el secreto para salir de la depresion

El Secreto Para Salir De La Depresión, La Desesperación Y El Miedo

Es prácticamente imposible y por demás absurdo tratar de agradar a todo mundo. Quien lo intente siempre terminará deprimido porque estará mutilando su personalidad.

Lo único que tenemos que hacer es aprender a conocernos para poder agradarnos a nosotros mismos. Aprender a pasar tiempo a solas, a disfrutar del silencio para escuchar eso que siempre nos habla desde adentro. Cuando lo encontramos, empezamos a sentir la necesidad de expresarlo de alguna forma. Por lo general sucede a través del arte, algún talento o don que cada uno descubrimos en nosotros y que si aprendemos a desarrollar se convertirá en nuestra mayor fuente de energía , de alivio, de inspiración y contento. Regalarnos tiempo y espacio para crear algo, para encontrar una ventana que nos permita expresar nuestros sentimientos y emociones, para plasmar esa magia única que a cada uno nos mantiene vivos, es trabajar en nuestra felicidad.

Cuando descubrimos eso que nos hace perder la sensación del tiempo, eso que nos libera de toda la presión y las limitaciones de la mente, descubrimos uno de los mayores placeres y realizaciones en la vida: “comunicar alegría”.

Cuando logramos conectarnos con lo que más amamos, la vida comienza a expresarse a través de nosotros.

Todos somos diferentes, todo es diversidad y ese es el secreto y el motor de la vida para continuar creándose a si misma de manera infinita.

Lograr salirnos un poco de nuestra mente, de todo lo aprendido, condicionado, limitado, socialmente aceptado, es absolutamente liberador. Aunque suene cursi, lo único que se siente cuando logramos momentos como estos es paz y amor.  Un amor que no se comprende, simplemente se siente, un amor que comienza a transformarlo todo y a acercarnos con todo lo que nos hace felices.

Cuando nos perdemos en lo de “afuera”, cuando vivimos únicamente a través de “la cabeza”, todo se vuelve limitado, todo se siente incompleto, atorado, se extraña algo que no logramos reconocer, se vive con cierta tristeza incomprendida. ¿Te ha pasado?

Cuando nos dejamos llevar por el estrés, por las preocupaciones, cuando nos olvidamos de nosotros mismos creyendo que somos todo lo que nos rodea y tan sólo la satisfacción de conseguir nuestros berrinches, algo en nosotros comienza a apagarse.

Cuando nos dejamos llevar únicamente por lo aprendido, que en la mayoría de los casos es más bien “mal aprendido”, nos llenamos de miedo, incertidumbre y apatía.

Y es que si todavía no aprendemos muchas cosas y no logramos comprender otras cuantas, nuestra percepción de la vida y del mundo no puede ser correcta.

Entonces nos llega una sensación de injusticia, un sentimiento de enojo, coraje, desesperación e impotencia.

Sin exagerar, ¿cuántas veces nos hemos sentido desolados?

¿Cuántas veces hemos sentido que nuestros problemas no tienen salida, remedio?

Lo único que nos queda es cierta resignación que con el tiempo se va convirtiendo en tristeza.

Pero ¿qué sucede cuando nos rendimos ante todo y llegamos a ese espacio de vacío en nosotros? De pronto se percibe una calma que, si aprendemos a experimentar, comenzará a hablarnos. Esa calma nos dirá quienes somos en verdad, nos revelará lo que llevamos dentro y el don que tenemos para expresarlo, cómo darle forma y sentirnos felices. Cuando comenzamos a escucharnos empezamos a desarrollar una sensibilidad muy especial, algo que nos vuelve más ligeros, que nos hace ver la vida de una forma completamente distinta, algo que nos revela que todo es un juego y en cierta forma, una irrealidad, porque lo único real es eso que existe dentro de nosotros. Sólo cuando lo descubrimos comenzamos a ser verdaderamente nosotros mismos, únicos. De otra forma, vamos por la vida tratando de imitar, comparándonos y comparando todo. Y como en muchas ocasiones saldremos perdiendo, empezamos a desarrollar un “enojo” que termina convirtiéndose en el motor de nuestra vida. Vivir desde el enojo no puede traernos felicidad.

Muchas veces el no saber conectarnos con nosotros mismos nos lleva a dejar de sentir, a desconfiar de todo y de todos. Dejamos de creer en el amor, en la gente y en nosotros, en nuestras capacidades.

Cuando no hay amor y no hay fe, cuando no hay emoción ni ilusión nos convertimos en maniquíes, en cuerpos inertes, en placeres que poco se disfrutan y se desvanecen de inmediato.

Re-conéctate, descúbrete, disfrútate y vuelve a sentir, a vivir.

@SalvadorNop

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2 Comentarios

  1. Vero Munoz
    28 marzo, 2014
  2. Jaime Peña. Jp_muchoflow
    29 noviembre, 2015

¿Cómo ves?