Cuando tus demonios internos no te dejan ser quien realmente eres

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¿Cuándo los demonios internos no nos dejan ser? Mejor hablemos con ellos…….

Con mucha frecuencia encontramos en distintas culturas la idea de manejar nuestras emociones positivas, muchos nos dicen que debemos perdonar, que debemos amar, que debemos fortalecer la empatía, en fin, una serie de cosas maravillosas que nos ayudarán a ser más felices, pero ¿Cuántas veces nos han dicho que debemos antes de aprender a perdonar, el hablar con nuestro demonio interno por el que surgió ese rencor?

Es aquí donde me refiero justamente a esos demonios interiores, esas heridas que algunas vez alguien o alguna circunstancia nos causaron, aquel primer corazón roto por ejemplo, que gracias a una decepción amorosa hoy tememos amar de nuevo, ese miedo al amor, eso que no nos deja ser, se ha convertido en un demonio que está ahí, silencioso pero que nos impide relacionarnos y sentir amor una vez más. Vayamos más atrás, aquella eterna comparación entre los hijos que hace un padre, y que ahora uno de los hijos crece con una enorme necesidad de aprobación y de seguridad, fue una herida que no lo deja ser, de la que necesita liberarse. Aquella mala experiencia con las notas en la escuela y que ahora dieron como resultado a un hombre temeroso de ser exitoso en su vida laboral por miedo a repetir aquella mala experiencia. En fin, todos tenemos distintos demonios internos, todos tenemos experiencias muy personales que nos han marcado, y es que quisiera decir “que nos han hecho como somos”, pero no puedo y ese encuentro de ideas es lo que causó mi motivación para hablar de este tema.

¿Realmente nuestros miedos y temores, nuestros sentimientos incómodos nos hacen ser quienes somos, o nos alejan de lo que somos y queremos ser?

Nunca me había preguntado realmente esto, hasta que lo viví en carne propia, mi miedo no era parte de mí, todo lo contrario, me impedía ser quien quería ser. Un trastorno de ansiedad por ejemplo, no era parte de mí, yo nunca me identificaba con ello, era una herida, un conjunto de malas experiencias personales, sí, pero solo el día que me libré de ello, pude comprender que haberme acercado a ese demonio, haber tratado de comprenderlo, dejar de negarlo como mucho tiempo lo hice, ver que es lo que quería decirme de mi mismo, me pudo acercar más a mi esencia, a quien yo era, y que por fin me daba la oportunidad de buscar a quien yo quisiera ser.

Causa mucho miedo hablar con nuestros demonios, muchísimo es cierto, porque nos enfrentan a traumas, a situaciones que nos dolieron mucho (por algo nos marcaron), nos enfrentan a aquello que no hemos querido ver, pero que en esa negación nos hemos ido alejando de quienes somos realmente, debemos dejar de ahuyentar a nuestros demonios internos, dejemos de verlos como algo malo, veámoslos como parte de nuestra historia, como un aprendizaje que debemos adquirir para ser mejores que quienes somos ahora, no los callemos, observemos que es lo que nuestros demonios nos pueden decir de nosotros mismos, que seguro tendrán mucho que enseñarnos.

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Acerca de 

Soy Luis Ángel, estudiante de Derecho, amante de mi segunda casa, la UNAM. Un representante total de los Leo, vanidoso y líder por naturaleza. Alguien que cree en la justicia como un medio, y no solo como un fin. Obsesionado por el café y un buen cigarro, que mejor acompañado de una buena lectura, alguien que escribe sus emociones y sentires y fluyen más fácilmente.

One Response to "Cuando tus demonios internos no te dejan ser quien realmente eres"

  1. Miguel Estrada  9 agosto, 2016 at 8:24

    Platicando con mis miedos en medio de mi terapia psicológica, me di cuenta de una situación, nosotros alimentamos a esos demonios y por alguna extraña razón no podemos dejar de hacerlo tan fácilmente aún sabiendo donde están y que dañó nos hacen, al final son parte de nosotros, soltar, perdonar, trascender, llámalo como quieras es el proceso por el cual comenzamos a afrontar que nos hace daño seguir con eso, hasta el punto de quiebre en donde las cadenas se rompan y nadie esté atado a nada.

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