¿Tienes deudas buenas o deudas malas? Identifícalas y decide.

“La incapacidad para diferenciar los tipos de deuda que contraes, es lo que te empobrece”.

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La semana pasada te contaba sobre si en el crédito tienes un aliado o un enemigo. La gran mayoría de la gente encontrará en el crédito dolores de cabeza y malos momentos, sobre todo por una gran desorganización entre los ingresos y los gastos, lo que los lleva a tomar malas decisiones sobre las deudas. Lo importante es entender dos conceptos básicos al momento de usar el dinero del banco, los cuales nos ayudarán a ver al crédito con mejores ojos: la deuda buena y la deuda mala.

Primeramente la deuda buena no nos mata, al contrario, siempre es conveniente tener alguna deuda buena. Por ejemplo, si compras un departamento y pides un crédito para adquirirlo y luego lo rentas. Ojo, esto ocurre siempre y cuando la renta de ese lugar pague la hipoteca del banco más los gastos; entonces contrajiste una deuda buena, ya que acumulas bienes sin invertir un centavo; el departamento se paga solo y tu dinero trabaja para ti y no tú para el dinero. No usas el dinero que tienes hoy invertido.

Te voy a dar un ejemplo más real: un departamento en la CDMX, a una tasa del 9% anual promedio, a un plazo de 15 años y por cada millón de pesos que cueste, ¡pagarás de hipoteca $10,500 mensuales! Ahora bien, la tasa de renta promedio es del 0.6% por millón, es decir que rentarías ese mismo departamento en $6,000 al mes. Siendo así, aún te quedarían por pagar $4,500. ¿Qué puedes hacer? Dar un mejor enganche al momento de adquirirlo para que las mensualidades de la hipoteca sean menores. Este enganche sólo lo conseguirás de una sola manera: ¡ahorrando!

De igual forma, si tú compras un terreno a crédito y luego lo rentas o lo usas como negocio de estacionamiento y los ingresos que se obtienen de ello son más altos que los pagos que le debes al banco, entonces adquiriste una deuda buena. Los ingresos de esta inversión pagan tu deuda y no tú. El secreto radica en algo que ya te había platicado antes: no uses tu dinero, sino el de alguien más (en este caso, usa el del banco).

Por otro lado, existen deudas que se consideran buenas por su impacto en el tiempo. Por ejemplo, si pides un crédito para estudiar una carrera o para estudios de especialización, este tendrá una ganancia para ti, pues al terminar los estudios podrás aspirar a un sueldo superior. Toda deuda que pueda servirte para tener un beneficio adicional se considera deuda buena, es decir, la contraes para incrementar tus bienes o tus ingresos usando dinero que no es tuyo, sino del banco.

Ahora bien, la mayoría de la gente que asesoro financieramente siempre tienen en mente poner un negocio, y cuando les pregunto que con qué dinero, casi todos me dicen que con un crédito. No está mal, pero si contraes una deuda para poner un negocio, estás corriendo un riesgo que no se tiene con los bienes raíces, que es que ese negocio no funcione. Así que debes de buscar asesoría para analizar la viabilidad del negocio y no ponerlo sólo porque tu cuñado o tu pareja te lo sugiere. Si el negocio es exitoso, habrás acumulado riqueza sin tocar tu dinero; si no lo es, estarás metido en un problema con el banco.

Quienes contraen deudas para comprar un taxi y trabajarlo o para tener uno en mejor estado, están contrayendo una deuda buena si hacen un análisis adecuado de costo-beneficio. Las deudas buenas sirven para que tú te hagas de bienes que te darán más dinero que la deuda contraída.

Por el contrario, la deuda mala se contrae para adquirir productos no esenciales, es decir, todo lo que signifique un exceso. Si tienes un carro y compras uno nuevo sólo porque es más bonito y, además, tienes suficiente dinero y lo puedes pagar, entonces esa es una deuda mala. Estás contrayendo una deuda para comprar algo que no era necesario, pero te gustó y puedes pagar esa cuota.

En realidad, la compraste para darte un gusto, no para incrementar tus bienes; sólo por comprarlo nuevo perdió 30% al sacarlo de la agencia y jamás recuperarás ese dinero. Pagarás seguro y tenencia más caros. Hacienda, la agencia y tu ego te lo agradecen, pero no tu cuenta bancaria. Un carro nuevo no es un activo que acumula riqueza, sino todo lo contrario, se deprecia año con año. Dentro de las deudas malas están incluidas nuestras maravillosas tarjetas de crédito, de las cuales ya te hablé anteriormente. Cuando abren su billetera, muchos tienen un acordeón de tarjetas, como si fuera un poder de compra superior. Los fanáticos de las tarjetas de crédito son tan adictos como alguien que podría serlo a cualquier droga.

