Cuando el recuerdo te duele un poco, empieza el año

Martha, una mujer con 2 hijas y un matrimonio desmoronado a punto de llegar a su fin, decidió entrar al cine para desafanarse un rato de su “middlelife crisis”. Esas crisis por las que atraviezan los TONES. Se sentó en las butacas de arriba esperando que comenzara la función, se percató que más abajo estaba una pareja, él románticamente dándole a ella palomitas en la boca mientras la abrazaba del cuello. Martha con la mirada fija en ellos pensó -Lo que daría por encontrar un hombre que me quisiera así.-

Entonces la mujer volteó hacia donde estaba sentada Martha (como si la hubiera llamado con el pensamiento) y al hacer contacto visual, Martha se asustó al darse cuenta que esa mujer era idéntica a ella, era como haber visto a su gemela. Las luces se apagaron, y al terminar la función (obviamente) la mujer había desaparecido. Finalmente quedó en eso, una “cosa rara de la vida”.

Los meses pasaron y Martha se divorció.

Después de mucho tiempo conoce a un gran hombre del que se enamora y el cual la ama muchísimo. Un día mientras la abrazaba por el cuello y le daba palomitas en la boca esperando a que la función comenzara sintió como un rayo le atravesó el corazón y volteó la cabeza hacia las butacas de arriba para hacer contacto visual con la Martha de hace dos años y las luces se apagaron.

Ya saben , después vino una explicación acerca de las dimensiones y del tiempo y del espacio y de que “quien sabe que” y como le pasó a la prima de la cuñada del amigo del primo de un amigo, pues nunca sabremos si es verdad. Pero esta historia me cautivó. Se imaginan si la Martha del futuro hubiera podido decirle a la Martha del pasado que se relajara, que todo estaría bien. Fue culpa del “cácaro” del cine que apagó la luz en el mero momento de la verdad.

Se acercaba la media noche del 31 de diciembre.

Faltaban 10 minutos para el conteo final y ya estaba Lady Gaga picándole al “red button” en Timesquare y yo sentado en el comedor de casa de mis abuelos, como todos los años y con toda la “familia Telerín”.

Me servia un poco de “burbujas” cuando me acordé de la historia de Martha y sentí un rayo que me atravesó el corazón y que me hizo voltear hacia la sala de casa de mis abuelos donde hacía un año exactamente estaba yo junto a Antonio esperando el año nuevo y me vi la cara, triste, desencajada, con la expresión de alguien que sabe que en cualquier momento algo estallará y que todo pende de un hilo, y entonces el Juan de hacía un año también me vio y creyendo imaginarme deseó estar en mi lugar, y yo que en ese momento ya sabía que en febrero del año siguiente Antonio lo traicionaría y que en marzo huiría en pedazos a la Ciudad de México y que a partir de ahí vendrían meses que parecerían eternos, tratando de olvidar y de perdonar, de perdonarse y que tocaría los fondos más hondos que jamás toco entre amigos y amantes en nubes de humo y alcohol, noches interminables y días nublados. Pero que después también vendrían la esperanza y los sueños, las oportunidades y los triunfos. Poco a poco, reencontraría por lo menos algo de lo perdido y se daría cuenta de lo aprendido, y valoraría cosas como la familia y la amistad verdadera.

No pude decirle nada. Sólo le sonreí tratando de decirle “Mírame, todo estará más que bien”

3…2…1…¡FELIZ AÑO NUEVO!

Mi abuelo me abraza y me distrae del Juan de hacía un año. Cerré los ojos y me perdí en la sensación del “borrón y cuenta nueva” y del “de aquí pa´lante”.

No he vuelto a ver al Juan de otros años y no quiero verlos porque no los puedo ayudar ni los puedo prevenir. Lo que haré es facilitarle todo al Juan del siguiente año viviéndolo con mucha ilusión, deseos ,esfuerzos, amor, inteligencia, tranquilidad para que si me llega a ver, esté yo muy feliz.

Seguiremos platicando…

¡Suscríbete al blog y recibe un newsletter semanal con lo más relevante!

¡MANTENTE EN CONTACTO!


Recibe semanalmente nuestros mejores artículos
Sólo tienes que suscribirte

8

Un Comentario

  1. Dano Alonso
    8 Enero, 2017

¿Cómo ves?