uvas, rituales de ano nuevo

El poder del agradecimiento. Un nuevo ritual para el año nuevo

Ya da flojera hacer las cosas en automático, seguir ciertas tradiciones que no nos sirven para nada. Llega el fin de año y la mayoría no cumplió ninguna de sus metas, nunca hizo ejercicio ni se puso a dieta, no pudo hacer el viaje que planeaba, no logró cambiar el coche, no se casó y al contrario, se separó de la pareja. ¿Tendremos que culpar a las 12 uvas de la cena de año nuevo?

Lo que resulta más alarmante es darnos cuenta que la mayoría de los deseos siempre están relacionados con lo material. Queremos, deseamos, nos obsesionamos con las cosas y nos frustramos cuando no las conseguimos.

A mi este tema de atragantarse con las 12 uvas en año nuevo y pedir deseos como si las cosas sucedieran por arte de magia ya me tiene hasta el gorro. Después de haber vivido un año difícil de cambios, ajustes, de haber cerrado ciclos, de replantearme muchas cosas en mi vida, creo que tengo muy claro el rumbo que quiero tomar, se por lo que tengo que trabajar y es por ser feliz, conseguir mis objetivos es secundario.

Este año para mi no habrá 12 deseos, este año haré mi lista de 12 agradecimientos. 

Sería buena idea enfocarnos en ver lo que tenemos, en agradecerlo, en sentirnos contentos con nuestros logros personales. Quien vive agradeciendo, vive feliz. 

Lograr acumular bienes materiales, dinero, no hace feliz a nadie porque siempre querremos más. Lograr aprender a tener una actitud agradecida con la vida sí nos lleva a la felicidad sin importar lo mucho o poco que tengamos.

Recuerdo la primera vez que tuve la oportunidad de viajar a India, me impresionó, me conmovió la mirada de mucha gente, de muchos niños, sus sonrisas radiantes capaces de iluminar el espacio, capaces de retorcernos el ego a muchos que nos quejábamos de las incomodidades que estábamos pasando en la vacación. Jamás olvidaré esos rostros llenos de dicha, de alegría, esas miradas que, como la flor de loto, nacían del lodo, del fango. A los pocos días mi sentir era parecido al de ellos porque pude ver un poco lo que ellos veían y lo que “aparentemente” era una incomodidad se volvió un gran regalo. Empecé a agradecer muchas cosas, en primer lugar, la posibilidad de estar en ese lugar del mundo rodeado de los seres humanos más ricos que he conocido. Dejé de quejarme y ya no me quería regresar.

A los pocos días volamos a Lóndres y fue muy fuerte ver cómo en esta ciudad cosmopolita los indios perdían el brillo en sus miradas. Vestían muy bien, comían en buenos restaurantes, pero su mirada era distinta y ya no eran tan amables.

No tenemos que viajar a ningún lado para darnos cuenta de muchas cosas, tan solo tenemos que vivir atentos al presente, a nuestra propia vida, prestar ojos a lo que tenemos, a nuestra familia, amigos, al lugar en que vivimos, a esos detalles tan “aparentemente” insignificantes como abrir el grifo y tener agua, luz, gas en nuestras casas, tener un sueter para cobijarnos y salir a caminar por la calle en esta época de navidad.

El agradecimiento brinda felicidad y la felicidad siempre generará mayor felicidad. 

Por cierto, saquen de su closet ese sueter, abrigo o chamarra que lleva tanto tiempo guardado sin usarse y regálenselo a alguien que tenga frío. Créanme que sentirán el calor y la alegría que jamás antes habían sentido al ponerse ese sueter.

Los invito a cambiar la tradición de 12 uvas – 12 deseos, por la de 12 uvas – 12 agradecimientos. 

¡Felices fiestas!

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