humillacion al encontrarte a tu ex novio gay

El peligro de acercarte a saludar a tu ex…. ¡Zona de humillación!

“La Noche de los bigotes fríos”

Un Jueves de octubre por whatsapp…

Alex-

Oye, vamos al cine.

Va, ¿a cuál y a dónde?

Alex-

Al de por mi casa, a la última función.

¡Zaz! Te veo en tu casa.

Alex-

Va…

Alex era un nuevo amigo el cual veía de vez en cuando para platicar de nuestros amores fallidos y de lo difícil que está “el mercado” del amor.

Llegué a su casa y nos dio tiempo de echarnos una chelita antes de irnos a ver la nueva de “Thor”. Llegamos y la película ya había empezado (nos entretuvimos en el camino viendo como una pareja se peleaba en la calle). Compramos palomitas y nachos y nos metimos a la sala ya oscura a buscar nuestros lugares los cuales siempre escojo en la orilla por aquello de que me dan ganas de hacer pipí.

Cuando terminó la película y comenzaron a aparecer los créditos, las luces se encendieron pero Alex dijo: “Espérate porque me dijeron que después de las letras hay más escenas”, entonces me volví a sentar a diferencia de varias personas que siguieron levantándose de sus butacas entre las que de pronto, como a 5 filas abajo estaba Santiago (mi ex), recogiendo su bote de palomitas y su vaso de Coca-Cola Light.

Entonces me petrifiqué en mi asiento, y me di cuenta que por más que me hiciera chiquito y que por más que tratara de evitarlo, al caminar hacia la salida él me vería, entonces me hice “el que la virgen me hablaba” y pretendí buscar algo en el suelo (lente de contacto, cartera, pasador, un tesoro perdido o un puto hoyo donde esconderme, daba igual) el punto era… ¿calcularé bien el tiempo para que cuando él pase no me vea? Alex me observaba extrañado.

Me levanté del suelo y volteé hacia atrás por instinto y ¡sopas! Sentado a dos filas estaba Santiago mirándome fijamente y sin parpadear como si tuviera dos perros metidos en los ojos a punto de saltarme a la yugular. En ese momento sentí que me había convertido en piedra. Entonces, no me pregunten ¿por qué? porque no lo sé, me atravesé casi pisando a Alex, me acerqué a Santiago y me puse frente a él. La única frase que pude articular fue:

-“Hola ¿Cómo estás? “

Su acompañante, una amiga, puso cara de ¿Quién es este wey? Él me miró por 2 segundos más y volteó la mirada a la pantalla ignorándome. En ese momento sentí un hoyo en el pecho que si alguien se hubiera fijado de cerca se podía ver a través de él mis tripas y órganos exprimiéndose de vergüenza. Lo único que pasaba por mi mente era el deseo de que el cine se derrumbara, se saliera Thor de la pantalla o que las paredes se juntaran y me aplastaran ahí mismo. Lo que fuera con tal de que algo me rescatara de la humillación. Me di la vuelta y ante la mirada horrorizada de Alex me senté en mi lugar otra vez. Hubo un silencio muy largo, que duró hasta que salimos del cine y tomamos un taxi hacia su casa. Yo no podía hablar del vértigo que sentía por la situación tan incómoda a la que me expuse.

Después de un rato dije: “Era mi ex” y Alex asintió con la cabeza y viéndome a los ojos dijo: “Nunca había visto a alguien humillarse de esa forma. No sé cuales son tus sentimientos hacia él pero como amigo te digo, no vuelvas a ponerte en esa situación JAMÁS”

El incidente me revolvió los adentros, ¿por qué el impulso de saludarlo y de saber cómo estaba si él había sido el que dio la estocada final a la relación? ¿Por qué sentía ese hoyo transparente del que se puede ver a través en el pecho? ¿Por qué me permití tal humillación? Estas preguntas me atormentaron unos días. El incidente se olvidó.

Pasaron un par de meses y llegó diciembre….

Un lunes de diciembre por whatsapp:

Jorge-.

Oye, te invito a mi posada, es la penúltima.

Yo- O sea el jueves?

Jorge-

Si…

Yo- No puedo al otro día

tomo un avión

Jorge-

Te vas temprano…ven

Yo- Ok…llego un rato…gracias 😉

Ese jueves dejé hecha mi maleta para casi casi llegar de la posada bañarme e irme al aeropuerto.

Llegué a la posada y estaba a reventar. El 98% de las personas eran weyes, de ellos el 85% eran osos barbones y bigotones, el 10% eran nomas bigotones y el 5% eran trans. ¡Una maravilla de posada!

Entré y me escabullí entre los bigotones para saludar al anfitrión y mientras dejaba mi respectiva botella sobre una mesa, la clásica para las botellas, levanté la mirada y al fondo, recargado en la pared con botas y camisa a cuadros estaba Santiago, rodeado de bigotones. Recordé cómo me había dejado meses atrás con el saludo en el cine y que jamás volvería a ponerme en esa situación, y pues no estábamos en el cine, así que no era la misma situación. Agarré mi vaso recién servido, me subí los calzones y atravesé la sala, el comedor y la cocina con la mirada fija en él , la cual estoy seguro que él sintió pero disimuló, y me le planté en medio de los bigotones que se quedaron atónitos con la intrusión:

Yo: Qué onda todos…

Bigotones: ¿Qué onda?

Yo: -Hola Santiago, ¿Cómo estás?

Santiago: Bien ¿y tú?

Yo: Bien (me acerqué y lo abracé a la fuerza)

Bigotones: wushuwushuwushuwushu (murmullo)

Después de soltarlo lo miré y le dije con los ojos “tengo más huevos de los que tú crees y siempre creíste”, y me perdí entre la multitud de bigotones.

Al otro día abrí los ojos . Desperté a Santiago. No pudimos resistirnos a dormir juntos después de que nos cruzamos de nuevo durante la posada y lo único que se nos ocurrió fue abrazarnos. “Me tengo que ir al aeropuerto, ya casi llega mi taxi ” le dije apurado. “Cancela tu taxi, yo te llevo. Ven te abrazo 5 minutos más”, no lo dijo dos veces.

Camino al aeropuerto hablamos y comentamos la posada. Al despedirnos en el aeropuerto nos abrazamos, nos besamos y no se dijo una palabra más. No supimos si nos estábamos despidiendo o si era una bienvenida. No supimos lo que pasaría durante las vacaciones o a mi regreso. No importaba. De lo único que estábamos seguros era que no pasamos frío esa noche gracias a que nuestros bigotes se encontraron entre una multitud de bigotes.

¿Les ha sucedido algo similar?

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3 Comentarios

  1. Jesus
    16 marzo, 2017
  2. miguel sierra
    16 marzo, 2017
    • Anónimo
      16 marzo, 2017

¿Cómo ves?