No aceptar que vives con VIH te hace explotar como olla express. Por SerOhPositivo

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VIH, SIDA, ARV

LA OLLA EXPRESS

Panorama general de la situación: estoy sentado en el baño del trabajo y se que algo no está bien.

Desde el día del diagnóstico hasta casi un mes después, no había tenido el momento no el espacio para sentarme a REALMENTE asimilar todo lo que estaba sucediendo. Mi costumbre es suprimir toda clase de sentimientos que considero “negativos” (enojo o tristeza, por ejemplo) ya sea evitándolos o ignorándolos.

Ahora entiendo que soy humano y tengo que dejar salir todo lo que me  hace daño, ninguna emoción es mala, son como las válvulas de escape que nivelan la presión de una olla express y el no permitirles manifestarse pueden generar un desastre.

Cuando me dijeron que tenía VIH sólo respiré profundamente y salí de la clínica sin decir nada, aparentando una profunda tranquilidad. Lloré menos de 5 minutos mientras iba en el autobús de regreso al trabajo, me pudo más la pena de que desconocidos me vieran así. Al llegar con los compañeros me preguntaron varía veces que sucedía y respondí “nada”, no tenía ganas de hablar. Lloré otros dos minutos de la manera más silenciosa posible en el baño y salí a terminar el día laboral.

Llegué a casa y en mi afán de no preocupar a mi familia actué de manera normal hasta que llegó la hora de dormir. Así contuve todas mis emociones por muchos días hasta que el cuerpo me llamó la atención.

Estando en el trabajo me sentí raro, entre eufórico y ansioso, de pronto sentí muchas ganas de correr y lo hice, corrí por la bodega sin saber a qué se debía. A la hora de la salida volví a sentir las mismas ganas y corrí por varias cuadras, la mirada de sorpresa que tenían mis compañeros me hizo parar.

En días posteriores comencé a notar cierta dificultad para caminar, sentía que los zapatos me molestaban, estiraba los dedos de los pies y los contraía de manera constante.

Lo peor sucedió un jueves al medio día. Mientras atendía a un cliente, de pronto empecé a responder de manera automática sin poner atención a lo que me decía, como si fuera un robot que solo sabe decir sí, no, ok. La respiración también hizo de las suyas, sentía la necesidad de respirar tanto como fuera posible, como si tratara de reventar mis pulmones. Decidí retirarme al baño y esperar que todo eso pasara pero no fue así.

Me senté en la taza del baño y la respiración seguía alterada, comencé a estirarme tanto como pude para destensar el cuello y la espalda. Me recosté en el piso (del baño… ¡del trabajo!) tratando de tranquilizarme y cuando pude caminar lo único que hice fue pedir permiso y retirarme a la clínica del IMSS.

Rápidamente subí a ver a la doctora pero cuando llegué todo había pasado, la doctora me dijo que necesitaba ver como me ponía y que raramente los efectos secundarios de los ARV provocaban esos síntomas. Me fui a casa para tratar de descansar, una psicóloga me dijo que quizá eso se debía al nivel de estrés que estaba manejando y algo que no había exteriorizado era lo que me ponía así, si no tenía ganas de llorar me recomendaba escribir lo que estaba pasando.

No me gusta llorar, pero esa tarde me puse en modo Maná y “lloré todo un río” ; pensé que si el problema era ese ya mismo le daba solución. Aproveché que no había nadie en casa y programé el playlist más melancólico que jamás había existido (el caso era generar una reacción).

Y entonces sí “a darle que es mole de olla”, lloré , lloré y lloré hasta quedarme dormido, me hice las mil y un preguntas con sus mil y un respuestas, sólo entonces logré desahogarme por completo.

Al día de hoy (han pasado 4 meses) no me ha vuelto a pasar nada de lo anterior, trato en la medida de lo posible de no bloquear mis emociones y me siento bien. Como dice el compañero Francisco Jimenez (@PsicFco) “hay que dejar salir nuestros demonios de vez en cuando”.

Acepto mi condición de #SerOhPositivo, tendré altas y bajas como en cualquier enfermedad crónica pero saldré adelante, me quiero, me cuido y vivo pensando que el día de mi muerte sabré que no hay nada pendiente por hacer.

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@SerOhPositivo

Hasta lel próximo jueves.

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Acerca de 

Me gusta compartir lo que nos hace sentir bien y vivir mejor. El buen humor es básico. Amante de los animales, los viajes, la moda, la música, la fotografía, de cuidar el cuerpo y el espíritu. Aventurero, reflexivo, romántico y jocoso. Adicto a la cibernética, las cámaras y los micrófonos. Si no me divierto, no juego. Comunicador. Corazón activista. @salvadornop

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