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¡A vivir en el orgasmo!

 

El domingo pasado fui a caminar y a seguir buscando unas lámparas para mi depa.  El día estaba soleado, tranquilo. Iba caminando contento con mi More (mi perra) por el camellón de Álvaro Obregón, en la colonia roma, atento a cada detalle.

Así deberíamos ir por la vida, me queda claro, para nunca perder de vista todo lo  que hay siempre sucediendo a nuestro alrededor.

El caso es que sentía una sensación de paz, un #CoolMood riquísimo cuando de pronto empecé a escuchar una voz a lo lejos que cantaba como los mismísimos ángeles. (¡Soné a abuelita!) Ja, ja. Con esto quiero decir “poca madre”, porque en realidad, no creo que nunca nadie los haya escuchado cantar. Por lo menos yo no.

Llegué a una esquina y me quedé como en “pausa” con esa voz que cantaba “Alfonsina y el mar”. ¡Qué manera de interpretar de esta chava! Por momentos, todo mi entorno desapareció, cerré los ojos y me concentré sólo en su voz y el sentimiento que había en ella…
¡Orgasmo total! ¡Qué sensación de #LecheFría!

Adentrarnos por completo al “momento” con todos nuestros sentidos, con todo nuestro ser nos hace explotar fundiéndonos en el todo y en la nada a la vez. Esta es la sensación de liberación más deliciosa que podemos tener.

Ya estoy intenseando demasiado… Espero que sepan de lo que estoy hablando porque no sólo se tienen orgasmos de la cintura para abajo, se pueden tener con todo el cuerpo. (Cosa que no sucede en cualquier encuentro cercano del tercer tipo) Ja, ja, ja.

Me queda claro que cada uno tenemos diferentes cosas que nos gustan y que nos producen una sensación como esta. Ahora; ¿qué tanto somos capaces de disfrutar las cosas, de sentirlas, de vivirlas con todo?

Eso depende de cada quien. Los orgasmos del cuerpo son un ejemplo buenísimo para darnos cuenta que cuando ponemos todo nuestro ser, toda nuestra mente en una misma cosa (cosita o cosota… ja, ja), explotamos de placer.

Sería imposible estar trepados en el guayabo, pensar al mismo tiempo en el precio del jitomate y pretender llegar al orgasmo.

Este es el motivo por el cuál no disfrutamos la vida al máximo y por el cual, muchas mujeres lo fingen. Ja, ja. Por estar siempre pensando en mil cosas a la vez, por no saber como vivir el “momento presente”, por viajar constantemente hacia el pasado y el futuro.

Lo peor es que nos hemos acostumbrado a esto y nos estamos perdiendo deliciosos orgasmos todos los días.

El poder, la electricidad, la descarga de todos nuestros sentidos juntos es tan grande y extraordinaria en el momento del orgasmo, que es capaz de generar vida.

¿Se habían dado cuenta de esto? Si aprendiéramos a vivir más relajados, a confiar más en la vida y en nosotros mismos, si hiciéramos siempre nuestro máximo esfuerzo y después soltáramos las cosas sin miedo,

¡hombres y mujeres seríamos multiorgásmicos!

No necesitaríamos ni de otra persona para llegar a este punto, es más, ni de las manos siquiera. Para mi, ese momento de dominguito con mi More, de el sol que calentaba el día, de sentir el aire en la piel y de escuchar la voz de esta mujer cantando, fue un orgasmo total y en seco. Ja, ja, ja.

¿Cuántos de estos momentos nos hemos perdido por no saber disfrutar del silencio, de estar solos, de vivir sin prisa, de estar simplemente en el instante, de detenernos a sentir…?

Los invito a tener orgasmos todos los días y cada vez más seguido, que para esto se necesita tan sólo sincronizar, en el mismo instante, nuestros cinco sentidos. Ahora, ¡con diez seguro se pone más rico!

¡Descargas de #LecheFría  y #CoolMood ´pa tod@s!

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Un Comentario

  1. Vero Munoz
    22 abril, 2014

¿Cómo ves?