta siempre es: “Sí, tal como soy me quiero mucho a mi mismo”.

 Quiérete, suelta el miedo y recuerda que cada respiro es una nueva oportunidad de volver a empezar.

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