Esos momentos que a veces nos regalamos y que añoramos siempre.

 

Esos días en los que nos levantamos contentos, sin planes pero con mucha disposición de fluir con lo que salga. Esos días en los que todo se vive más despacio y sabe más rico. En los que no tenemos que estar al lado de otra persona, nos basta con nosotros mismos, el perro, el gato, algún libro, leche fría, café y lo que a cada quién más le guste.

Me gusta salir a caminar si hay sol, esa luz dorada me pone de muy buen humor. Me gusta detenerme de pronto y twittear los pensamientos que pasan por mi cabeza, esas reflexiones que de inmediato nos colocan en un nuevo lugar en nosotros y surgen como por arte de magia. Cuando estamos tranquilos, todo sucede casi solito.

Si estoy en mi casa, abro la ventana, me recuesto sobre la cama sin nada que hacer mas que respirar profundo y sentir la almohada y las cobijas. ¡Qué rico! Entonces me pongo a sentir el momento.

Me gusta la música que me divierte, la que me provoca, la que me conecta con mis sentimientos y emociones más secretas, la que me hace callar al mundo y sentarme simplemente a estar y escuchar; a conectarme con mi vida. Entonces estiro la mano, busco el iPhone debajo de las cobijas y escojo un “Playlist” que yo sienta es el soundtrack del momento. Despacio me pongo a buscar las canciones correctas y cuando veo la cantidad de dinero que he gastado en descargas, pienso: ojalá me diera tiempo de gastas más. La música nos da vida y la vida no tiene precio.

Esos momentos a solas en los que nos redescubrimos, en los que recordamos lo que más nos gusta hacer y en lo simple que puede ser esto.  Porque a veces olvidamos hacer las cosas que nos hacen felices, por preferir ser populares…

Qué rico es sentirse contento. A veces me cuesta trabajao entender que a mucha gente le agreda la felicidad de los demás. Pero no se dan cuenta que a quien le agrede la felicidad del otro, jamás puede conocer la propia.

Sólo cuando logro estar tranquilo, cuando no hay mayor ruido a mi alrededor que el del ambiente, el de cada objeto presente, el del murmullo que se escucha a lo lejos de la gente que está viviendo, sólo en esos momentos puedo encontrarme sin tantas etiquetas, sin ponerle adjetivos ni palabras al espejo. Entonces me doy cuenta de quien soy en realidad: una sonrisa, una camiseta vieja, unos shorts flojitos y un bonche de sueños y anhelos que cada noche descansan sobre mi almohada.

Sin una sonrisa en la boca, me dolerían los pies al caminar.

 

 

@SalvadorNunez

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Un Comentario

  1. Vero Munoz
    20 abril, 2014

¿Cómo ves?