Si usas tu tarjeta para pagar todos tus servicios y consumos del mes, y así como es el día de corte pagas el saldo total de la tarjeta, entonces es un buen financiamiento. Pero hay un pequeño detalle: las tarjetas de crédito son un instrumento que uno tiene que pagar anualmente al banco para renovarla y que el banco nos cobre y gane. Increíble ¿no crees? Yo me pregunto ¿por qué tengo que pagar la renovación? A los seres humanos se nos hace natural pagar para tener derecho a consumir. Las deudas malas son producto del impulso emocional por comprar sin prever las consecuencias. Si eres una persona emocional que compra porque se lo merece después de trabajar tanto, o compras cuando te sientes deprimido y necesitas una dosis de “afecto material”, entonces serás víctima de las deudas malas (y es muy real; en otra ocasión te hablaré de cómo nuestros hábitos de consumo y problemas con el dinero es un tema meramente emocional).

Si no tienes control de tus gastos o si compras con tarjeta sólo porque algo está de rebaja y piensas que si no lo aprovechas ya no lo vas a conseguir, entonces recurres a la deuda mala. Si compras un carro pero para ponerlo a trabajar, se transforma en deuda buena; mucho más buena si compras un carro del año anterior y no pierdes dinero con la depreciación que significa sacar un carro nuevo de agencia.

Las deudas malas integran todos los préstamos que pedimos para las próximas fiestas, tales como las de XV años de la sobrina que se siguen pagando por muchos años, la renta de carros, cambios frecuentes de muebles, comprar paquetes de vacaciones de viaje ahora y pague después y, en general, todos los artículos que tienen una gran depreciación cuando los adquirimos. Como podrás darte cuenta, las deudas malas son producto de los hábitos de consumo que muchos no pueden contener.

Si después de conocer este principio de las deudas malas continúas con tus hábitos, debo recordarte que estas deudas disminuyen: a) tu capital, b) tu efectivo y tu capacidad de ahorro, c) tu capacidad de tener excedentes para invertir y d) tu tranquilidad mental y tu paz emocional. En síntesis, las deudas malas son un gasto y te vuelven más pobre. Si a pesar de esto continúas en el consumismo excesivo, te recomiendo visites a un terapeuta.

Algunos dicen que no contraen deuda porque es menos riesgoso, pero no olvides que cero colesterol también es dañino para la salud. Siempre debes tener algo para que tu organismo funcione correctamente. Lo mismo pasa con las deudas buenas, ellas te ayudarán a incrementar tus ahorros y aumentar tus bienes si haces inversiones inteligentes. Si haces inversiones sin estudiar los riesgos y cometes errores, ya no importa si la deuda es buena o mala. El problema es que uno siempre pagará las consecuencias por tomar decisiones sin buscar consejos de expertos, o no  hacer estudios de viabilidad, o un análisis de riesgos potenciales. En suma, si quieres ser rico, un recurso importante será contraer deudas buenas para incrementar tus ingresos.

¿Quieres saber más? ¿Quieres lograr más con tu dinero? Acércate conmigo, será un gusto apoyarte y asesorarte.

@chachoreyes

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Acerca de 

Soy José Antonio Reyes León, aunque todo el mundo me conoce como Chacho. Tengo 30 años, sagitario, el más chico de tres hermanos,de familia "tradicionalista conservadora", abiertamente gay, soltero. Leer, cine, teatro, danza y cultura mis hobbies. Una buena comida y una copa con la gente que quiero es mi mejor momento. Viajar a donde sea al menos una vez cada dos meses, mi vicio. Comediante de medio tiempo, dicharachero, alburero y bailador.
Profesionalmente, Actuario de la Facultad de Ciencias de la UNAM, donde llevo 9 años como docente. También en el ITESM y he colaborado en el ITAM. Maestría en Mercadotecnia, también por la UNAM.
De carrera profesional, primero EY (consultoría actuarial), después Codere (mercadotecnia para casinos, Yak, Caliente e Hipódromo) y por último Microsoft (subdirección comercial).
Cansado de los grandes corporativos, hoy trabajo por mi cuenta (PI-Solutions) como asesor financiero personal (especialista en diseño de soluciones financieras) y como consultor en riesgos para empresas.

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